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11 de Febrero 2005

Declarando...

      Esta mañana teníamos una declaración –casi de rutina- en plaza de Castilla. Nos hemos presentado, como siempre diez minutos antes y –sorprendentemente- nos han hecho pasar en hora.

      Nos hacen pasar a sala, y comienza la declaración, con toda la pesca; abogados vestidos de faena, fiscal, secretario, juez, auxiliares. Algo que –reconozco- hace un año me impresionaba, hoy ya lo doy como rutinario. Nos sentamos, nos ponemos cómodos e intentamos que nuestro cliente no se llene –más aún- de mierda. El interrogatorio fluía mientras una funcionaria tomaba notas en su ordenador, la verdad es que daba gusto ver a la buena mujer tecleando las preguntas y las respuestas..

      La declaración en sí misma, no tiene demasiada importancia. A nuestro cliente el fiscal le ha hecho caer en un par de contradicciones y en un par de trampas, pero nada grave. Cuando hemos terminado, la mecanógrafa -o algo- le ha dado a imprimir y...

      Nada.

      La pantalla del ordenador simplemente se ha quedado en blanco; la declaración completa había desaparecido; los datos habían volado.

      Después de discutirlo entre las partes, se ha reiniciado el ordenador y hemos vuelto a tomar la declaración, salvando cada pocas frases. Esta vez, él ha tenido un poco más de ojo, y no ha caído en las mismas trampas que le intentaba tender el Ministerio Fiscal. Una declaración ejemplar, oiga. Tan contento estaba yo, que no he tenido –casi- ni que hacer preguntas, porque estaba todo muy clarito conforme a nuestra defensa. Y otra vez han pulsado imprimir y...

      Nada. No he podido reprimir una sonrisita de sano cachondeo.

      Otra vez lo mismo; los datos han vuelto a volar y, encima, las copias de seguridad habían desaparecido del disco duro. Era como si en la última media hora, nadie hubiese tocado ese ordenador. La cara del juez era como para verla. Creo que es la primera vez que veo a un juez ponerse como la grana, aunque no se si era de ira o de vergüenza.

      A la tercera, el secretario ha puesto cara de circunstancias y ha tomado la declaración a mano, como antiguamente. Esta vez, el fiscal hacía las preguntas de una forma mecánica, desganado y nuestro cliente se ha lucido en un par de ocasiones, haciendo que fuese el propio fiscal quien cometiese errores.

      La informática y la justicia, aliadas al servicio del ciudadano.

Posted by Towsend at 11 de Febrero 2005 a las 02:37 PM