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27 de Junio 2003

Colegiado, por fin

    Para quienes no lo sepan aún, me colegié el Viernes Pasado. ¿Y eso que significa? Significa que su seguro servidor, el que suscribe, es ahora ABOGADO. No es algo especialmente grandioso, pero me da un halo de misticismo que queda muy cool, con las niñas, “hola soy abogado, ¿impresionada?” como diría Adrián.

    El Ilustre colegio de Abogados de Madrid es una institución con más de cuatrocientos años de historia. Es una órgano de la administración periférica que se mantiene con las cuotas de los colegiados y con diversas subvenciones públicas. Su misión es la de aglutinar y representar los intereses de los abogados colegiados en él. –¡Y de paso nos ofrecen un seguro medico con dentista incluido!-.

    Me hicieron esperar en una salita donde pude hojear lo últimos números de la revista del Colegio, con artículos tan maravillosos como “¿Qué es lo que mola de un abogado?” y “Nudos de corbata que impresionen a tus clientes”. Tras un rato de amena lectura, me hicieron pasar a potra sala donde me esperaba una cábala masónica, todos sus integrantes vestidos con túnicas grises y provistos de cuchillos ceremoniales que parecían sacados de “La profecía”. Me hicieron jurar por la sangre de nosecuantos demonios y bajo miles de admoniciones abominables que jamás revelaría los terribles secretos y tradiciones de los que yo a partir de entonces sería parte. El principal es el siguiente. (Con voz gutural) “los abogados han creado a lo largo de los siglos un lenguaje propio, tan oscuro que parece el hablado en la Tierra de Mordor, y que el común de los mortales ya no comprenden. Es un simple truco para que crean que somos absolutamente imprescindibles, cuando la verdad, la cruda y verdadera verdad es, que cualquier idiota podría hacer lo mismo que nosotros. Así puedes dedicarte a jugar al golf, mientras los imbéciles creen que velas por sus intereses”. Triste pero cierto. Acto seguido se pusieron a beber cerveza y a cantar.

    Tras la ceremonia de iniciación me dieron una bolsita de papel con unos cuantos libros y folletitos sobre el funcionamiento del Colegio y me hicieron la tarjeta del colegio, que según me advirtieron me serviría para saltarme algún atasco y para acceder a los Juzgados y Tribunales y otros organismos públicos por la puerta de profesionales, sin tener que pasar por los escáneres y sin tener que hacer cola.

    Además, la bolsita contenía lo siguiente:

-Un libro con todos los colegiadosdel ICAM. Es jodidamente enorme. Sé que todos estos señores no se dedican activamente a la abogacía, que muchos de ellos están como colegiados no ejercientes, y que otra gran parte son abogados de empresa, pero saber que soy el 74.583 y tenoiendo en cuenta que hay cinco millones de habitantes en Madrid, me sale que hay un abogado por cada quince madrileños. No es buena noticia.

-Un libro con los honorarios que el colegio considera oportuno cobrar por cada asunto. Mmmm Si se cobrase lo que estos señores consideran oportuno cobrar por los asuntos, estría forrado o no tendría ni un solo cliente.

-Un bote de vaselina. Sigo sin tener claro si es para encular a mis clientes o para que me enculen los jueces, pero supongo que eso ya lo descubriré con el paso del tiempo.

-Mucha publicidad. Si pudiera comprarme un Volvo creanme que no estaría aquí ahora.

-Y alguna cosilla más que he firmado por triplicado no revelaría.

    Bueno, ¿Alguien ha visto alguna ambulancia por aquí? Creo que me han hecho algo genético en el Colegio ese.

Posted by Towsend at 27 de Junio 2003 a las 05:08 PM