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11 de Agosto 2009

La entropía me persigue pero yo soy más rápido.

      “Está Vd. Llamando al despacho profesional de Charles M. Towsend. En estos momentos no podemos atenderle porque estamos de vacaciones. En Jamaica, concretamente. Poniéndonos hasta el culo de Margaritas y Mojitos. No aceptamos pedidos de ganja de menos de un kilo. Si quiere dejar algún mensaje, allá Vd., pero hasta septiembre no pensamos volver”.

      Vale, no es cierto. Yo lo se y vosotros lo sabéis ahora, pero agosto es la única temporada del año, en la que las cosas se relajan en los juzgados lo suficiente como para poder ponerme al día con los asuntos del despacho, hacer limpia de expedientes, tirar montañas de papel y ordenar archivos en el ordenador. Y lo último que necesito es a todos los clientes del mundo llamando a todas horas al despacho diciendo “que hay de lo mío”.

      Lo volveré a repetir. En Agosto casi no hay movimiento en los juzgados.

      Así que le digo a todo el mundo que estoy dos semanas de vacaciones, y descuelgo el teléfono del despacho, aunque en realidad me hayan tocado dos guardias del Turno de Oficio este mes, y no salga de él. Porque aunque no sea verdad, el estar casi incomunicado. me da la sensación de que estar de vacaciones, que nunca está de más. Vale, que he estado una semana entera en casa, tocándome los cataplines y durmiendo todo el santo día, pero hoy, que es el primer día que me reincorporo a  EIDPLT y no tengo la sensación de haber descansado –es lo que tiene la fiebre-.

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      Como iba diciendo, estas dos semanas que “no estoy” es el momento que aprovecho para hacer la limpieza anual en el despacho, ordenar y pegar fuego a los papelotes inservibles. Si me conocéis en persona, o peor, alguna vez habéis pasado por el despacho, sabéis que mi mesa es un espacio entrópico en el cual quedan firmemente atrapados los papeles en montones separados por urgencia con anotaciones a lapiz en la esquina superior derecha, en azul, si es para archivar o en rojo si hay que hacer algo, fechas y vencimientos, números de expediente y teléfonos con anotaciones.

      Y esos papeles van siendo atrapados por las deferentes pilas de papelotes hasta que acaban en una de esas limpias en su expediente correspondiente, o como he dicho, si es algo inútil en el destructor de papeles.

El mejor consejo que jamás desperdicié fue el que me dio mi primera jefa: lleva tu agenda al día.

Posted by Towsend at 11 de Agosto 2009 a las 04:34 PM