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Junio 17, 2005
Bloque
"¿Qué hora es, Maisy?" "Gira las manecillas y dí qué hora es"
Vaya nombres tontos que le ponen ahora a los libros de los críos, piensa la chica del primero. Sigue viviendo sola, treinta y dos meses ya. Espesos y lentos. Su manía de contabilizar el tiempo por meses va pareja a su costumbre insana de contabilizarlo todo. Mensura desenfrenada. Mientras recoge los tres libros del niño al que cuida, y los mete como puede en la bolsa acolchada de ositos celestes, apartando las mudas, la botella de agua y aquellas quinientas cosas que la madre le mete allí dentro y que nunca usa, se calza las sandalias, nota el escozor de la herida entre los dedos, coge con el brazo libre al crío y se dirige hacia la puerta. El trabajo no está mal para tapar agujeros si te gustan los Lunnis, las babas, los mocos y que te vomiten encima. Hasta que encuentre algo mejor no le quedará más remedio que aguantar. Del jerbo no queda rastro, se escapó de la jaula hace doce días, supone, poniendo en práctica una de sus escasas explosiones energéticas. La chica del primero le echa de menos más de lo que creía, quieto, hecho una bolita de pelo, comiendo a todas horas. Enjaulado. No sabe si aparecerá, cada día lo ve más complicado. Solo es un animal, le oyó decir la semana pasada el del sexto, no le des mayor importancia, si no aparece te compras otro y ya está.
En el descansillo, duda entre coger el ascensor o bajar los dos tramos de escaleras andando. Desde que lo cambiaron ya no huele a matachinches, porque el olor del plástico que desprende el suelo negro puede con ese aroma a vaporizador de los veinte duros. En cualquier caso, siempre es un alivio notar el Nenuco del crío, pero al salir de la cabina vuelve el olor a viejo del edificio, y se topa con el sonido cerrado pero estridente de una radio cercana que no se apaga nunca. Ni los tapones, ni las pastillas en el cajón de la mesilla son suficientes para mitigar el jodido Radiolé cuando lo único que necesita es dormir, apurar media hora, cinco minutillos. Ese cajón, lleno de cosas que no se atreve a mirar, sale fatal y solo sirve para que ella lo abra en penumbra y tantee las fotos, la caja de manivela que toca Hey Jude, la quietud, la calma excesiva, hasta que encuentra las pastillas. Para cuando quiere darse cuenta, se escucha a sí misma decirle al niño vámonos, enano, que mamá te está esperando.
Posted by Irene at Junio 17, 2005 6:01 PM
Comments
No me he enterao de nada.
Enhorabuena, es genial.
Posted by: Somófrates at Junio 18, 2005 2:37 PM