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Septiembre 7, 2005

Noche Ciberpunk

Ayer me lo pasé muy bien, quedé con Galah y con H. en un principio para ir a un garito a escuchar blues, y la verdad fue la ostia, el bar se llama la coquette y está por Opera, no tiene ningún desperdicio, a raíz de él se me ocurrió que hace mucho que no escribo ningún relato y que quizás sería un buen momento.

Con él os dejo a ver que sale

Subimos los tres, Galah, Fer y yo trabajosamente por la cuesta del parque del oeste en dirección a la A6, había que ser muy duro, o muy tonto para meterse de noche en él, y mucho más para tan solo por fumarse un porrillo y yo no sabía si eramos lo uno o lo otro. Mi padre me había contado que nunca tuvo demasiada buena fama, pero desde la crisis del 15 (el 2015) las cosas habían ido a mucho peor, ya casi nadie paseaba por él, mendigos,yonkis prostitutas y camellos habían tomado el parque y la policía solo patrullaba los bordes del parque desde sus coches, a pesar de estar en una zona tan importante.

El bus no llegaba y hacía un frío infernal, solo era Septiembre, pero las maravillas del calentamiento global habían conseguido que pasaramos en un mes de los casi 47º a la sombra a un frío que se te metía hasta en los huesos,intenté mirar el termómetro que había en la parada pero alguien había roto la pantalla, no puedo entender porque la gente destruye las cosas que son de todos, porque también son suyas. Todos encendimos un cigarro, ya no funcionaban las antiguas invocaciones de encenderte el piti y que viniera el bus, el transporte público era una auténtica aventura. Me fijé en Galah que se movía para paliar el frío con sus pantalones elásitcos, su chaqueta ceñida y el pelo negro recogido en dos moños teñidos de rosa, me miró, me sacó la lengua y le dio otro tiro a su cigarro. En todo este tiempo Fer estuvo callado, no era muy hablador, además se le notaba nervioso, al día siguiente se incorporaba en su puesto de madero, todos le habíamos dicho que estaba loco, ser poli en aquel tiempo era un suicidio, en las ciudades convencionales ya solo vívamos lo peor de lo peor, aquellos para quien la ley de la calle era más efectiva, más real que la que cualquier politicucho pudiera dictar, y para aquellos "afortunados" que p vivían en las grandes ciudades corporativas solo regía la ley de la coporación para la que trabajaban. Era curiso aquellas grandes ciudades eran casi como micropaises, y habían empezado a surgir cuando mi padre tenía más o menos mi edad.

En mitad de aquellos pensamientos llegó justo el autobus, atestado de gente como no, pasamos las palmas de las manos por un lector óptico que conectó con el chip que llevabamos implantado bajo la piel y revisó que estabamos a cuenta de pago del abono transporte. Había sido un puntazo encontrar en la red los planos del chip y moviendonos habíamos conseguido que una amiga informática nos hiciera el chip y todos los meses "lo pone al dia" en cuanto al pago. El viaje fue pesado, sin espacio, vigilando que nadie cogiera lo que no era suyo, intentando hablar pero no era fácil, la conversación se mezclaba entre el terrible ruido que hacía el viejo motor y otras conversaciones en mil lenguas distintas, Madrid era la nueva Babel.

Llegamos a Callao, cuya plaza seguía abierta desde hacía más de cinco años, el ayuntamiento se había comprometido a terminar la obra ese año pero lo cierto es que ya llevaban diciendo dos años lo mismo, y el servicio en el metro se había restituido, aunque omitiendo aquella parada. El Palacio de la prensa, había ardido y ahora las ruinas del edificio estaban ocupadas por un gran número de sin techo, nadie puede decir a ciencia cierta lo que pasó, solo que fue curioso el hecho de que las llamas se ensañaran con un diario gratuito que había denunciado numerosas irregularidades corporativas. Dentro de aquel ambiente de decadencia, lo único que desentonaba era una enorme pantalla en uno de sus edificios, donde antaño había habido un cartel luminoso que anunciaba un refresco, yo había visto fotos de él. Durante horas y horas vomitaba publicidad mezclada con noticias, en cualquier momento podías ver a gente embobada viendo la publicidad de cosas que en muchos casos, jamás podrían comprar.

Bajamos desde callao a Sol , era un pequeño rodeo,podíamos llegar a nuestro destino callejeando, pero ya habíamos hecho demasiadas tonterías aquella noche con lo del parque, mejor ir por calles grandes. Al llegar a aquella plaza donde durante tantisimos años se había celebrado el principio de cada año, me recorrió un escalofrío producido por la nostalgia de mi infancia y la decadencia del lugar, desde que hacía diez años un cortocircuito había destruido el relog y ya no se había vuelto a arreglar, no había dinero decía el consistorio y ahora la gente tenía que celebrar el fin de año, viendo las del pueblo de nose donde.

