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19 de Agosto 2009

¡Surgió del mar!

      En vacaciones, hago extrañas asociaciones de ideas. Verano. Agosto. La playa. Cuando pienso en la playa, pienso en bikinis, y cuando pienso en bikinis acabo pensando en explosiones Atómicas. Vale; yo ya tengo asumido que soy raro. ¿Cual es vuestra excusa?

      En marzo de 1954 la explosión Bravo de la Operación Castle, se convirtió en la mayor detonación termonuclear atmosférica llevada a cabo por los norteamericanos hasta la fecha. Debido a un fallo de diseño, el artilugio detonó con más del doble de la fuerza prevista. Los 15 Megatones que desarrolló el artefacto dejaron un cráter humeante de dos kilómetros de diámetro donde antes estaba la Isla Bikini, vaporizando tierra y agua.

      La lluvia radioactiva resultante de esta bomba de hidrógeno, también se les fue de la mano a los estadounidenses, llegando a más de 160 kilómetros, afectando a otros atolones habitados de las Islas Marshall y, de paso envenenando a los tripulantes varios barcos pesqueros que faenaban en la zona, incluyendo un atunero japonés llamado Daigo Fukuryū Maru (Dragón Afortunado núm. 5 –a partir de entonces, Dragón No Tan Afortunado) provocando la muerte de uno de los tripulantes y envenenando a la tripulación y la carga.

      El envenenamiento de la tripulación removió en el imaginario colectivo japonés un fantasma con el que, por aquel entonces, todavía no se había llegado a enfrentar. Las consecuencias sociales del bombardeo atómico de Hiroshima y Nagasaki eran tema tabú para la sociedad japonesa y los afectados por las bombas (hibakusha) eran tratados como verdaderos apestados (mutismo debido, en gran parte, a la censura de guerra norteamericana). Sólo después de este incidente, y gracias a la incipiente libertad de prensa japonesa, el gran público nipón y mundial comenzó a desarrollar un fuerte sentimiento antinuclear y a solicitar el fin de las pruebas nucleares atmosféricas.

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      Este sentimiento antinuclear -y antiamericano- Inspiró a los ejecutivos de un joven estudio cinematográfico a urdir una historia, donde las pruebas atómicas americanas en el pacífico despiertan a un monstruo mitológico y prehistórico mutándolo en algo mucho más siniestro y maligno. ¡Godzilla, el Rey de los monstruos! Metáfora simple del miedo que sentían los japoneses frente a las consecuencias de la radioactividad (recordemos que en esta primera encarnación, Godzilla era mucho más que un simple traje de goma sino un oscuro dios de la destrucción que sólo es vencido finalmente gracias a la ingenuidad del pueblo –Si, ellos son así-)

      Pero aquel Godzillasaurio gigante mutado no fue el único monstruo que surgió de la bahía de Tokio aquel noviembre de 1954. Hordas de abogados al servicio de la Tōhō Company Ltd. Empresa cinematográfica del entramado empresarial Hankyu Hanshin Toho Group flanqueaban al reptil, encargándose de velar en todo el mundo por la protección de la imagen de marca del Gigante. Y es que los nipones son unos cabrones bajitos y agresivos que conocen el camino del samurái perfectamente y los 130 millones de dólares en licencias y merchandising que produce Godzilla anualmente son defendidos hasta el último céntimo por los nipones con una ferocidad parecida a la que ejercen la Disney o George Lucas con su activos.

      En Estados Unidos, el bufete de abogados afincado Greenberg Glusker, en Los Angeles, no se anda con chiquitas para ganarse las lentejas. Desde 1981 y bajo el Acta Lanham, actúan con suma severidad contra quienes entienden que han violado el copyright de su cliente. Unas veces les sale bien y otras no, como ocurrió con las bolsas de basura “bagzilla” de la sears, pero intentan con todo su ahínco que quien quiera utilizar la imagen de Godzilla, su nombre e incluso el sufijo “–zilla“ para indicar grande o monstruoso pase por caja.

      Así, por ejemplo, En 1998 impidieron la distribución del libro de "Godzilla! The Complete Guide to Moviedom's Mightiest Monster," de Frank Lovece porque contenía unas 90 fotografías de la criatura que no habían sido autorizadas por la empresa. (memo para mí: Preparar un post sobre libros de reseñas y el Derecho a la Cita y su aplicación conforme al convenio de Berna y la LPI: libros de Dolmen ed.)

      En 2000, los abogados enviaron un requerimiento de desistimiento alDave Linabury, autor del blog humorístico “Davezilla” –¡activo desde 1994!- porque consideraba que el uso de sufijo –zilla junto con una imagen de un monstruo reptiliano en el banner del blog constituía una infracción de su copyright. Al final, Toho desistió de iniciar acciones legales contra Linabury debido al revuelo que el tema causó en la red. Curiosamente, la productora llegó a un acuerdo –secreto- con Mozilla, para permitir a la desarrolladora de software libre usar el sufijo sin mayores problemas.

      En 2002 demandaron a una Bodega afincada en Napa por embotellar un Cabernet Sauvignon llamado “Cabzilla” cuya etiqueta –una muestra de buen gusto-, incluía una imagen de Godzilla sosteniendo una copa de vino. La producción entera fue destruida como parte de un acuerdo de compensación.

      En 2008, Demandaron a la cadena de Comida rápida Subway por haber utilizado la imagen de Godzilla en un anuncio retransmitido durante la emisión de los partidos de la NFL. Eran bocadillos monstruosos, sin duda.

      En noviembre de ese mismo año, requirieron a la banda de rock Asshole Godzilla para que abandonaran su dominio en Internet y se cambiaran el nombre. (Y en 1977 The Blue Oyster Cult tuvo que pagar una fuerte indemnización a la compañía por haber titulado sin permiso una canción como el monstruo)

      Por no mencionar los cientos de cartas de C&D enviadas cada año a fabricantes de juguetes que copian la imagen del monstruo radioactivo.

      El último episodio de esta defensa numantina de la marca, es la demanda que han presentado contra Comcast (Uno de los mayores servicios de cable e ISP de los EEUU) por utilizar a la imagen de Godzilla luchando contra un robot gigante en su última campaña publicitaria sin pedir autorización ni pasar por caja.

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     (este post está ampliamente basado en este artículo de Wired)

Posted by Towsend at 19 de Agosto 2009 a las 07:50 PM