« Destination: Denmark | Main | Soy un vendido... »

Plasta de Turista

Soy una persona que no tiene por costumbre creer en leyes absolutas, pero como pasa con todo siempre te encuentras excepciones, y hete aquí unas verdades inapelables: viajar con buenos amigos es un placer, los turistas somos inconfundibles entre la multitud y no hay danesas feas.

Todo esto me ha quedado claro tras cinco días encantadores en Dinamarca con Borja, Ibon, Asier y nuestro erasmus-anfitrión, Unai. Días que paso a narraros, que para estas cosas se monta uno un blog, y en dos entregas distintas, que sino me quedará un post larguísimo.

Día 1: Arrival La primera jornada se fue en un viaje en avión de tres horas hasta el aeropuerto de Billund, seguido de un trayecto en bus con un conductor más despierto que el hambre, que nos intentó sisar unas cuantas coronas al comprar el ticket. Ya digo que los turistas parece que llevemos un cartel de neón por sombrero anunciándolo.

Del bus pasamos al tren en Vejle, tras una pelea a 5 rounds con una máquina expendedora de billetes que no aceptaba billetes. Ibon hizo gala de maestro de las tragaperras y le coló todas las condenadas monedas al cacharro, sacamos los billetes y conseguimos ir en un tren la mar de cómodo y bien dispuesto, donde pudimos ver las primeras bellezas naturales del país: sus jovencitas. Sin querer resultar soez, parece que a las feas en este lugar las encierren o las escondan, por que en cinco días todo fueron preciosas chicas rubias con unos ojos azules en los que te ahogabas si te miraban. Mala suerte para vosotras, los chicos a mi me parecieron más bien larguiruchos y esmirriados.

En fin, que tras tres horas de tren llegamos pro fin a Aalborg, con Unai esperando en el andén. Primer vistazo al lugar tirando de la maleta y empujando al viento, y para la residencia que había sueño (y lo hubo durante el resto de las vacaciones).

Día 2: Historias de una Bicicleta Tras el obligado madrugón de cuando uno va de viaje y los turnos para ducharse (yo último, que así dormía más), y con un buen desayuno en el estomago, vino el momento de enfrentar uno de mis mayores temores: la bicicleta.

Según Unai, “ir a Dinamarca y no pegarse un paseo en bicicleta por el pueblo es pecado”, y uno peca de no saber ir en bici, así que me tocó molestar a Borja e Ibon, por no decir a mis ingles, haciendo de paquete. Salvando el sufrimiento cojonero, y el sobreesfuerzo de mis “choferes” involuntarios, creo que el tour fue agradable para todos.

Realmente se le pega a la bicicleta en Dinamarca, hasta el punto de que mientras aquí ves papeles tirados en la calle, allí ves bicis abandonadas. Aparcamientos enteros, repletos de vehículos de dos ruedas con distinto nivel de óxido, daban a entender que hay toda una cultura ciclista. Tal es así, nos contó el erasmus del grupo, que cada semana se recolectaban las bicicletas abandonadas, se arreglaban y subastaban.

En fin, vimos una iglesia protestante, una bonita casa de correos, coronas por todas partes (un país orgulloso de su monarquía, Dinamarca), la zona de ambiente y nos asomamos a un fiordo que separaba Aalborg en dos. Comiendo el bocata en un parque vimos a los primeros heviorros de la estancia, bebiendo desde el mediodía. No pudimos subirnos a la torre panorámica del lugar por el viento gélido que trajimos con nosotros, pero sí que fuimos a un cementerio vikingo del que salí encantado, un lugar que parecía salido de un cuento, situado a las afueras: un bosque de altos árboles sin hojas rodeaba un claro irregular y enmoquetado con hierba verde, en donde se encontraban las piedras que formaban las tumbas de los guerreros nórdicos. Piedras y más piedras hasta donde alcanzaba la vista, y nadie en los alrededores salvo los cuervos.
En cuanto dejé de tirar fotos me fijé en que los daneses son muy respetuosos: ni una sola de las piedras mortuorias tenía un grafiti o algún dibujo tonto que casi de seguro podrías encontrar si los vikingos habrían ido a cascar a España. Podías andar entre las tumbas, no verlas desde lejos, y aquello parecía haber permanecido igual durante siglos. Nos tumbamos en un par de tumbas (pro que con ese nombre, para eso están ¿no?), sacamos unas fotitos más y vuelta a la bicicleta.

Una vez en la residencia, dejamos esas malas bestias de dos ruedas en su sitio y antes de cenar, a alguien se le ocurrió la disparatada idea de hacer lago de deporte antes de la cena… ¡deporte en unas vacaciones! Pero bueno, canastita por aquí, tirito por allá (no por mi parte, que tengo tantas facultades para el baloncesto como Doraemon), y por fin a llenar el buche para dormir bien.

Día 3: Relax Esa fue la tónica del tercer día, una pena en realidad: a idea inicial era alquilar un coche e irnos por ahí, pero nuestras cuatro ruedas tardarían un día en estar a nuestra disposición, así que no hubo más remedio. El día se planteaba sosegado, pero…¡El desayuno distendido y relajado (siempre acompañados por el amigo curdo-danés de Unai, un hombre muy interesante y con mucha charla que dar) fue en realidad una trampa para hacernos practicar deporte!

Aún así, nos resarcimos del sacrílego esfuerzo en vacaciones esa misma tarde. Canastas y goles precedieron a la comida, a la que siguió una laaaarga tarde de descanso, repanchingados todos en le cuarto y con la película Manhatan de Woody Allen ayudando a todos a dormir como troncos menos a mí, que no pasé de algunas cabezadas y escuché cada una de las paranoias del cineasta neurótico. Da igual, no estaba mal.

Con las pilas cargadas, la noche requería fiesta, así que tras una buena cena cortesía de Ibon y Borja, dimos con nuestros pies en Jomfru, el barrio de ambiente famoso en toda Dinamarca, decía Unai. Nada más entrar corroboramos que los daneses no saben beber, pues una mujerona se desplomó ante nosotros y no parecía tener ánimo de levantarse en breve…bebed con moderación, hacerme caso.
En los bares y discotecas a los que entramos los locales nos dieron una muestra de sus capacidades de baile: ¡aquí se liga moviendo los pies, chavales! Era como estar en una película musical pero alo cutre, con grupos y parejas bailando descangayados alrededor y dejando nuestros leves gestos en tembleques casuales… al menos hicimos un amigo heviorro, muy animado y eufórico él, que nos dejó la moral un poco más alta antes de volver a la piltra un día más.


Y hasta aquí por ahora, que sino me denunciais por maltrato a la vista XD

Comments

"Mala suerte para vosotras, los chicos a mi me parecieron más bien larguiruchos y esmirriados."

Hay que ver, desde que te apuntaste al Gimnasio qué crecido estás. ;-P

No te jode... aquí Hércules... lol

No tengo nada que envidiarle a Hercules...lleva siglos muerto o_o

Pero vivirá por siempre en nuestros corazones. ¡Y ni siquiera existió!

Y yo que pensaba que en el norte el tema de la bicicleta era algo que corria por las venas... por lo menos sabras partir un tronco con un hacha subido en él, ¿no?

¿Y levantar piedras?

¿Y ambas cosas a la vez? XD

no voy a entrar al juego de los tópicos, que los maquetos os picais muy rápido y teneis mal perder...^__^

Post a comment