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21 de Mayo 2003

Insomnio

insomnio. (Del lat. insomnĭum). m. Vigilia, falta de sueño a la hora de dormir.

     Anoche cuando por fin conseguí arrastrarme medio dormido a la cama, me pasó una cosa muy curiosa. Estaba Muerto de sueño, pero en cuanto me metí entre las sabanas y apagué la luz, me quedé en blanco, incapaz de conciliar el sueño.

     Estaba tirado en la cama, mirando al techo, mientras mis ojos se acostumbraban a la oscuridad y empezaba a distinguir las sombras de los muebles, pero el sueño y el cansancio habían desaparecido. No es que me sintiera eufórico ni especialmente despierto. Simplemente no podía conciliar el sueño.

     Dos y media y el despertador me miraba con una sonrisa de oreja a oreja. Me he levantado, bebido un vaso de agua y me he vuelto a acostar. Después he contado ovejas. Cuando iba por veinte, estás se han convertido en gamos, posteriormente en cabras y finalmente en elefantes rosa con tutú. He intentado no pensar en nada, pero el gotelé del techo me daba mucho miedo. Adquiría formas la mar de graciosas. He abierto la ventana a a ver si entraba un poco de aire. Cuando a los cinco minutos me estaba quedando helado, me vuelto a levantar para cerrarla. He dado mil vueltas en la cama, y le he dado mil vueltas a la almohada, intentando encontrar un poco de tela fresquita. Boca arriba, boca abajo, de costado, con la cabeza enterrada en la almohada, con sabana y sin ella.

     Nada.

     He vuelto a encender la luz y he cogido un par de comics de la estantería y me he puesto a leerlos. Cuando ya me había terminado un par de colecciones, seguía sin tener sueño. Y ya eran las cinco menos diez. ¿Alguien ha escuchado la radio a esas horas alguna vez? Son fascinantes las heces de programas que radian a esas horas. Lo único bueno que echan son las noticias de Radio-5.

     A eso de las ocho menos diez me he levantado y me he dado una ducha. Me he afeitado y me he lavado los dientes. Después me he vestido. Las ocho y media; hora a la que normalmente me levanto. Y en ese mismo momento, he sucumbido al cansancio acumulado. He cerrado los ojos sólo un momento...

     De repente me ha desertado el sonido del teléfono. Era del despacho. Me han preguntado amablemente si tenía pensado hacerles la merced de alegrarles la mañana con mi presencia. ¡Mierda, las once, y yo en casa! Me pesan los párpados, me duelen los músculos –especialmente el dedo gordo de la mano derecha ¿¿??- ¿Me explica alguien algo?

Posted by Towsend at 21 de Mayo 2003 a las 02:10 PM