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16 de Octubre 2003

Esperando.

¡Ding! 32...
   Miro por primera vez el llamador. Son las diez y media de la mañana, y estoy en uno de los sitios que más odio en mi trabajo. La Delegación del Gobierno en Madrid, Área de Trabajo y Asuntos Sociales. A muchos les sonará a chino, así que aclaro que se trata de la administración publica que tramita en Madrid todos los asuntos de Extranjería. Tengo el numero 83 y he conseguido colarme en Información y Registro en la primera planta. A las miles de personas que pasan por aquí cada día las despachan con una cola enrome que sale del número 41 de la calle Bretón de los Herreros y da la vuelta a la manzana. De hecho los primeros días de Enero de cada año, la cola da la vuelta a varias manzanas. Para entrar en Información y registro hay que haber pedido cita a través de un numero 902 que te deja durante horas en espera, pero como han visto el color de mi piel no me han puesto excesivas trabas para entrar.

   Es una sala diáfana con cuatro mesas de despacho al fondo. Enfrente de las mismas hay muchas hileras de sillas, donde aguarda una multitud de gente. Solo hay una señorita para atender aquí. Las otras tres, me dice indignada una chica de aspecto sudamericano, han bajado a desayunar.

   Miro el llamador y me desespero. Decido sacar “el Jueves” que me he comprado esta mañana y leer.

¡Ding! 33...
   Miro el llamador, y después mi reloj. Siete minutos para atender a un chico de aspecto marroquí. Echo las cuentas de cabeza y empiezo a gimotear. Voy a salir de aquí a las mil y monas. Sigo leyendo mi revista.

¡Ding! 34...
   Miro el llamador. Nadie contesta, así que automáticamente, y sin dar apenas tiempo, la señorita vuelve a pulsar.

¡Ding! 35...
   Miro el llamador. Se levanta corriendo y levantando repetidamente la mano para que la señorita de la mesa se fije en ella, una señora algo gordita de tez morena. Sigo leyendo.

¡Ding! 36...
   Miro el llamador. Miro mi numero. Sigo leyendo.

¡Ding! 37...
   Miro el llamador. Miro mi numero. Sigo leyendo. Siguen publicando a IVÁ. Ésta es la tercera vez que veo esta tira del Maki en “El Jueves”.

¡Ding! 38...
   Miro el llamador. Miro mi numero. Sigo leyendo.


¡Ding! 39...
   Miro el llamador. Miro mi numero. Termino la revista, le doy la vuelta y comienzo a leerla de nuevo.


¡Ding! 40...
   Miro el llamador. Miro mi numero. Ha pasado casi una hora. Las otras tres señoritas de las mesas no dan señales de vida. Deben de haberse muerto. Más les vale estar muertas a esas putas de mierda, pienso yo...


¡Ding! 41...
   Miro el llamador. Miro mi numero. Sigo leyendo.

¡Ding! 42...
   Miro el llamador. Miro mi numero. Sigo leyendo.


¡Ding! 43...
   Miro el llamador, pero, de nuevo, nadie contesta.

¡Ding! 44...
   Tampoco contesta nadie esta vez.

¡Ding! 45...
   Se levanta una señora para acceder a su numero, pero a la carrera aparece un chico que llevaba el número 44. Había salido un momento a fumarse un cigarro. La funcionaria le dice que lo siente, pero que se le ha pasado el turno. Él suplica y explica que lleva aquí desde las nueve de la mañana. Ella le dice que se saque otro numero; se da la vuelta y empieza a atender a la señora del 45. El chico se da la vuelta y se va.


¡Ding! 46...
   Miro el llamador. Sigo leyendo.

¡Ding! 47...
   Paso de mirar el Llamador. Me he vuelto a terminar la revista. Rebusco en mi cartera a ver si hay algo interesante. Saco “Nana” en inglés, que me presto Germán hace un par de semanas y que tenía bastante abandonado. Me pongo a leer.

¡Ding! 48...
   Sigo leyendo.

¡Ding! 49...
   Casí las doce, cuando aparecen dos de las funcionarias que faltaban. Vienen hablando y riéndose de algo relacionado con “Gran Hermano”. La tensión se nota en el ambiente. Veo miradas de dio y puñales clavándose en las nucas de estas perras.

¡Ding! 50...

   Miro el llamador. Sigo leyendo. Casi de inmediato vuelve a sonar el sonido metálico que anuncia un nuevo número.


¡Ding! 51...
   Y otra vez. En el fondo doy gracias porque hayan venido, Ahora esto va bastante más rapido.

¡Ding! 52...
   Miro el llamador. Sigo leyendo.

¡Ding! 53...
¡Ding! 54...
¡Ding! 55...

   Miro el llamador, que vuela. No se donde estarán estos números, pero desde luego han perdido su vez. Reflexiono. Esta gente no es gente. Son números; timbrazos. La mayoría de ellos dejan las mesas con una mueca funesta. No parece que estas señoritas estén ayudando demasiado a nadie. Sólo de vez en cuando imprimen algo o sellan alguna solicitud.

¡Ding! 56...
   Miro el llamador. Sigo leyendo.

¡Ding! 57...
   Miro el llamador. Echando cuentas de cabeza, me fijo en que es la mitad de mi espera. Ya queda menos. Y ahora esto va bastante más rápido.

