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9 de Marzo 2003

Culto al cuerpo.

   Me han avisado que el domingo que viene subimos a la Pedriza a escalar. Mi barriga se queja y llora ante la perspectiva de tener que desaparecer en 7 días.

   Si no quiero hacer el más espantoso de los ridículos, voy a tener que reducirla a su mínima expresión; y coger algo de fuerza en los dedos y las manos tampoco estaría mal.

   Hace tiempo -una eternidad, me parece- yo era un tipo deportista. Vale que en el colegio jamás fuí de los futboleros, ni de los que se pasaban los recreos encestando canastas, pero si que hacía mis pinitos con los deportes. Hasta hace bien poco, aún mantenia mis patines de hockey limpios y engrasados, y el balón de rugby, en la bolsa de deportes.

   Incluso durante una temporada estuve apuntado en un gimnasio. Me di de baja porque prefería correr media hora al aire libre antes que machacarme cincuenta minutos en un circuito de máquinas. Pero incluso de eso hace ya mucho -demasiado- tiempo. No corro, no juego al hockey; y hasta hace dos días estaba feliz así... Mardita la hora en que me quejé de que no me gustaba madrugar los domingos. Al final acabaría leyendo esto, la persona menos indicada para ello.

   No quiero que se me malinterprete. Aborrezco -concientemente- toda la parafernalia de la cultura del culto al cuerpo que nos rodea, pero con todo, reconozco que la televisión y las revistas me han influenciado lo suficiente como para decir que es por propia voluntad que quiero machacrme haciendo ejercicio. Quiero tener una tripita tersa y dura, producto de 4.000 series de abdominales y dorsales, antes que mi compañera de cervezas y comilonas, que ahora mismo me mira lastimeramente desde el otro lado del ombligo.

   Me parece que la oigo quejarse. Ella me ha dado los mejores años de su vida, dice. Se ha preocupado que no me faltase grasa en el invierno, y me ha dotado de una resistencia a la cerveza, envidiable para mi tamaño y constitución. Lo siento querida, pero se acabó. Mi ego masculino necesita que desaparezcas por un tiempo -el suficiente para ver que aun soy joven y que en cualquie momento puedo ponerme en forma otra vez-.

   vete despidiendo de la comida basura, de las grasas, de la cerveza, y por supuesto, del cocido de los Miercoles en el Mesón "El Paisano". A partir de ahora y hasta nueva orden, dieta rica en hidratos de carbono y mucho ejercicio.

Posted by Towsend at 9 de Marzo 2003 a las 11:37 PM