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Abril 16, 2009

Fernández Ordóñez

Desde hace meses me maravilla el intrusismo político en el que incurre Miguel Ángel Fernández Ordóñez, no bien tiene oportunidad, opacando un oficio bancario que empieza a despertar antipatías, cuando no abiertos -por más que subrepticios- rechazos.

Ordóñez, que hasta ahora nos había trasladado sugerencias estrictamente locales para paliar la actual crisis mundial, basadas en el adelgazamiento del estado de bienestar -supongo que en la creencia de que si se tiene menos, también habrá menos que echar en falta; ejercicio político lindero con el muy español muerto el perro, se acabó la rabia-, tales como rebajar la presión fiscal y las cotizaciones sociales a los empresarios*, o la despenalización del despido -repetida como un mantra hasta el hartazgo por las diferentes patronales y otros muchos y muy diversos conservadores, entre ellos el Partido Popular-.

Nos quieren presentar la liberalización del despido como condición sine qua non para la creación de empleo, y lo hacen sin acusar la menor antífrasis.
Está visto que el abnegado y filantrópico empresario necesita de la protección y asistencia del Estado, frente a los inhumanos desafueros del vil proletariado. Sólo la más absoluta precarización laboral y la atomización de cualquier derecho o cobertura social del trabajador, generará el contexto necesario para que el buen empresario acepte recogerlo en su seno.
Para llegar a semejante contexto favorable necesitaremos conducir al proletariado hacia un gregarismo sin complejos ni ambiciones, dejándolo reducido a un estado de servidumbre para anular cualquier ánimo reivindicativo.

La última perla de este banquero inaudito es la sugerencia de elevar la edad de jubilación, al menos hasta los 67 años, para así garantizar la sostenibilidad de las pensiones. Advertencia que hizo, además, jalonada por una llamada a la moderación del gasto público; porque una cosa es asaltar el erario público para sostener el negocio bancario, a cuenta del déficit estatal, y otra muy distinta malbaratar ese déficit en el ciudadano.

Puede parecer irónico, pero entiendo perfectamente a Ordóñez. Para alguien con su trabajo, su nivel de vida, su más que seguro plan de pensiones multimillonario, con esa miríada de consejerías delegadas esperándole pacientemente a que cese en el Banco de España, tiene que parecer perfectamente comprensible el aumento de la edad de jubilación.
Se podría achacar una poco elegante comparación, por ejemplo con un albañil, que ocupe entre dos y tres horas para ir y venir de su puesto de trabajo -puesto de trabajo, como otros muchos, sujeto igualmente a movilidad y disponibilidad geográfica-, las condiciones de intemperie o penosidad del mismo, las muy habituales jornadas de 10 ó 12 horas, etc, etc.

Parece evidente que para Fernández Ordóñez, la solución para la sostenibilidad del sistema de pensiones pasa porque muchos trabajadores no lleguen a cobrarlas, o lo hagan el menor tiempo posible.
Así como por racanearles un puñado de euros a los jubilados, jugando a los polinomios con la contributividad; Ordóñez, en buena lid, pensará que a un jubilado igual le dará cobrar 800 ó 700 euros, estando en ambos casos cómodamente instalado en la miseria.

Como corolario de estas reflexiones, yo, siempre al servicio del neoliberalismo internacional, propongo un contrato coyuntural, como el que propuso la patronal contra la crisis: un contrato a perpetuidad que sustituya al indefinido, y del que sólo se libre el trabajador con la propia muerte.
La coyuntura duraría mientras los trabajadores mantengan la obstinada excentricidad de pretender que se les remunere satisfactoriamente el trabajo que realizan.


* Rebaja de la presión fiscal que unida a la falacia neoliberal de la reducción de impuestos -reducción de los impuestos directos, e incremento de los indirectos, de las tasas, y de cualquier otra recaudación extraordinaria indiscriminada-, provocaría una pérdida paulatina de poder adquisitivo a la gran mayoría de la población, y dejaría al Estado en una situación de quiebra técnica, cercenando su autonomía para realizar cualquier política efectiva.

Posted by Isabelo at Abril 16, 2009 11:04 PM

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