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28 de Diciembre 2005

Footin' tonite

     Me duele todo, pero se que mañana me dolerá mucho más. Después de más de tres años sin hacer ?casi- ningún tipo de ejercicio físico, he sacado el pantalón de chándal, las zapatillas y he salido a reencontrarme con la calle. Es la alternativa barata a apuntarse a un gimnasio. Correr.

     A mis veintimuchos, creo que ha llegado la hora de empezar a plantearse eso de cuidar el aspecto físico. Si, otra vez. Más que nada porque ese michelín que me acompaña desde hace unos pocos años, ha doblado en grosor y consistencia desde que dejé la facultad, y con ella, el poco deporte organizado que había hecho en mi vida.

     Si, es cierto que desde siempre he sentido la irrefrenable necesidad de hacer cualquier tipo de actividad tendente a joderme la vida y la salud. Patinaje en rampa, rugby, escalada? Debo de sufrir algún tipo de pulsión kamikaze que me obliga a poner mi vida en peligro. Pero desde que dejé de quedar con los colegas para echar las pachanguitas de fútbol-sala ?que por cierto odiaba con toda mi alma- no había practicado ningún deporte.

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     Por el momento he decidido empezar suave. Trazo mentalmente un recorrido por las calles del pueblo, para ir tomando contacto con la acera, y decido tomarme las cosas con calma.

     El primer kilómetro ha sido fácil. Buen ritmo. Buena respiración. Quizás no esté tan bajo de forma como creía. Aprieto un poco el paso. Error.

     Bajando ya por la calle real, he empezado a plantearme el porqué de lo que estaba haciendo. Un pinchazo en el hombro. Ya sabes lo que dicen, si no duele no funciona. Las zapatillas pesaban tanto.

     Ha sido un poco más arriba cuando he querido dejarlo. Llegando a los colegios me ha empezado a fallar la respiración ¿Quién coño me manda a mi, ponerme a hacer el gilipollas a estas alturas? Ha habido un momento en que he bajado el ritmo, pero tras ese momento de flaqueza, he decidido no abandonar. Puede que muchas veces haya parecido que no iba a conseguirlo, pero no me he rendido. Nunca. Ha sido en ese momento, cuando la respiración me ahogaba, cuando más me tiraba la pierna cuando he sabido que iba a terminar el recorrido. Sólo eran dos kilómetros y medio. Si no soy capaz de correr dos kilómetros y medio?

     He llegado a casa jadeando, pinzado en cada músculo de las piernas y de la espalda; deseando una ducha con hidromasaje. Pero satisfecho. Esta carrera la he terminado, pero me asalta la duda de mi fatídica inconstancia. ¿Seré capaz de volver a correr mañana?

Posted by Towsend at 28 de Diciembre 2005 a las 11:18 PM