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Febrero 25, 2013

Lo racional es ser un sinvergüenza

Una de las máximas del objetivismo es que el mejor resultado posible para una sociedad pasa por maximizar la actuación individual de todos sus miembros.
Dicha máxima encuentra cierta resonancia en diversas teorías económicas -sobre todo neoclásicas-, entreverándose con un tema central de la materia: los incentivos.
Y se construye sobre la intuitividad de su enunciado, pero ¿qué pasa cuando el beneficio de uno perjudica a otro, u otros?

Esto se pregunta Chris Dillow en este artículo:
Encouraging irrationality

A juzgar por las evidencias de la reciente crisis, de la creciente desigualdad social, del clima político actual, etc, parece prudente convenir que la maximización del individualismo, por más racional que sea, está provocando un daño brutal en el nivel de bienestar general. O dicho de otra forma, muchas conductas racionales individuales pueden generar una conducta irracional colectiva.

¿Por qué una empresa se tendría que someter a las leyes de la libre competencia si podria obtener un mayor beneficio manipulando las reglas del juego vía sobornos, espionaje, chantaje, etc? Respetar las leyes sería irracional; tanto más si a la oportunidad de hacerlo unimos la remota posibilidad de que sancionen su comportamiento.

¿Por qué los políticos deberían de ser honrados y perseguir la actividades propiciatorias de esa o cualquier otra corrupción?
¡Joder, mirad a Bárcenas! Es la prueba viviente de que lo racional es ser un sinvergüenza, y como en el caso de las empresas quedará impune, o sufrirá una mínima sanción de conveniencia para mantener las apariencias sociales.

El neoconservadurismo incluso ha elevado el egoísmo a la categoría de verdad mistagógica tras la que se oculta la razón de la evolución del ser humano, abstrayéndose de las evidencias antropológicas que apuntan hacia otros factores que también pudieron ser determinantes, como la cooperación -incluso desinteresada- dentro de grupos de homínidos, yéndonos al extremo opuesto.

El culto individual lleva camino de 40 años apoderándose del discurso económico, político, filosófico, literario, etc, ha sido un tiempo de retroceso en muchísimos aspectos, e incluso en aquellos en los que se ha avanzado a menudo han sido capitalizados por una minoría, redundando en un menor nivel de desarrollo del bienestar general.

Quizá sea hora de desterrar viejos fetiches y probar otra cosa.

Posted by Isabelo at Febrero 25, 2013 2:28 AM

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