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Enero 17, 2008

Manolo Pizarro, o el día en el que a Gallardón le dieron por donde amargan los pepinos.

Manolo Pizarro, perteneciente a esa curiosa raza de funcionarios devenidos en multimillonarios, constituye el último vestigio del milagro económico del gobierno popular de Aznar, basado en la descapitalización del estado, la especulación, etc, etc.

Aunque empezó a medrar con UCD, seguramente persuadido de que como abogado del estado no podría colmar sus aspiraciones –sobre todo las económicas-, fue la dadivosa y proverbial mano de Aznar la que apartó a nuestro Manolo de una sucesión de oscuros cargos burocráticos, para auparlo hasta la primera línea del Pelotazo Nacional, sólo unos pasos por detrás de Juan Villalonga.

Pizarro, a quién nadie en este país sería capaz de poner cara, o conocería siquiera de oídas, si no fuera por la absurda y misteriosa labor de esbirro leal que desempeñó durante las OPAS de Gas Natural y Eon sobre Endesa –en cuyo transcurso se embolsó más de dos millones de euros en plusvalías-.
Misteriosa, porque es difícilmente entendible la ardorosa defensa que mantuvo de la opción alemana, con grandes e inefables momentos, como cuando nos hizo partícipes de su humilde opinión, al aclarar que prefería que fuera una empresa alemana y no catalana, la que comprara Endesa.
Difícil de comprender, incluso enunciando la militancia popular de facto del interfecto como una variable de la ecuación; pero supongo que sería de malpensados ver intereses extraños o espurios, detrás de la genuina actitud del exdirigente de Endesa.

El tema de las OPAS sobre Endesa daría para hablar largo y tendido; a poco que se conozca superficialmente la situación eléctrica de nuestro país, resultan inescrutables las razones comerciales que se puedan argüir para invertir en el sector. Un sector carcomido por la obsolescencia, endémicamente deficitario en infraestructuras y medios... ¿cómo puede ganar dinero una empresa privada en este sector, si es que puede hacerlo?
Pues poder puede, y el camino es muy sencillo: precarizando el servicio –aún más-, y precarizando la situación laboral de sus trabajadores. A medio-largo plazo, el resultado serían más crisis energéticas como la que afectó hace unos meses a Barcelona.

Pero volvamos con Pizarro, y con el hecho de que su ascenso venga consustanciado con la circense defenestración de Alberto Ruiz Gallardón -aunque no sólo el alcalde de Madrid puede sentirse damnificado, Eduardo Zaplana, el mago de la coctelería, se verá desplazado como poco al ingrato número tres de la lista popular por la capital del imperio-.
Esta nueva vuelta de tuerca hacia la ultraderecha y el neoliberalismo más salvaje, aunque pueda ser acusada por Rajoy en las elecciones, le ha granjeado de entrada encendidos ditirambos de quién hasta ahora, como Federico Jiménez Losantos, sólo le llamaba maricón –algo es algo-.

Y Rato qué andará haciendo ¿nadar y guardar la ropa? ¿O se habrá pasado con algún órdago?

Posted by Isabelo at Enero 17, 2008 8:17 PM

Comments

A Rato le ha fichado el Santander, para que veas si lo hizo bien...

Y respecto a los movimientos en el PP lo único que me quita el sueño es la ¿remota? posibilidad de que Ana Botella sea alcaldesa de Madrid en abril. Fíjate, ahora ansiando a Gallardón...

Si eso sucediera, lo bueno sería que tras el trienio ominoso y si la gente votase de forma consecuente, el PP no volvía a ganar en Madrid en otros veinte años. Ah, espera... que no.

Posted by: Germán at Enero 19, 2008 1:27 PM

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