Entramos en un restaurante de comida rapida, buscamos la hamburguesa de oferta porque tampoco es que hubiera para hacer muchas tonterías, la noche no iba a resultar barata, hicimos una cola y pude notar la tremenda segregación en los empleos de todas las personas a las que vi atendiendo, solo dos parecían autóctonos, y encima uno de ellos era el encargado, me cabreaba y no por motivos racistas, sino porque las corporaciones se aprovechan de esos inmigrantes para pagarles lo menos posible, menuda mierda.

Salimos de nuevo al frío, mientras engullíamos nuestras hamburguesas, cuando llegamos al local, yo ya me había zampado la mia ante la atónita mirada de mis compañeros, terminaron de cenar y entramos. La coquette era un viejo bar, mi padre lo conocía y sonrió cuando le dije que iba a ir allí, nada más entrar la sensación térmica varió y tuvimos que quitarnos muchisima ropa, era pequeño y acogedor, con pequeñas mesitas y banquetas para sentarse, todo el mundo parecía conocerse y a nadie le importaban las pintas o lo que hicieran los unos o los otros. Nos sentamos y cada uno pedimos, de los altavoces salía un blues muy tranquilo, esperamos impacientes charlando sobre banalidades, hasta que el concierto empezó.

Muchos músicos de ahora utilizan sintetizadores bio-implantados, se conectan las guitarras a sus clavijas y dicen tocar, normalmente suelen ser los niñatos de las corporaciones musicales. Esta gente que subía no tenía esos implantes, ni siquiera podrían juntar en su vida el dinero necesario para semejante operación, tenían que meterte movidas en el cerebro y todo, pero como una vez me dijo uno de ellos:
Una maquina no puede tocar un blues, eres tú y tu guitarra y el 80% del blues eres tú no tu guitarra.

El concierto fue increible, escuchandolos podías volar hacia aquellos días en los que nació aquel sonido, lejos de la decadencia de aquelllos tiempos pero igualmente cargados de un deje de tristeza, la gente en silencio escuchaba y asentía como al ritmo de la música para tras cada canción aplaudir fervientemente. Jamás sabrían lo que es tocar para miles de personas, pero por la epxresión de sus caras parecía que era todo lo que necesitaban cuarenta personas en un sotano escuchandoles y difrutando con ellos.

Tras un buen rato los músicos se tomaron un descanso, cogí mi cerveza y brindé por Daniel, todos nos ensombrecimos por el brindis. Daniel era un muy buen amigo, que había caido muy abajo y se había terminado matando así mismo, sobredosis dijeron, sabíamos que le habría gustado haber estado ahí, pero sus elecciones no se lo permitieron.

Después nos decidimos a no pensar más en ello, y rememoramos todos juntos como Galah había confundido en el autobus a una señora bajita, que podría ser su madre, con una niña y como la había hablado con una especie de tono maternal a la pobre señora para ofrecerle su sitio, entre risas terminamos nuestras cervezas y nos preparamos para la segunda parte.

La segunda parte fue si cabe mejor que la primera, los distintos músicos que había de otros grupos fueron subiendo invitados y tocando los instrumentos, se respiraba algo en el ambiente.

Cuando terminaron salimos en dirección a coger el autobus, alejados del calor de aquel sitio el frío y la decadencia volvían por igual, las calles grises, oscuras y sucias, en la parada una señora con su hijo pedía para coger el autobus, se me antojó que de aquello podía salir un buen blues, lastima que no supiera componer.


Bueno, probablemente sea un jodido tostón de post, le pasa lo mismo que a muchos de mis relatos le falta conflicto. Con esto he querido mezclar lo que hicimos ayer, con un poco de ficción que es todo el mundo decadente que rodea a los personajes, por si alguien quiere ver algun intento de señal , no responde a mi estado de ánimo, sencillamente me parecía una buena oportunidad de ambientar algo, en un mundo así, que es a donde sinceramente creo que caminamos.

Salud!

Posted by Michael at Septiembre 7, 2005 2:08 PM | Menéame

Comments

muy bueno, si señor.
una buena noche la k imaginaste tambien.
a ver si mañana repetimos.
muy bueno lo de daniel, pero sabes?
somos lo que hacemos para cambiar lo que somos.
y las sobredosis nunca fueron buenas.
beso

Posted by: galah at Septiembre 7, 2005 11:04 PM

All is great guys, but I belive vortelucius is much better.

Posted by: Kamurangous at Noviembre 22, 2005 10:57 PM

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