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23 de Septiembre 2004

Antimaquinismo moderno

     En los albores de la revolución industrial se dio un fenómeno social que hoy conocemos por los libros de historia como “antimaquinismo”. Cuando Jacquard inventó los primeros telares mecánicos las hilanderas tradicionales empezaron a temer perder sus puestos de trabajo. Miedos que se materializaron unas décadas más tarde cuando las bordadoras empezaron a asaltar las industrias y destruir las maquinas de coser. Fue un fenómeno que se dio con distinto grado de virulencia a lo largo de todos los países y en los distintos sectores industriales donde se iba instalando la revolución industrial. De hecho, este fenómeno se ha dado desde entonces cada vez que surgía un nuevo ingenio mecánico que amenazaba con destruir los puestos de trabajo establecidos. Se pasaba por el fuego purificador los malditos ingenios mecánicos, las fabricas, y ya de paso al industrial burgués, que derramar la sangre de los patrones por las calles nunca ha estado del todo mal visto.

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     Me desayuno con la noticia –si, últimamente tengo el lujo de poder tomarme un café tranquilamente mientras veo las noticias y me visto por las mañanas- de que una cadena de supermercados madrileña (y no dicen cual) ha implantado en pruebas unas cajas automáticas. El funcionamiento es sencillo; el cliente llega a la caja después de aguardar la cola, como siempre, pasa él mismo los productos por el lector de códigos de barra y finalmente paga en metálico o tarjeta, como en los expendedores de los tiques de aparcamiento.

     Así que hoy, Los sindicatos, al igual que hace ciento cincuenta años, advierten alarmados de la fatal destrucción de los empleos que estas máquinas suponen para como son las cajeras de supermercado. ¡Las malditas maquinas! Vana acabar con unas profesionales, tan profesionales y tan bien pagadas en éste país como son las cajeras de supermercado. ¿Qué será lo próximo? ¿Robots que repongan el desodorante? ¿Fregonas automaticas que recogan los refrescos derramados en el pasillo siete? Ya me estoy imaginando una turba de cajeras enfurecidas, con antorchas y aperos de labranza (after Somo), atacando las sucursales del Carrefour, haciendo enormes piras con los rollos de papel higiénico y las cajas de auto-servicio y los ordenadores personales mientras las pantallas de éstas suplican por su existencia. La Yihad Buttleriana, vaya...

     Y digo yo que si los sistemas de auto-servicio se han ido implantando poco a poco en muchos ámbitos de nuestra vida, desde las gasolineras a los bancos, no creo que suponga un trauma tan enorme el tener que pasar los congelados por un lector de código de barras. Es más considero inevitable que esto acabe sucediendo algún día. pero como me conozco mi país como me lo conozco, estoy convencido que al final las cajeras serán reconvertidas en Vigilantes de seguridad, que comprueben que los clientes pasan todos los artículos del super por el lector de código de barras y eviten que se les despiste alguno –por accidente, claro-, pues firma esto uno, que más de una vez se ha largado sin pagar el repostaje por puro despiste.

Posted by Towsend at 23 de Septiembre 2004 a las 08:30 PM