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10 de Junio 2004

Reconocimiento de deuda

   No hay nada más triste que tener que redactar un documento de reconocimiento de deuda-para un cliente, por supuesto-. Obviamente, es una manera de hablar. Hay cientos de cosas mucho más tristes que redactar un documento de reconocimiento de deuda. Pero tener que reconocer que se debe un dinero y que por el momento no se dispone del liquido necesario para hacer frente a esa deuda, implica una humillación del deudor especialmente dolorosa frente a quien es el acreedor.

   En primer lugar implica que se ha perdido la confianza en el deudor. Que su simple palabra ya no sirve para avalar la deuda que tiene con el acreedor. Y que el acreedor quiere disponer por escrito de un documento con el cual acudir a los tribunales, de una manera más fuerte por si tiene que acudir a aquellos para reclamar lo que se debe.

   En segundo lugar, implica que si ha tenido que llegar a redactar uno de estos documentos es que la situación económica del deudor es tan mala que los acreedores quieren empezar a blindarse contra el deudor.

   Espero no tener que firmar nunca yo mismo uno de estos documentos que redacto. Siento la humillación del deudor en cada una de las palabras que tecleo. Creo que esto no podría ser peor ni prometiendo la dación en pago del primogénito del deudor. Bueno, si que hay una manera de hacerlo aún más humillante. Cuatro palabras “Elevar a escritura pública”.

   Ver firmar una de estas... estas cosas, es como observar un solemne acto de rendición. Pienso en un vagón de tren en un bosque de Versalles y pienso en el Missouri en la bahía de Tokio. Pienso que a veces pienso en demasiadas tonterías.

   Gracias por su atención.

Posted by Towsend at 10 de Junio 2004 a las 08:16 PM