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23 de Julio 2006

Pégate un tiro... ¡para dejar de hacer el ridículo!

      Acabo de terminar ?por hace unas semanas- de leerme el libro de Chuck Klosterman ?Pégate un tiro para sobrevivir". La solapa dice que Chuck ha sustituido a David Sedaris como humorista en la revista Squire. Me lo creo. Me recuerda un poco a cuando Guillem March sustituyó a David Ramírez en el Dolmen. Estaba bien, pero le faltaba algo.

      La campaña de marketing del libro intenta vendérnoslo diciendo que es un viaje por carretera a través de los Estados Unidos de América en un Ford Taurus, mientras el autor visita los lugares donde las estrellas de la música o sus seguidores se dejaron la vida de una forma más o menos sonada. Desde Nueva Cork, donde el imécil de Sid Vicius se cargó a su novia en la suite del Hotel Chelsea, hasta Seattle, donde Kurt ?soy rarito pero especial ?Somo dixit-? Cobain decidió repintar su invernadero de rojo.

      Todo muy en plan Beatnik. Asphalt, body-bags and Rock and Roll?

      Mentira. No es un libro de anécdotas musicales. No es un libro autobiográfico. No es una novela. Es todo ello y alguna que otra cosa más

      Chuck ni siquiera se molesta en explicar porqué debes pegarte un tiro (o simplemente morir) para poder sobrevivir. Lo de los muertos del rock no es más que una vulgar excusa que tiene el granjerito de Dakota del Norte para contarte su viaje a través de EEUU para ver a sus padres mientras nos da la brasa sobre porqué las mujeres no le quieren y lo malas que son que le abandonan una y otra vez. Sobre como y cuantas drogas consume y sobre cualquier cosa que se le pase por la cabeza mientras escucha ?¡ojito!- los discos en solitario de los Kiss. ¡Ni Peter Griffin!

      Cuando terminé de leerme el libro, quise hacer un post buscando muertos celebres de la mitología musical en nuestro país, pero fue algo desesperante. Aquí, todo el mundo quiere morirse viejo, dejando arrugados y marchitos cadáveres, después de haber trincado todo lo posible en ediciones de ?¿Qué paso con??? veinte años después.

      Como mucho, y rebuscando, tenemos un par de accidentes de tráfico sonados, como los de Nino Bravo, Cecilia o Tino Casal. Alguna sobredosis de heroína, como la de Enrique Urquijo o de pastillas como la ?reciente- de DJ Sideral, y alguna muerte de SIDA, como la de Iosu Expósito.

      Y es que, amiguitos, la carrera del músico politoxicómano en España suele acabar detrás de unos arbustos en el Paseo de Rosales, porque no tenemos la costumbre norteamericana de descubrir a qué sabe la cabeza de una bala y acabar con tantísimo ridículo.

      - ¿Pero el libro te ha gusto?
      - Pseeeee. No está mal; se deja leer.

Posted by Towsend at 23 de Julio 2006 a las 04:33 PM