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8 de Noviembre 2006

¿Qué pasa con el piso?

      Juanita y Pepito se querían. Joder, se querían tanto que se compraron un piso, una vajilla de IKEA y un reproductor de CD-mp3. Y se fueron a vivir juntos. Sonrío. Ésta me la se. Primera regla: nada es para siempre*.

      Ahora, después de un tiempo Juanita y Pepito ya no se quieren tanto. Ya no me sorprendo, pero por lo menos esta vez ha sobrevivido la vajilla. Permitidme, queridos lectores, que nos abstraigamos de los temas más mundanos de una ruptura tradicional como "Ese cuadro me lo regalaron a mí" o "El CD de mecano es todo tuyo, zorra!" y centremos este pequeño post en el tema que realmente nos pica a todos: ¿Qué pasa ahora con su piso? ¿Quién se lo queda?

      Si Juanita y Pepito ?o el abogado a quien contrataron para que supervisara la Compra-Venta-, han hecho medianamente bien las cosas, los dos figurarán como propietarios en las escrituras y en el registro, y al no hallarnos ante una unión matrimonial, estaremos ante lo que conocemos como un inmueble en copropiedad o pro indiviso; es decir un bien físico, no divisible y cuya pluralidad de propietarios ostenta unas cuotas intelectuales sobre el mismo.

      Tenemos pues, un piso, una hipoteca que Juanita y Pepito tienen que pagar por mitades (o la cuota correspondiente) y unas ganas locas por hacerse con -o deshacerse de- él. Y como dijo Toni Soprano, las cosas se pueden hacer por las buenas, por las malas o con un bate metálico.

      Por las buenas hay dos opciones:

      O se ponen de acuerdo para vendérselo a un tercero con unas jugosas plusvalías -¡Viva la burbuja inmobiliaria!- O uno de ellos le vende al otro su parte. Yo siempre recomiendo una tasación previa seria, por parte de una entidad como Tasamadrid ?mi sobre podéis mandarlo a la dirección de siempre, chicos- para establecer un precio real y de mercado para la finca, porque muchas veces, lo que una persona dolida está dispuesta a pagar por su parte del piso común a su ex pareja, deduciendo lo que quede por pagar de la hipoteca, no se acercará a lo que el otro interesado cree que puede sacar por el inmueble. Mejor saber Excatmante cuanto dinero está en juego.

      El sentido común nos dice que cuando se vende entre los miembros de la ex pareja no debería aplicarse el mismo precio que cuando se vende entre los copropietarios, pero cuando hablamos de sentimientos y parejas rotas, el sentido común queda aparcado por un poquito de bilis, por muy buena voluntad que quieran poner Juanita y Pepito.

      Por las malas, existe una cosa llamada "Actio Communi Dividendo", proveniente del derecho Romano. Acción de División de la Cosa Común. Lo que significa acudir a un juzgado, interponer una Demanda Ordinaria atendiendo al valor del inmueble y cuya finalidad es establecer judicialmente la proporción de las cuotas de cada uno de los propietarios, el valor de de la cosa y, en su caso, la adjudicación de la finca.

      El problema de estos procedimientos, además de que pueden alargarse durante años con un poco de mala leche, es que cuando las partes no se ponen de acuerdo en el precio o en la adjudicación privada, el piso puede terminar en subasta pública, generalmente, por debajo del precio de mercado. Lo que no le interesará a nadie ?salvo al avispado subastero-.

      Como siempre he dicho, es mejor un mal acuerdo que un buen pleito.

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*Corolario de Be: "...Menos la hipoteca".

Posted by Towsend at 8 de Noviembre 2006 a las 05:52 PM