bannerp.png

« Abriendo boca | Main | RE:vuelta »

26 de Julio 2007

Apuntes sobre un tema.

      Somófrates, que es un pozo de sabiduría sin fondo, decía el otro día en este mismo blog que él tenía entendido que la libertad de expresión era responsabilizarse de lo que uno decía.

      Una injuria, según la definición clásica de nuestro sistema jurídico, recogida en el artículo 208 de Código Penal, es "aquella acción o expresión que lesionan la dignidad de otra persona, menoscabando su fama o atentando contra su propia estimación". Para que exista una injuria debe existir lo que la doctrina llama "animus injuriandi", la intención de dañar o lesionar la imagen pública, el honor, la dignidad de una persona.

      Frente al animus injuriandi, se levantan las construcciones del animus jocandi (a modo de broma), animus, animus retorquendi (lesión de la dignidad de un persona para devolver un injuria previa) y el animo informativo, que en principio sirven para eliminar el elemento subjetivo de un posible delito de injurias.

      Nuestra Constitución, reconoce en su arítuclo 20 que

1. Se reconocen y protegen los derechos:
a) A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción.
[…]
2. El ejercicio de estos derechos no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa.

Pero asímismo, también reconoce en ese mismo artículo:

4. Estas libertades tienen su límite en el respeto a los derechos reconocidos en este Título, en los preceptos de las leyes que lo desarrollen y, especialmente, en el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y de la infancia.

      Porque un par de artículos antes, en el 18,

1. Se garantiza el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen.

      Recodamos así, el secuestro en 1987 del albúm Hitler=SS, de Vuillemin, y más recientemente el affaire David Ramirez- Antonio Martín donde la Audencia Provincial de Palma de Mallorca sentenciaba –otra vez- que el animus jocandi tiene su límite allá donde empieza la dignidad y la intimidad de otros. "La Constitución Española no reconoce un pretendido derecho al insulto, de modo que ante la colisión entre el derecho fundamental a comunicar libremente información o expresar opinión y el derecho al honor, no puede prevalecer el primer derecho cuando se trata de la emisión de “apelativos formalmente injuriosos en cualquier contexto, innecesarios para la labor informativa o de formación de opinión”, que entrañan un daño injustificado a la dignidad de las personas, como son las frases contenidas en la viñeta (...)”

      En cuanto al secuestro de una publicación, que en principio nos parace a todos una medida excesiva, no lo es tanto cuando el fín último de la medida no es evitar la difusión de la revista en sí misma, cosa que es prácticamente imposible en los tiempos que corren, si no evitar que la empresa editora se lucre con la comisión de un delito. –Fin previsto en la LeCrim-

      En Noviembre de 2006 –hace apenas unos meses- la juez Concepción Moreno, titular del Juzgado de Instrucción nº 1 de Jerez de la Frontera, secuestró cautelarmente un programa de televisión titulado “El Marido de Lola”, porque presuntamente se habían grabado imágenes con cámara oculta dentro de la vivienda de una persona, violando así su intimidad.

      En 2000, otro juez secuestró un número de la revista “Dígame”, por violar la intimidad de una señora cuando publicó un reportaje (recordemos que sin embargo, aquella portada de Aznar en pelotas y empalmado no fue secuestrada)

      Finalmente, en Marzo de de 1995, un juez de Barcelona ordenó el secuestro del número 895 de la revista Interviú por publicar unas fotos de Judit Mascó (que no era ella, que estaba de parranda -pero eso es otra historia-)

      Tenemos así tres ejemplos más o menos recientes de secuestro de publicaciones, por entrar en la esfera de privacidad más ínitma de tres individuos, algunos de los cuales incluso públicos –jojojo- sin que en su momento nadie hablase de censura. ¿Por qué nos echamos las manos a la cabeza ahora porque se secuestra una publicación satírica, cuando en la portada se caricaturiza a dos señores, follando a lo perrito, mientras se pone en boca de uno de ellos que es más vago que la chaqueta de un guardia?

      Mezclamos churras y merinas; siendo las churras la libertad de expresión y el más elemental derecho a la disidencia política, con las merinas que es el insulto descarado a dos personas, que igual que usted y que yo tienen derecho a la protección de los tribunales.

      Y si aquí actúa el fiscal de oficio, es porque los delitos contra el honor son delitos “privados” sólo perseguibles a instancia de parte, mientras que los delitos contra el honor de la Corona, entendida, como los integrantes de la misma –y por supuesto que el príncipe heredero lo es- es porque nuestro Ordenamiento Juridico reconoce que esta institución al ser la más alta representación del estado –su jefatura vaya- merece una especial protección frente a los ataques ilegítimos; exácatemnte igual, que en Francia tiene el presidente de la república, en Inglaterra su reina, o en Estados Unidos el chalado de turno.

      Ahora, que si queremos convertir todo este tema en una consulta de la legitimación de la a monarquía, afirmando que es una institución caduca, que perpetúa los derechos dinásticos de unos privilegiados que se sitúan por encima de la ley, incompatible con una democracia autentica, donde los ciudadanos deberían ser los encargados de elegir al representante de la más alta magistratura del estado, al jefe del estado, empecemos por hacer algo más que rasgarnos las vestiduras, y os animo a que empecéis a votar a partidos que propugnen la república en su programa electoral.

1177877089_f.jpg

Humor blanco, por parte de EFEDITO, quien me ha auorizado a repducir este dibujo SUYO, siempre y cuando diga que el autor es ÉL, y que yo sólo pongo aquí, con mera intención informativa de SU opinión -jojojo-

Posted by Towsend at 26 de Julio 2007 a las 01:10 AM