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27 de Febrero 2008

Any given sunday

      Este domingo pasado, esperaba yo para entrar a una vista de Juicio Rápido en el pasillo del juzgado de guardia de detenidos. Mientras jugaba al PATAPOM en la PSP repatingado en un banco leía “Le Monde Diplomatique” y meditaba sobre la influencia de la resistencia kurda en la subida del precio del barril de Brent, llegó una pareja de mediana edad. Ella, pequeñita, enjuta y rubia platino. Él, estibador portuario, con la camisa abierta y luciendo una bonita cadena de oros.

      La señora se acercó al banco y carraspeo, así que hice de tripas corazón, me recompuse un poco y les hice un hueco en el banco que hasta ese momento monopolizaba.

      - ¿Es usted abogado? – No se por qué, pero la gente en cuanto se encuentra en un pasillo de un juzgado empieza a rajar por los cuatro costados. Cosa completamente contraria a lo que pasa, por ejemplo, en la sala de espera de un hospital. Aquí, la gravedad de la situación, te hace confesarte con el abogado más cercano.

      Por un momento pensé en contestarle que no, que lo que pasa es que disfruto encorsetarme los domingos en un traje azul y acercarme a los juzgados por vicio. ¡Quizás el maletín me delató!
      -Si.
      - Es que me han llamado para declarar.
      -Ya.
      - Es que me atracaron, ¿Sabe usted?
      - Es que le atracaron el viernes.-
Terció el legionario.
      -Vaya. Lo siento.
      - no lo sienta. Si es que es inevitable, tal como está el país.
      -Bueno…
      - Si, salía el viernes de la estación de metro cuando, salió él, de entre las sombras, se me echó encima y me empujo contra la pared y me quitó el bolso.

      - ¡Zas!, se le echó encima, y comenzo a tirarle del bolso hasta que se rompió el asa y salió corriendo. – apostilló el ex-boxeador, mientras me enseñaba el asa rota del bolso.
      - Pero después se metió en la estación de metro y allí le detuvo la policia...
      - ¡Así va el país! Tan imbéciles que no saben ni robar.
      - Es que son como animales.
      - ¿Quiénes
? – Pregunté, asustado con la posible respuesta.
      - ¡Los sudacas! – contestaron al unísno.
      - Ah. ¿Era sudamericano?
      - Si, un payoponi de esos. Un chico joven, que andaba bebido.
      - Ya ¿Y?
      - Pues nada, que quería saber que va a pasar.- No me he traido el reloj de arena, así que no puedo minutarle.
      - Pues depende de la fuerza que ejerciera
… - Comenzé.
      - ¿Cómo?
      - Que depende de la fuerza que el chico ejerciera para quitarle el bolso. Si sólo fue un tirón, podría calificarse como un hurto, pero si ha empleado la fuerza contra usted dirtectamente, entonces sería robo con violencia; un atraco, vaya.
      - ¿Y cuento le va a caer?
      - Pues el robo con violencia,se castiga, en principio, de dos a cinco años de prisión, pero, claro, hay que tener en cuenta los posibles atenuantes
      - ¿Atenuantes?
      - Si. Por ejemplo ha dicho usted que estaba borracho. Eso atenua – o hace diminuir- la responsabilidad criminal, porque una persona borracha es menos responsable de sus acciones, y entonces la pena es menor.
      - Si, si iba como ido, pero no de alcohol, porque balbuceaba. Iba de otra cosa. ¿Eso cuenta?0
      - Si, si, otra cosa; ya me entiende
- el portero de discoteca se llevó los dedos a los labios, e hizo ademán de dar una larga calada.
      - Es lo mismo. En principio le aplicarían una atenuante.
      -Vaya por Dios.
      - ¿Y que le pasaría?
      - Pues con una atenuante se le aplicaría la pena en su mitad inferior. De dos años a tres años de cárcel, a no ser que fuera tan borracho que no fuera capaz de saber que es lo que hacía, que entonces, le podría caer una pena incluso más leve
      - ¡Pues sólo eso faltaría! Que no le pasara nada.
      - Si es que entran por una puerta… Si lo cojo yo, lo mato
- afirmó el piedrolari, simulando partirle el cuello a una gallina.
      - Pero hoy lo meten en la cárcel, verdad?
      - Pues la verdad; no lo creo. El delito no parece de una entidad suficiente como para pedir una Prisión Provisional. No se ha cometido una gran violencia y usted ha recuperado sus cosas. Si la persona no tiene antecedentes… si trabaja… en fin. Lo normal es que lo dejen en libertad a la espera de juicio.
      - ¡Que barbaridad! Si es que es cierto que entran por una puerta y salen por otra.
      - Hombre, tampoco es eso.
      -Vaya que si, lo aquí hace falta es más mano dura con toda esta gentuz…

      En ese momento apreció por el pasillo una pareja de la guardia civil, conduciendo a un chico de veinte años, más asustado que amenzante, sudamericano, sucio de haber pasado dos días en el calabozo, y posiblemente con una de las peores resacas que haya padecido.

      -Mire, mire ¡ese es! ¡Fíjese las pintas que tiene! ¡Es un latikin de esos! ¡Fijese, fijese que mirada de odio me ha echado! ¡ay que miedo!
      - Ah, si. Mi defendido
–dije mientras me levantaba y me ponía el abrigo- Si me disculpan, tengo que ir a hacer que le pongan en libertad. Un placer; buenos días

Posted by Towsend at 27 de Febrero 2008 a las 08:49 PM