¡Ding! 58...
   Miro el llamador. Sigo leyendo. El libro está muy bien, pero me he dejado las gafas en el despacho y ya me duelen los ojos de forzar la vista. Lo aparto un poco y veo

¡Ding! 59...
   Miro el llamador. Miro a la gente. Hispanos, Magrebíes. Algunos caucásicos. Muchos negros. Una sociedad multirracial, todos igualados ante la administración; que no les hace caso ni a unos ni a otros. La única diferencia está en el trato. A los Españoles y a los que claramente son gestores o abogados, las señoritas les dirigen la palabra con un tono mucho menos arrogante de cómo lo hacen a un venezolano o a un senegalés.

¡Ding! 60...
   Miro el llamador. Intento seguir leyendo, pero no me concentro.

¡Ding! 61...
   Miro el llamador. Ya queda menos; me doy ánimos. Saco una hoja de clase de japonés, la apoyo en la carpeta y empiezo a practicar el hiragana. A, I, U, E, O... KA, KI, KU, KE, KO... Madre mía. Espero mejorar.

¡Ding! 62...
   Miro el llamador. Aun no me toca. Es casi la una. Tengo hambre y me suena la tripa. Sigo con el silabario.

¡Ding! 63...
   Nadie responde.

¡Ding! 64...
   Tampoco.... Mentalmente me alegro. Creo que dejo esbozar una sonrisa.

¡Ding! 65...
   Miro a mi alrededor. Nadie hace el menor gesto. Estoy tentado de ir corriendo a decir que soy yo, pero seguro que me pedirían el tique.

¡Ding! 66...
   Miro el llamador. Se levanta por fin una pareja de Magrebíes y se acercan a la mesa.

¡Ding! 67...
   Miro el llamador. Sigo con el silabario.

¡Ding! 68...
   Miro el llamador. Me doy cuenta de que hace ya una buen rato que no miro mi número. Creo que en el fondo espero que haya descendido media docena de números, pero no tengo tanta suerte. Sigue siendo un maldito 83.

   Odio a la gente, pero especialmente odio ESTE sitio. Sigo con el silabario. Cada vez falta menos para que me toque.

¡Ding! 69...
   Miro el llamador.

¡Ding! 70...
   Miro el llamador. Me fijo en un tipo trajeado y con bigote que cruza la puerta en ese mismo momento. Huele a abogado a la legua. Se acerca con todo el morro a la primera mesa y hace su consulta. La gente comienza a murmurar. Una señora está esperando detrás de él con sus papeles en la mano, mientras él, de pie y apoyado sobre la mesa, habla con la funcionaria. Finalmente y tras haberle entregado unos papeles a la chica. Se va. Cuando sale, un chaval con rasgos indios, que lleva esperando casi tanto tiempo como yo, choca deliberadamente con su hombro. Por un momento se masca la tensión, pero el abogado sale, como riéndose de todos los que llevamos allí esperando ya un par de horas. “Hijoputa”, murmuro. El señor que está a mi lado asiente.


¡Ding! 71...

   Miro el llamador.

¡Ding! 72...
   Miro el llamador.

¡Ding! 73...
   Miro el llamador. ¡Sólo me quedan diez números!

¡Ding! 74...
   Miro el llamador. De repente caigo en la cuenta que la cuarta mesa, sigue vacía. Tanta desidia me cabrea. Y a estas alturas ya estoy bastante cabreado.

¡Ding! 75...

   Nadie aparece. ¡Ole, Ole, Ole! Pulsan el siguiente número.

¡Ding! 76...
   Miro el llamador. Poco; muy poco. Ya estoy casi desesperado. Necesito ir al baño; pero no pienso dejar mi silla ahora

¡Ding! 77...
   Miro el llamador. Oigo unas voces que vienen de una de las mesas; Un tipo con aspecto sudamericano discute agriamente con la funcionaria. Él le pide que mire unos papeles. Ella se niega. Le dice que están fuera de plazo y que no puede hacer nada por él. No se de donde, pero aparece un guardia de seguridad que se posa amenazante detrás del chico que esta en la mesa, con las manos en el cinturón, en pose, John Wayne.. Ella pulsa el botón ¡Ding! 78...Miro el llamador instintivamente. El chico comienza a protestar, pero ella le dice que no puede hacer nada por él. El guardia le pide que abandone el recinto. Está Armado y no parece que le guste tratar con estas persona. “¡Puta zorra de mierda!” es lo único que se atreve a exclamar el chaval, mientras amenaza con el puño y se dirige a la puerta. El guardia le acompaña.

¡Ding! 79...
   Miro el llamador. Las dos menos cuarto. Me fijo en que la sala está a rebosar. Está gente va a estar aquí hasta las cinco de la tarde, me digo a mi mismo

¡Ding! 80...
   Miro el llamador. He guardado los apuntes de japonés. Me va a tocar en cualquier momento.

¡Ding! 81...
   Miro el llamador. Había hablado demasiado pronto. Las consultas que se están llevando a cabo ocupan casi diez minutos cada una. Maldigo mi suerte. ODIO este sitio. ¡Lo odio a muerte!

¡Ding! 82...
   Nadie responde... Y...

¡Ding! 83...
   Miro el llamador. ¡¡Mi número!! Pegando un brinco, levanto la mano, y me dirijo a la mesa que me ha correspondido..

Posted by Towsend at 16 de Octubre 2003 a las 01:30 PM