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15 de Septiembre 2003

Dolor

   El dolor puede revestir muchas formas.

   La gente tiende a estar preparada ante estímulos negativos. Condicionamiento que le llaman; si vemos una cuchilla de afeitar, sabemos que corta; si vemos fuego, sabemos que quema y si vemos un bate de béisbol, sabemos que puede convertir la cabeza de un comensal en pulpa. Eso nos prepara en mayor o menor medida para distinguir los estímulos que pueden causarnos un dolor inmediato y así, evitarlos.

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   Y hay dolores a los que poco nos vamos acostumbrando.

   Por ejemplo, una mala postura, en la silla frente al ordenador va produciendo poco a poco, y durante años, pequeñas contracturas, que unos días duelen mas y otros menos; aumentando nuestra capacidad de resistir ese dolor. Así, hay mañanas en las que te levantas y te dices a ti mismo “¡Como me duele el hombro! Debería ir a ver a un masajista”; pero sin embargo, después de una ducha y un café, te has olvidado del dolor de la espalda. No es que haya desaparecido; ni mucho menos. Simplemente, en ese momento has superado un poco el dolor de espalda . No es que ya no duela. Simplemente, no tienes tiempo de ocuparte del dolor.

   Y así, poco a poco, nuestro umbral de dolor se va elevando, dando por buenos y por normales los pinchazos que vas sintiendo en la espalda; hasta que un buen día, después de una mala noche, te despiertas con el hombro entumecido y una tortícolis que te impide girar el cuello.

   Al despertarme, estaba convencido de que sabía lo era el dolor. Sin embargo, después de lo de esta mañana puedo asegurar que el dolor mide 1'60, es rubia y parece tan enclenque que a simple vista nadie diría que es capaz de hacer que un hombre adulto aúlle de dolor. El dolor se llama Beatriz; y es fisioterapeuta.

Posted by Towsend at 15 de Septiembre 2003 a las 10:25 AM