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24 de Marzo 2003

Cordero en un palo

   Hace tiempo que quería hablar aquí de los Kebabs; esos establecimientos de comida rápida turca que han proliferado en el último año y medio o dos años en Madrid. Es cierto que existen en la capital desde hace más de 20 años, pero ha sido en los últimos meses cuando se han puesto de moda. Cada día que pasa descubro que han abierto uno nuevo en mi zona. Más o menos como los ultramarinos regentados por chinos.

   Estos establecimientos ofrecen unos bocadillos en pan de pita de carne de Cordero o pollo, con algo de verdura. A pesar de que en principio parece simple, están siempre hasta arriba de gente ¿Su secreto? La endiablada salsa blanca me imagino. Por poco más de 3 eypo, tenemos una comida que rivaliza con el Whopper de turno o con el Big Mac en cuanto a cantidades de grasa que ingerir. Más barata; y en principio, no colaboras con el capitalista e imperialista yanki -es una observación-.

   Originariamente, el kebab consistía en filetes de carne de cordero adobados con aceite, pimentón y otras especias, macerados durante uno o dos días en vasijas de barro. Despues se espetaba la carne como u ipnco moruno gigante y se rustía a la parilla. Claro que como he dicho eso era originariamente. Hoy en día, para hacer kebab, la carne de cordero -y Dios sabe que mas- se pica hasta reducirla a una pasta para despues adobarla y meterla en moldes tamaño familiar que se van cociendo frente a una resistencia. Cada vez que los veo, me acuerdo de ua mosca volando feliz hacia una trampa de luz ultravioleta.

   El primer consejo para reconocer un retaurante de Kebab de los antiguos; de los rancios; de los buenos, es fijarse en la parrilla Si lo que da la vuelta en la espeta mecanizada es un trozo informe de comida para perros, huye. En un Kebab de verdad, la carne es un montón de filetes de carnes ensartados uno detras de otro. Hay pimenton en polvo encima de la barra y huele a cebolla recien cortada.

   Si además para cortar la carne usan una máquina eléctrica en vez de un cuchillo jamonero tamaño familiar, huye también. Jamas me comería un trozo de carne arrancado con una esquiladora.

   Si los pans de pita son mas gruesos que tu dedo gordo, puedes estar seguro de que los han elborado con levadura, y eso para cualquier degustador de kebab es un sacrilegio.

   Para terminar, si tu restaurante de kebab está regentado por un tipo que ni es sucio ni maldice en arameo cuando pides "un mixto sin cebolla", si no que lleva un pulcro uniforme de una franquicia multinacional, puedes estar seguro que además de carne de cordero, lo que estás a punto de engullir es algo más.

   Si escribo todo esto, es porque hoy he vuelto a comer en un Kebab de los nuevos y me ha sentado definitivamente mal. He tenido una de las digestiones más pesadas que recuerdo. Y recuerdo muchas digestiones pesadas. Me da la sensacioó que durante una temporada, se han acabado los kebabs para mi. ¡Viva el pincho de tortilla y el bocata de calamares!

Posted by Towsend at 24 de Marzo 2003 a las 11:32 PM