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Octubre 19, 2005
¿hasta donde puede llegar la mercantilización?
Algo de lo que me siento muy orgulloso es que este blog nunca ha tenido publicidad propia, allá en su momento en zonalibre la tenía pero no era mía sino del servidor y siempre pedí a mis lectores que se instalaran diverso software que lo bloqueaba, quería un espacio libre de mercantilización, libre de negocio y de dinero en un momento en el que todo se compra y se vende donde parece que no hay nada sagrado: la imagen propia , la de los demás , los momentos íntimos, los no tan intímos, la dignidad, todo, absolutamente todo está en venta.
En parcelas como la vida privada de un famoso o de un famosete estoy convencido de que existen tasas perfectamente reguladas que guían el precio del intercambio ¿Cuanto vale un posado? ¿Y un video? ¿Aparecer desnudo o desnuda? ¿Ir a un programa?, se han montado un negocio a costa de vender exclusivamente "su vida" y lo digo entre comillas porque no es real, porque está condicionada precisamente por ese mercado donde se vende a más morbo más dinero.
Tenemos otras cosas impactantes como el que los soldados americanos cambian fotos de muertos a cambio de acceso libre a pornografía en internet, un macabro mercado de compra venta (que no me parece mal que los marines vean porno) que no respeta ni el más minimo derecho a la dignidad, y para el que diga que más da si están muertos, por lo menos la de los familiares hay que salvaguardarla.
A veces me pregunto si todo el mundo tiene un precio, incluso yo me pregunto si tengo un precio, muchas otras veces me pregunto donde empieza la libertad de comerciar con lo que uno quiera y donde acaban los derechos de terceros.
Esta reflexión me viene por dos cosas:
A) Un debate sobre la prostitución en la asociación de la facultad. Yo defiendo la libertad de una persona de comerciar con su cuerpo, haciendo enfasis en la libertad es decir que no sean causas económicas ni sociales las que lleven a la persona a prostituirse ni tampoco la acción de las mafias. Es una decisión, que yo no tomaría y que probablemente destruiría una relación sentimental que yo pudiera tener, pero que más allá de ese ámbito, respeto la decisión y no creo ser nadie para impedir legalmente a otra persona ejercer dicha tarea.
B) Una Noticia sobre que en Gran Hermano Holanda una mujer ha dado a luz y no de forma fortuita, al contrario, la productora lo sabía y lo tenía planificado.
A mi me parece deleznable, tanto el hecho que alguien puede querer ver un parto en directo por la televisión (bastante tendré si llego a ver uno en vivo), o como alguien puede llegar a vender un momento así de su vida ¿Hay dinero para pagar eso?.
Y otra pregunta que me asalta ¿Quien soy yo para prohibirle a nadie que venda ese momento? La argumentación vía los derechos del niño/a tiene peso, pero no termina de ser suficiente o al menos no para mi ya que la madre es su tutora y puede alegar que con ese dinero podrá ofrecerle grandes oportunidades a su hijo. Igual, lo que tengo que hacer es esforzarme porque la gente no quiera consumir ese tipo de producto, igual es bueno que desde aquí pida a la gente que reflexione y tratar que se den cuenta que hay cosas en esta vida que no tienen precio o tal vez lo que deba hacer es callarme y dejar que todo siga así, a fin de cuentas ¿Quien soy yo para predicar a nadie?
Salud!
Posted by Michael at Octubre 19, 2005 6:25 PM | Menéame
Comments
Tienes, básicamente, el mismo derecho que cualquiera a predicar sobre cualquier cosa.
En la mercantilización de la vida actual, cada uno tiene su opinión de por donde deberían ir los tiros y todo el que quiera puede expresarla.
El problema viene dado, desde mi punto de vista, cuando entramos en el terreno más farragoso de la injerencia para con terceros, es decir, en cómo afecta dicho negocio a otras personas (como bien apuntas). Y más en concreto, cuando conectamos todo ello con los valores que cada uno pueda tener sobre toda clase de concepciones particulares.
