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22 de Febrero 2005

Mitología

      En las noches de luna llena, los abogados más viejos de la tribu se reunían para contar las historias del mundo antiguo a los jóvenes abogados. Después de un día agotador interponiendo demandas, contestando requerimientos o simplemente haciendo puerta en los Juzgados, gustaban de relajarse comiendo carne de bebé cruda –cosa que como es bien sabido hacen todos los abogados- y contando historias con terribles finales donde triunfaba la razón y la justicia frente a los argumentos jurídicos más enrevesados y perversos.

      Cuando hablaba el viejo Catedrático, todos los abogados guardaban silencio

      - Una vez- decía, agarrándose la comisura de la toga, en un gesto de teatralidad estudiada- vi un Divorcio Civilizado, llevado de mutuo acuerdo.

      - ¡Oooooooooh! – la simple mención a aquel dislate hizo que los abogados golpeasen el suelo con los fémures de los infantes que estaban consumiendo. – ¡no puede ser!. ¡Imposible!

      - si, si, un divorcio de mutuo acuerdo, en la que los cónyuges simplemente querían divorciarse, sin pedir más de lo que les correspondía. Simplemente divorciarse.

      Lo abogados más veteranos de la manada se llevaron las manos a la cabeza ante la perspectiva de un procedimiento de separación o divorcio llevado de común acuerdo, sin apelación o casación, sin posteriores denuncias por no ingresar las pensiones de los niños, o por incumplimiento del régimen de visitas. Un divorcio de mutuo acuerdo significaba un procedimiento rápido, limpio, y sobre todo, poco lucrativo.

      - ¿Sin presentar informes psicológicos falsos? ¿Sin pedir pensiones compensatorias absurdas? ¡Esa mujer debía de estar loca!

      - Si, simplemente habían dejado de quererse. Cada cual quería irse por su lado y olvidarse de su vida en común.

      Uno de los abogados que aspiraban a convertirse en catedrático alzó su voz.

      - El abogado que llevó ese procedimiento debía ser muy torpe para no convencer a uno de ellos de ir por lo contencioso.- Los otros abogados retrocedieron, viendo como se cernía una tormenta jurídica entre los abogados. Se trataba de un desafío directo a la autoridad del catedrático.- Perder esa preciosa minuta por culpa del sentimentalismo. ¡Hay que ser necio!.

      - Aun eres muy joven, estimado colega. A veces, estas cosas ocurren, y por mucho que intentemos sembrar la cizaña entre ellos, no sirve de nada. Simplemente, están tan hartos el uno del otro que quieren que todo acabe cuanto antes ¡Y encima que les salga barato!- y diciendo esto negaba con la cabeza, desconsolado por la inexperiencia de su compañero.- Además, podéis dormir tranquilos. Esto sólo pasa una de cada mil veces. Vuestras minutas están aseguradas.

      Muchos de los abogados, atragantados aún por las palabras del catedratico tuvieron pesadillas esa noche y las que siguieron. ¡Un Divorcio de Mutuo Acuerdo, menuda indecencia! Afortunadamente, al día siguiente el sol –en contra de los augurios de alguno- salió, los abogados volvieron al Juzgado y la mezquindad humana volvió a llenar sus corazones con la esperanza de cobrar minutas absolutamente desmedidas.

Posted by Towsend at 22 de Febrero 2005 a las 01:39 PM