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8 de Septiembre 2003

Una semana ya

   Una semana en el trabajo tras las vacaciones de Verano. Parece que la gente aún no sabe que tiene que volver al trabajo y están en la inopia. Mientras que el resto de la humanidad decide que ha llegado septiembre, supongo que yo puedo perder mi miserable tiempo en uno o más de los siguientes pasatiempos.

   Mirar los foros de Internet que sigo –en mayor o menor medida-, cada cinco minutos para ver si alguien había dicho algo mínimamente interesante. No he tenido demasiada suerte. Parece que la gente ha dejado su cerebro en la playa de vacaciones. No hay ni un solo troll utilizable.

   Configurar un par de cuentas de correos para mis padres. Resulta que ahora se están convirtiendo en unos adictos a las nuevas tecnologías. Lo que para mi no deja de ser un estorbo porque saben cuando estoy conectado al messenger en vez de trabajando. El problema es que se me hace muy duro poner a mis propios padres en “No admitidos”, y en casa ahora tengo que compartir mi propio ordenador con una persona más.


   Mirar el gotelé del techo. Ella-la-Araña, ha construido una bonita tela en la esquina, detrás de la estantería de los tochos jurídicos. Si; “tocho jurídico” es una palabra técnica; se trata de esos mamotretos de jurisprudencia que, desde la invención de las bases de datos jurídicas han dejado de tener ninguna utilidad. Después de todo, si en buscar una sentencia ahí se tardan tres horas y con un DVD-rom se tardan apenas dos minutos, ¿pero que sería de un despacho de abogados sin esas estanterías repletas de esos librotes de lomos azules y rojos? ¡No parecería serio, desde luego!

   vEntrenar la agilidad mental, jugando a alguno de los juegos que vienen por defecto en el Windows XP. He descubierto que no soy tan bueno como Alex, jugando al buscaminas, pero el Solitario Spider no se me da nada mal.


   Llamar a mucha gente para poner en marcha todos los expedientes que se acumulan encima de mi mesa; pero como resulta que mañana es fiesta en Madrid; el 80% de la gente que busco ha alargado sus vacaciones para poder disfrutar el puente. Madrid está vacío; o casi, lo que lo implica que he estado llamando toda la semana a contestadores automáticos. Por una parte esto está bien, porque no me apetecía hablar con la mitad de esa gente, pero por otra parte, la molicie empieza a amenazar con instalarse cómodamente hasta el 27 de Noviembre en mi despacho. Tendré que tentar al trabajo con algún hueso.

   Trabajar un poco. La semana pasada presenté la primera demanda que firmo como letrado. Creía que me iban a investir con súper-poderes, pero lo más parecido a eso que ha pasado, es que han ingresado una provisión de fondos.

   Pensar alegremente en el coche que me voy a comprar, sin preocuparme –demasiado- de cómo voy a pagarlo. He decidido, que fiel a mi divisa; los problemas afrontarlos de uno en uno. “¿Si puedes solucionarlo, para qué te vas a preocupar?¿ Si no puedes solucionarlo, para qué te vas a preocupar?", que dices.

   Aburrirme mucho, porque no puedo disfrutar de mis paseos crepusculares por Madrid. No os podéis hacer a la idea de cómo deseo que llegue de una vez el 18 de Septiembre.

Posted by Towsend at 8 de Septiembre 2003 a las 07:52 PM