bannerp.png

« Expofriki | Main | En uniforme de trabajo »

2 de Diciembre 2003

La chupa de cuero

    Recuerdo a un chaval de familia bien, de esos a los que la adolescencia cogió a destiempo, y que por rebelarse contra su familia se vistió de punki, se dejó rastas y maquinó maldades mientras culpaba de todo a la sociedad.

    Siempre que me lo encontraba por la calle, le seguía una nubecilla perenne alrededor de su cabeza. En un año, había pasado de ser un niño pijito a ser un tipo peligroso, de esos que se cagan en el sistema, en los Borbones y en el P.P.

    Me contaba que cierto día como no le quedaba dinero después del último fiestón que se había pegado, invitando a sus colegas a todo tipo de estupefacientes, se había dirigido hacia el armario de su padre y sacó una cazadora de cuero, de marca, que su padre apenas se ponía. La metió en una bolsa y se fue a cambiarla por un buen piedro de costo en el poblado moro de Majadahonda. Apenas saco 20 talegos de hachís por la prenda, que en tienda valía 90 o 100.

    Después, me enteré del resto de la historia.

    Puede que el padre del chico no se pusiese la cazadora a diario, pero era su cazadora favorita y dos semanas más tarde, le apeteció darse una vuelta por la calle con ella.
   -¿Oye, donde está mi cazadora de cuero?
   -No lo se, creo que me la dejé en casa del Rulillas - (Si, amigos, nuestro protagonista era un chico muy punki que tenía colegas que se ponían nombres raros a si mismos)
   -Pues vete a por ella..

    Con las mismas, el chaval se vistió con ropa que le hacía parecer que estudiaba en uno de esos colegios de Madrid, regentados por órdenes religiosas y que es donde se forma la élite de la política de nuestro país. Después se fue a una peluquería, se cortó el pelo en ella. Y así vestido, con pintas de llamarse Juan José, se dirigió con paso firme una tienda de la marca de la cazadora, italiana, de diseño, carísima en definitiva, en el barrio de Salamanca y le dijo al dependiente que le sacase cazadoras de cuero, que se quería comprar una.

    El dependiente, viendo las pintas y los ademanes que presentaba el niño, empezó a desfilar chupas de cuero quitandoles las cadenas que las ataban, mientras el cliente se las probaba. Finalmente, llegó a una cazadora igual a la del padre y nuestro amigo miró el precio. Ochenta y cinco mil pesetas -en rebajas-.

    Corriendo como alma que lleva el diablo, Aprovecho el momento en que el dependiente se daba la vuelta para sacar otra cazadora, y con ella puesta salió a la carrera de la tienda, haciendo saltar las alarmas de los arcos de la puerta, perdiendose entre el gentío de la calle Velázquez y dejando al dependiente plantado como un pasmarote, con una cazadora de cuero en las manos y un tic nervioso en el ojo.

   - Ya te he traído la chupa.
   - Muy bien, hijo- dijo el padre poniéndosela- ¿me explicas ahora lo de esta etiqueta?

Posted by Towsend at 2 de Diciembre 2003 a las 05:32 PM