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15 de Febrero 2004

Road Movie

   No hacía un calor de muerte ni viajábamos en un Mustang clásico descapotado del ‘64. No recorríamos el desierto de Nevada a 90 millas por hora ni llevábamos un ajado ochopistas con el “Viva las Vegas” del Rey a todo volumen, pero las sensaciones eran prácticamente las mismas. Febrero, las llanuras extremeñas –sorprendentemente verdes- , una canción de Luis Ramiro en el CD, y todo el fin de semana para nosotros. Tu cantabas, y yo hacía como que cantaba. Intentaba hacerlo bajito para no estropear tu voz con la mía, y mientras pasábamos cedé tras cedé tragábamos kilómetros y paisajes.

   El coche no nos dejó tirados a la entrada de un pueblo de fantasma ni nos atendió en la gasolinera un gárrulo ataviado con una gorra y un mono grasiento, que sonreía enseñando un único diente de oro mientras calculaba cuanto nos podía sajar por cambiarnos una pieza inexistente. Tampoco tuvimos problemas con los representantes de la ley, que al pasar a nuestro lado en sus flamantes motocicletas no intentaron que les sobornáramos para que no denunciasen una infracción de circulación que no había sucedido. ¡Que lejos queda nuestra Guardia Civil caminera de esos policías estatales montados en sus harleys trucadas, pese a las botas de montar, las ray-ban y la mala leche, que deben ser patrimonio común de las policías de caminos de todo el mundo!

   No hubo parada truculenta en un burdel de mala muerte y peor reputación. La únicas bombillas de colores que nos hacían guiños sonaban en una canción de Sabina y no consideramos necesario hacerle caso y parar para invitar a la Magdalena a un trago.

   No atropellamos ningún animalito en la carretera. No, me niego a considerar animalitos los cientos de mosquitos e insectos diversos que quedaron aplastados contra el frontal del coche al pasar por el tajo, y mientras no encontremos prueba alguna del bicho, negaré rotundamente haber pasado por encima de ningún pajarito.

   No tuvimos ningún accidente aciago que parase en seco nuestra pequeña escapada, pero si que tuvimos un final feliz, de esos de película de carretera, dejándote en casa a ti primero, con beso de despedida, a las puertas de tu casa, para seguir después yo mi camino hasta la mía, sin mayores contratiempos.

   Estudiados la mayoría de los clichés del género a mano, podemos decir que si, que ha sido todo un fin de semana de Road Movie. ¿Repetimos? O mejor... ¿Cuándo repetimos?

Posted by Towsend at 15 de Febrero 2004 a las 11:15 PM