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8 de Octubre 2004

Crítica

     Hay vidas que pretenden ser apasionantes, pero que apenas pueden ocultar su condición de mediocres con ínfulas de ser mejores de lo que realmente son. La vida de Charles M. Towsend, no tiene nada de creación, sino que es un artefacto concebido para tratar de dar el pego a los espectadores. Reúne todos los elementos necesarios que garantizan un éxito existencial, pero están mal mezclados y sólo consiguen aburrir al los presentes.

     Towsend, abogado novel con aires de Michael J. Fox (según dicen; será cosa del parkinson) tratará de sobrevivir a su vida en el Madrid de comienzos de siglo, enfrentándose a los rigores del ejercicio profesional de la abogacía y a un elenco de secundarios sacados de los esperpentos más crueles, del que sólo se salva su novia, que únicamente Dios sabe cómo y porqué soporta que se deje los calcetines secándose en el radiador o que se escaquee vilmente cada mañana de fregar los platos.

     El amor, la vivienda, el trabajo, el dinero, los dvds, los tebeos, y pelearse con los vecinos sudamericanos, sacados de un figón que se dedican a orinarse en la pared de su casa ocupan todo el tiempo de este a modo de antihéroe madrileño pero poco castizo, mientras decide si está contento con su vida o si mejor se compra otra

     La trama, sin embargo, no es nada del otro jueves; ocurren cosas, pero no se ve un argumento que justifique la crisis que sufre el protagonista. Si tiene trabajo, porque le agobia el trabajo; si no tiene dinero, porque le gustaría tenerlo. Los personajes no tienen definidos objetivos y a veces las subtramas argumentales copan el protagonismo de la historia.

     El problema viene cuando uno ha visto y leído demasiados personajes prefabricados en la generación X ó Y. Y Towsend no aporta nada nuevo al genero de los jóvenes recien emancipados, a no ser que sea ese puntito de frikismo, que a veces confunde a los concurrentes. Towsend tiene todo en su mano para ser perfectamente un elemento de éxito, pero cada capítulo termina con un sabor agridulce de victoria pírrica que deja insatisfecho al espectador, cayendo a veces en la tragedia.

     Tal vez Towsend haya pretendido emular a John Grisham, mezclando la novela judicial, con el thriller y una especie de sit-com; algo a medio camino entre Turno de Oficio y los Serrano (sin Fran Perea, por favor), pero solo ha conseguido elaborar una vida oportunista y pueril, que se sirve de vehículo para colarnos todos los clichés de estos generos. Es imposible de creer que TODA la Justicia española esté cargada de ese aire surrealista y chapucero sacado de Luces de Bohemia. Lo que cuenta este tipo TIENE que ser ficción ¿Verdad? Si es cierto que los malos libros inspiran excelentes películas, habrá que esperar una obra maestra de la mano de los hermanos Fesser.

Posted by Towsend at 8 de Octubre 2004 a las 04:02 PM