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5 de Agosto 2008

Wishlist Agosto '08

      De entre los grandes maestros de la xilografía japonesa, Utagawa Hiroshige se distingue por dos circunstancias que marcan de manera significativa su obra:

      En primer lugar, por ser uno de los últimos grandes clásicos" de esta disciplina, antes de la obligada apertura al mundo del Japón meiji. Buena parte de las estampas tradicionales japonesas que inundaron los mercados europeos en la década de 1870, influyendo de manera significativa a los jóvenes impresionistas salieron del taller de Hiroshige.

      En segundo lugar, por ser junto a Katsushika Hokusai, el máximo exponente del ukiyo-e paisajístico.

hiroshige.jpg


      Mientras que los colegas de Hiroshige se dedicaban al retrato cortesano, al de actores de kabuki, a la estampa de batalla y, por supuesto, a la Shunga o dibujo erótico, géneros que –por supuesto- también cultivó, éste se destacó por ser un estupendo paisajista que supo retratar la esencia de la sociedad de los últimos estertores del shogunato tokuwaga y del sakoku, o el aislamiento voluntario al que se había sometido Japón durante buena parte de la edad moderna.

      Irónicamente, Hiroshige, en su "imágenes del mundo flotante, pudo precisamente capturar efímero momento anterior a la industrialización de su tierra, fijando de alguna manera los estereotipos que en occidente nos han llegado del Japón anterior a la Restauración.

      El grabado en madera japonés era un arte "barato" dirigido a la clase urbana de Edo, surgida al amparo de las restricciones que el bakufu Tokugawa impuso a los señores feudales nipones tras su ascenso al poder.

      A mediados del siglo SVII, el clan Tokugawa puso fin a la reunificación japonesa tras una larga serie de guerras civiles, en las que se impusieron militar y políticamente al resto de señores feudales japoneses que desde el siglo XIV pugnaban por su primacía.

      Una de las medidas impuestas por el Bakufu fue la obligación de que los señores feudales (Daimyos) y sus familias tuviesen que permanecer en Edo (Tokio) durante largas temporadas, así como dejar a las mujeres y a los hijos permanentemente como rehenes en la capital, para desalentar futuras revueltas por parte de estos señores feudales.

      Los sirvientes de estos daimyos conformaron una clase urbana acomodada, cultivada y ociosa, que junto con los comerciantes y los artesanos locales, fueron los destinatarios de los grabados Ukiyo-e. Una clase social que demandaba obras artísticas, pero que sin embargo no podía costearse obras originales

      Algo similar a lo que ocurre en nuestra propia sociedad actualmente y al mercado de los grabados.

      Vale, Acabo de demostrar que cada cual tiene sus frikismos.

      Y ahora Taschen me presenta esto:

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      100 euracos que vale el tocho; pero no me importa, porque no me cabe en ninguna estantería.

      Cabrones.

Posted by Towsend at 5 de Agosto 2008 a las 11:15 PM