bannerp.png

« Conflicto de intereses | Main | Felicitación Navideña »

15 de Diciembre 2003

Lotería de Navidad

   Que quede claro: Jugar a la lotería de navidad no es una opción. En este –bendito- país nuestro se obliga a la gente desde la más tierna infancia a ser ludópatas sociales. Cualquier currito de a pié, al final de año se ve en la tesitura de tener que comprar lotería del sorteo Extraordinario de Navidad por valor de 230 Eypo para intercambiarla con los conocidos y familiares, con los compañeros de la oficina y del gimnasio, incluso con el amargado de la oficina al que aún nadie ha devuelto su grapadora. Total, para que al final toque una miserable pedrea o algún reintegro. Cuando toca.

   Aquí debería intervenir Emea para que –como buen estadístico que es-, nos ilustrase detalladamente con las probabilidades de que a alguien le toque “algo” jugándose un cupón. -¡Ejem!-

   En la empresa, se juega “la luna” (el 07). En el bar de la esquina “san José” (el 19). En la frutería del barrio “la Agonía” (el 99), en el bloque de vecinos, como no se ponían de acuerdo, acabaron cogiendo “la Pelea” (el 65). En la peña taurina, en el club de aficionados al macramé. Parece que todo el mundo lleva un número y todo el mundo esta ansioso por compartirlo con el resto de la humanidad.

   Y si tienes la desgracia de tener que viajar las semanas inmediatamente anteriores al fatídico sorteo de Navidad, en ese caso estarás obligado a comprar unos cuantos cupones en el sitio donde te encuentres y de paso comprárselos a todo el mundo. “¿Cómo? ¿Has estado en Sort, y NO has comprado lotería? ¡Idiota!”

   Y al final tienes doscientas participaciones de menos de dos euros, que no te van a reportar ni para pipas. Aunque te toque el gordo. Porque el truco está en tener billetes enteros de lotería; no participaciones del colegio de huérfanos de los amantes de la grulla campestre. Con perdón para los huérfanos de este ilustre colectivo. Porque así, si te toca algo, te tocará siempre tan repartido, que te amargarás pensando en que no le tenías que haber dado lotería a ese señor tan gracioso de Murcia que estaba de paso por la tintorería.

   Que no, que no creo en las loterías. Ya decía mi abuelo, que no hay mejor lotería que una buena economía, y a no ser que no tenga más remedio ni juego ni apuesto. –La ruleta rusa no entra dentro de esta categoría; eso es deporte y diversión al mismo tiempo, como un Kinder Sorpresa.

   Ni quinielas, ni primitivas, ni sorteos del oro, ni ciegos. No a la bonoloto, ni a las hípicas. Y mucho menos a las estúpidas apuestas estilo inglés. “Raúl marcará el primer gol del partido, antes del minuto 30, de punterazo y –aquí está el reto- NO besará el anillo”

   Que si, que sé que son un chorro de millones, la alegría de la huerta y la ilusión de las navidades. Me van a solucionar la vida, o como dicen siempre- van a tapar algunos agujeros, pero ni por esas quiero comprar Lotería, leñes.

   ¿Pero y si al final toca?

---

   Una sombra acecha al lotero a la vuelta de la esquina. El buen hombre vuelve a casa después de una dura jornada de trabajo. Hasta el día 21, Diciembre es siempre un infierno, con la gente que llama a última hora para ver si le quedan palmeras (el 85). De repente, un tipo con pinta de ansioso, lleva esperando dos horas a que el lotero pase por esa esquina.

    “Dos decimos, Alfonso. Que termine en siete”

Posted by Towsend at 15 de Diciembre 2003 a las 04:26 PM