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22 de Junio 2004

Vista

   Estoy en sala. Debo ser el abogado del demandado porque estoy sentado a la izquierda del juez, que está haciendo un crucigrama, mientras el secretario juega a la PlayStation en vez de levantar acta de la vista. A mi lado está un procurador y enfrente el abogado contrario con una enorme nariz de payaso.

   Cuando el otro abogado empieza a hablar me doy cuenta de que sólo estoy vestido con la toga. Por alguna extraña razón, he dejado mi pantalón, mis gallumbos y mi camisa en la sala de togas, y trato como buenamente puedo de ocultar mis canillas debajo del estrado.

   El abogado de la parte contraria está machacando a mi cliente a base de base de bien. Pide una condena de cien años y un día y que le condenen a entregar cierta colección de cinturones de cocodrilo. Cuando termina, el juez hace un aspaviento con la cabeza y me cede la palabra.

   Con un efecto teatral me levanto y me recojo la toga con ambas manos intentando recordar un esquema mental de las alegaciones que llevaba preparadas, pero al asir la solapa de la toga dejo entrever mis vergüenzas y apenas acierto a emitir un graznido aberrante que hace acoplarse los micrófonos. El otro abogado y su procurador lo celebrar dando manotazos a sus narizotas de payaso, que emiten sonidos secos. Su Señoría empieza a abroncarme por no guardar sala, y es en ese momento que me doy cuenta que detrás mío hay un verdugo con unas mallas negras, una capucha y un enorme hacha doble a la que está sacando filo con una pequeña piedra de afilar.


   Hablando de sueños raros...

Posted by Towsend at 22 de Junio 2004 a las 12:15 PM