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4 de Noviembre 2003

El fumador involuntario

     Cuando llego a casa, necesito pegarme una ducha para quitarme el olor a tabaco. Mi ropa huele a tabaco. Mi pelo huele a tabaco. Mi piel huele a tabaco. Ese olor agría mi carácter y saca lo peorcito que hay en mi.

     Y yo no fumo.

     En mi despacho soy el único que no fuma. Y sin embargo tengo que aguantar los –malos- humos que inundan mi Lebensraum. Y me importa una polla que sea un termino nazi; a media tarde ya no se puede ni respirar en mi oficina. Y no estoy por la labor de abrir las ventanas en Noviembre para limpiar un aire que de no ser por mis insolidarios compañeros no estaría viciado.

     Por tocar un poco los cojones, soy de los primeros que cuando alguien está fumando en el metro o en un área pública, se indigna y empieza a soltar barbaridades disimuladamente “Ya te podas morir de cáncer, so cabrón”, pero sin embargo, en mi puesto de trabajo mantengo una actitud de respeto hacia mis compañeros drogadictos, más que nada para no crearme un ambiente de trabajo incomodo.

     Jamás me he considerado un integrista de la salud, pero ahora ya no se trata sólo de mi. Me molesta llegar a casa y que me digan “hueles a tabaco, vete a la ducha”. Un solo día de trabajo, me hace terminar como si hubiese estado de parranda en la tasca más inmunda o el garito de moda de ambiente más cargado que os podáis imaginar.

     Es posible que como fumador pasivo esté condenado a padecer un cáncer de pulmón de los de no te menees, pero en cualquier caso si el humo del tabaco no me mata, ya lo hará el humo de los coches o la simple contaminación de Madrid, que hace que seamos de las pocas ciudades del mundo donde las palomas tienen tres patas y dos picos –salvo las Islas Canarias, donde las palomas también son mutantes-. Pero en cualquier caso me gustaría morir sin que me apestase toda la ropa a tabaco rubio, negro o de colores..

     ¡Voy a empezar a desarrollar una sutil guerra de guerrillas en el despacho. Voy a poner fotos de trozos de pulmones negros como el alquitrán encima de la mesa de mi secretaría o entre sus papeles. Quizás le esconda el tabaco, como le hacía a mi madre cuando tenía ocho años. Me voy a pintar un bigotito cuadrado y voy a ordenar tajantemente que no se fume en mi presencia y por ultimo, me voy a deshacer de todos los ceniceros que haya en el despacho.

     Con otra de las chimeneas humanas que vician mi aire voy a tener que ser un poco menos tajante. Como ocupa un despacho que está al final de un pasillo, simplemente me voy a dar por satisfecho con cerrarle la puerta todo el día, creando una barrera que no pueda traspasar. Si quiere estar en un ambiente viciado hasta que le escuezan los ojos, me parece maravilloso, pero por favor, que no sature mi oxigeno, que esto ya empieza a parecerse a Spaceballs. Me veo chupando aire limpio de una lata en pocos meses.

     Y si nada de ello funciona, tendré que aguantarme.

Posted by Towsend at 4 de Noviembre 2003 a las 01:48 PM