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21 de Febrero 2004

Tarde de Carnaval

   ¿Alguien me puede decir que coño hago yo un sábado a las cuatro de la tarde en el despacho?

   Oh, trabajar no, desde luego. Como siempre que mi padre viene a Madrid, he bajado a comer con él y con mi hermana, y como después no tenía mucho que hacer, pues me he subido al despacho a leer blogs y a pasar la tarde tratando de desentrañar los secretos de internet. Desgraciadamente, los Sábados parece que no son días especialmente propicios para postear en blogs, y apenas he tardado unos minutos en mirar los más interesantes. Y así me encuentro delante de una hoja de Word en blanco, esperando a ver si se me que ocurre algo que contaros durante el tiempo que esté aquí, porque fuera llueve y no me apetece demasiado salir a la calle a pasear –cosas de haberme dejado el paraguas en casa-.

   Y como me apetece escribir, supongo que podría emular a Adrian Veidt y hacerle caso a Denise, la de la tienda de ultramarinos y contaros lo más triste que puedo recordar para tratar de ganarme vuestra simpatía, pero no creo que ponerme a hablar de sacos de gatitos ahogados en un pozo no es lo mejor para una agradable sobremesa de sábado. Aunque sea un sábado lluvioso y gris como este.

   Es una putada que hoy llueva en Madrid. Y es una putada porque hoy se celebran la mayoría de las fiestas de Carnaval en Madrid. No las fiestas tradicionales de Carnaval, en las que unos viejos vestidos de chaqué y chistera simbolizan con el Entierro de la Sardina- mal, por otra parte, porque el entierro de la sardina se debía celebrar al final de la cuaresma, simbolizando el fin de la misma – si no de las fiestas de discoteca donde la gente se disfraza y sale a pasárselo bien improvisando –o no tanto- los disfraces, como también se hace en Halloween –hora ya más que nunca- pese a que nunca habíamos tenido costumbre de disfrazarnos en esa fecha.

   No hablemos ya por los desfiles municipales o de los distintos barrios, que me temo que con la que está cayendo, no van a poder salir a ritmo de batucada brasileira. Que también manda narices, teniendo una tradición carnavalesca como la que tenemos en nuestro país tener que recurrir a unas brasileñas en bikini, moviendo el trasero para identificarlo con los carnavales. ¡País de cenutrios, coño!

Posted by Towsend at 21 de Febrero 2004 a las 06:10 PM