Personalmente, que alguien venda su vida o su intimidad me importa más bien poco. Me basta con no prestar atención a tales cuestiones. Los famosillos que entran en ese vínculo vicioso se exponen a generar un interés público que limita su libertad en cuanto a derechos tales como el honor o la propia imagen. Allá ellos. No soy nadie para decir qué está mejor o peor. Mientras exista esa demanda pública de saber (sea compartida o no) y uno permita a los demás entrar en tales facetas de su vida estamos desde mi punto de vista en lo permisible tanto en términos jurídicos como éticos, siempre en términos generales. Es decir, no se hace daño o se molesta a terceras personas más allá de lo tolerable. Si el famosote de turno que tiene como ocupación principal contar sus intimidades se ve rodeado por una nube de paparazzis, no tiene, bajo mi visión de las cosas, más que aguantarse. Ese es el precio que ha escogido pagar. Allá el…
A mí, fíjate qué paradoja, no me preocupa tanto el hecho de que alguien quiera vender tal o cual cosa, sino que los demás tengan derecho a prohibirlo. Antes de que te me lances a la yugular, déjame explicarme…
Mi preocupación se centra en el lado opuesto de la balanza, es decir, en el riesgo que entraña imponer concepciones de lo que es digno o no. Y es que me resulta mucho más peligroso que lo que alguien pueda tener por digno o adecuado se expanda más allá de su propia parcela de pensamientos personales. Es decir, que la cuestión bajo mi punto de vista no es “¿qué puede o no venderse?” sino más bien “¿hasta dónde debe llegar nuestra indignación?”.
Por mucho que me moleste todo el mudillo de la prensa rosa, no me atrevería a decir que debe ser prohibida, ni mucho menos. Esto es un ejemplo peregrino, pero puede ilustra muy bien a lo que me refiero: hasta dónde tenemos derecho a sentirnos inquietados o molestados en nuestras creencias. Y es que, la gente, tiene una facilidad asombrosa para identificar lo que le parece mal y qué ha de ser digno de respeto bajo su punto de vista y demandar protección para ello, pero no para identificar que ha de tutelarse bajo otras concepciones. Éste es un juego que emplean los políticos continuamente (en especial cierto sector que todos conocemos). El “no jugar” con ciertas cosas, el “cómo se atreve usted a…”.
Resumiendo, que todo el mundo es muy libre de hacer lo que quiera con “sus dineros”, siempre y cuando sean suyos (no de los demás) y no esté obligado a gastárselos. Al que no le guste, que no lo haga. Y si eso no es suficiente, siempre podrá empeñar “sus dinerillos” en mostrar su disconformidad. Al final, creo, esa es siempre la posición más sensata.
“Igual, lo que tengo que hacer es esforzarme porque la gente no quiera consumir ese tipo de producto, igual es bueno que desde aquí pida a la gente que reflexione y tratar que se den cuenta que hay cosas en esta vida que no tienen precio o tal vez lo que deba hacer es callarme y dejar que todo siga así, a fin de cuentas ¿Quien soy yo para predicar a nadie?”
Chico, no te calles. Da a la gente tu opinión. Si el personal puede ponerse de parto en directo, tú tienes todo el derecho del mundo a pensar que hay cosas que no deberían (nótese el condicional) tener precio. Además, piensa que mientras alguien pueda aparecer ante un país con sus partes nobles al aire, cagándose y meándose encima, y gritando por culpa de un doloroso desgarro vaginal más que probable (80% en partos normales según escuché el otro día), nadie podrá decirte seriamente que no eres nadie para dar una opinión…
Saludos.
Angellus.
Posted by: Angellus at Octubre 20, 2005 12:19 AM
All is great guys, but I belive vortelucius is much better.
Posted by: Kamurangous at Noviembre 22, 2005 10:49 PM