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3 de Junio 2005

Albañilería

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     Y así desde las diez de la mañana. Parando a las doce para tomarse un bocadillo. Parece que el vecino de arriba ha decidido reformar la cocina y el baño, y está tirando el alicatado. En horario de oficina, si. Tocandome los huevos, si. A mi, si. Más que nada porqué, según se ve, la cocina del vecino queda justo encima de lo que es mi despacho, así que cada martillazo suena como si lo estuvieran dando en la misma habitación.

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     Las primeras dos primeras horas han sido ?soportables?, a falta de un termino mejor, pero a partir de la tercera, se me ha emepzado a hinchar una vena en la sién a la vez que una intensa jaqueca me ayudaba a sentir cada golpe, cada porrazo en el interior de mi cabeza, hasta que el rítmico retumbar de la pared se ha hecho uno con mi persona. Y me gustaría decir que en ese momento he comprendido el secreto de la música; la matemática belleza de las escalas de notas, en la percusión de la maza y el cincel de un ñapas contra los azulejos de la cocina.

     Pero no. Lo que ha pasado es que se me han hinchado los cojones hasta el punto de empezar a insultar al tipo de la maza a través del techo. Pero en vez de parar de machacar la pared, ha continuado con su faena, con redoblado interés.

     Llegados a este punto, ha sido el momento de reencontrarme con mi vieja amiga, la Codeína, que como amante fiel, me ha aliviado durante cinco minutos del incesante estruendo que llena la casa. Sin embargo, a los pocos minutos el dolor de cabeza ha vuelto, esta vez en la forma de un intenso pinchazo en la parte posterior del globo ocular; el fondo de ojo, que decía mi abuela. Fantástico.

     Ahora mismo me debato entre subir las escaleras, Beretta en mano, o largarme del despacho un par de horas antes, explicando que como pase un minuto más aquí, voy a acabar pegandome con el pobre tipo del martillo, que en el fondo, sólo está haciendo su trabajo.

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Posted by Towsend at 3 de Junio 2005 a las 05:30 PM