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29 de Octubre 2003

Desmanes

   Me tiene absorto el trabajo. O casi. Por lo menos no paro de picotear en unos casos y en otros, avanzando en buena parte de la tramitación de todos ellos.

   Lo malo es que cada vez que creo que estoy a punto de darle carpetazo a un asunto y me pongo a dar brincos de alegría pensando que por fin voy a cobrar algo, el destino le da una nueva vuelta de tuerca a la parodia judicial que es mi vida, haciendo que el tema se alargue otros dos meses y dejándome a mí con una mueca siniestra en la cara y un palmo de narices.

   En esta ocasión, básicamente, se trataba de inscribir una sentencia de usucapión de un inmueble en el registro de la propiedad de Madrid. Después de lidiar durante tres días con los servicios de Hacienda de la Comunidad y conseguir que declaren el inmueble exento del Impuesto de Transmisiones Patrimoniales Onerosas, me acercaba, al Registro 14 y sentia que había algo que no terminaba de cuadrar. No podía ser que después de tantos años, por fin fuese a terminar este asunto.

   Y así es.

   Básicamente, el registro dice que la sentencia está mal hecha. La Juez dice que la sentencia es impecable. Uno y otra marean la perdiz, y mientras tanto, la casa sin barrer, la Sentencia sin inscribir y mi cliente subiéndose por las paredes y echándome a mi la culpa de que Juez y registrador sean unos inútiles. Yo parto del principio fundamental de que todos somos humanos –menos el Gablin, pero esa es otra historia- y de que quien tiene boca se equivoca, pero hay gente a la que deberían coserle la boca con hilo de Adamantium y no abrirla para no equivocarse. Los jueces son esas personas.

   Mientras tanto, en otro juzgado; uno de un pueblo perdido de Segovia, me llama el procurador para decirme –atentos- que en el juzgado han perdido el expediente. No lo encuentran; ha desaparecido; ha volado. El viento se lo llevo. Nanay, kaput, finito. Y yo sentado en mi silla ergonómica nueva, miro la pila de papeles que tengo delante y me pregunto cómo es posible que en un Juzgado Pierdan un expediente entero. No un papel o dos, cosa que aunque falta imperdonable, puedo comprender –me ha pasado a mi mismo con unas consecuencias que ya comentaremos otro día-. ¡Un expediente entero! ¡De trescientos folios! Y ha volado. Si en el mundo editorial hablan de los duendecillos traviesos de la imprenta que hacen que tiradas enteras se las trague la tierra, en el mundo judicial tendrían que hablar de los genios hijosdeputa del archivo, que pueden retrasar los pleitos durante años y años.

   Para que luego la gente se queje de cómo funciona la justicia, acabo de oir en la radio que a Justicia le han recortado el presupuesto del año que viene en 20 millones de Eypo. ¡País, coño!

Posted by Towsend at 29 de Octubre 2003 a las 06:29 PM