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Enero 13, 2006
No están
Bueno, vamos a ver. Creo que en mi casa se beben las aspirinas. Se las deben deshacer en agua o zumos de frutas como el que deshace el Avecrem sobre un guiso, pringándose las manos del aromilla a naranja pocha. No, el Avecrem no sabe a naranja pocha, es el ácido acetilsalicílico, que tampoco, pero si es en forma de aspirina, sí. Porque tengo un dolor de cabeza escurrido hacia el lateral derecho de la nariz (lleva todo el día inside my coco, es normal que haya descendido hasta lugares menos ortodoxos el muy jodío) que no se va, tal y como os lo cuento, y que estoy deseando eliminar de una manera menos violenta que dándome cachetazos o golpeando mi cabeza contra el posamanos del portátil, que no tiene culpa de nada el pobre y además acaba volviendo loco al ratón táctil. ¿Alguien sabe cómo puedo desactivar el ratón táctil?
Precisamente en estas estaba, iba ya por el cuarto tortazo en la testa, cuando me han dado ganas de tomarme un colacao y dejar de lado por una noche mis experimentos nocturnos con la tetera de émbolo y el café descafeinado, así que he ido a la cocina y muy sigilosamente he cogido mi tacita de porcelana de Birthdays, he abierto el bote de Colacao, he metido la cuchara y he vaciado su contenido dentro de la taza. En ese momento he comprobado que a Chip se le habían caido dos dientes ya, en vez de aquél primigenio premolar que le faltó al poco de estrenarla. Y lo que es peor, he visto con mis propios ojos que tenía una grieta, un incómodo y antiestético pelo largo, hasta abajo, que ha convertido automáticamente a Chip en una taza anciana y desahuciada de la vida. "No te fallaré, pequeña", le he dicho antes de verter leche y meterle minuto y medio en el microondas para acordarme del hámster que un amigo metió en el suyo y observar las evoluciones de las pompitas de Colacao. A veces pienso que el Colacao es un agente dañino en polvo disfrazado de inocente chocolate, pero eso mejor lo cuento otro día.
Mientras veía las pompitas de hace un rato no pensaba en eso exactamente, pensaba más bien en las apocalípticas advertencias de la madre de una antigua compañera de colegio el día que vio cómo me asomaba al microondas como el que se asoma a la mirilla de una puerta. ¡No! ¡No te acerques, es malo! ¿No ves que te vas a quedar ciega o vas a pillar cáncer? En aquél momento no, pero ahora, de haberlo oído, le hubiera sacado cierto juguillo antionanista a aquella mujer de Dios (nunca mejor dicho) que no supo comprender la atracción que ejercen sobre mí los microondas. Después de besar apasionadamente a Chip durante exactamente 2 minutos y 24 segundos (tengo un reloj nuevo y he de amortizarlo) he ido en busca de una aspirina, ilusa de mí, pero solo he encontrado tiritas, oraldine, antibióticos, un par de pomadas para las contusiones, unos sobres para diluir y hacer enjuagues y mis antidepresivos. Los antidepresivos me los he llevado al cajón de mi mesilla y los he metido en la caja retro de Nestlé, porque me estaban echando de menos y merecen un sitio más digno. De las aspirinas, ni rastro. Ya digo: se las beben.
Posted by Irene at Enero 13, 2006 2:36 AM
Comments
I-bu-pro-fe-no.
El dolor de cabeza sale asustado en diez minutos. Cinco si te tumbas en la cama y te relajas un rato.
Posted by: Adrian at Enero 13, 2006 3:10 PM
/me chilla
Adrián, no vuelvas a mencionar en mi presencia ese compuesto del demonio que me tiene el estómago hecho papilla cada 28 días. Porfa please >_
Posted by: Rear Window at Enero 13, 2006 6:01 PM
Cómprate tus propias aspirinas y las metes en tu mesilla, es la única manera de que no se las beban tu padre, tu hermana o los gatos. Es un consejo basado en la experiencia :P
Posted by: Xisca at Enero 13, 2006 8:37 PM
¿Has probado a ponerte tiritas en la cabeza?
Posted by: Somófrates at Enero 14, 2006 1:52 AM