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Noviembre 3, 2003
La princesita
El sábado pasado estaba yo más aburrida que ná en un pueblo frio y perdido de Ávila, cuando se cortó de repente la película de Manolo Escobar que Parada nos ofrecía esa tarde porque empezaba un Avance informativo. Mi tio, que también estaba allí, dijo en tono profético
-¡un avance, eso es que ha pasado algo!
y se hizo el silencio en mi salón, todos dispuestos a enterarnos de a quién se habían cargado o cuantos litros por metro cuadrado habían caído en esas inundaciones feroces de a saber dónde.
Pero no, ni inundaciones ni asesinatos, la noticia era la de la prematura jubilación de una chica que daba las noticias porque, lo que son las cosas, se iba a casar con el Príncipe. Con esto quedaban claros tres asuntos: que no hace falta ser noble para reinar, que los periodistas no somos La Escoria Social y que el Príncipe no es gay.
Hace hoy dos semanas, Bernardino, mi profe de Redacción (que si viera los textos que escribo aquí me suspendía el notable del año pasado y me llevaba a septiembre en este) nos estuvo hablando de las estrellitas de la televisión. Nos aleccionó, como es su costumbre, sobre la importancia de ser sencillo y trabajador y nos recordó que la popularidad no lo es todo. Puso un ejemplo, según nos ha dicho hoy, de pura casualidad: No sé si sabéis quién es Letizia Ortiz, -dijo- pero he estado hablando con ella hace algunos días y me ha dicho que está harta de ser un busto parlante en la pantalla, de maquillarse y desmaquillarse tanto, que lo que ella quiere realmente es volver a la corresponsalía y al trabajo fuera de la redacción, que es lo que le ilusiona y con lo que más disfruta.
-Pues se va a hinchar -dijo Germán el sábado cuando le conté esto.
Esta mañana, Bernardino, justo al terminar de darle vueltas a la entradilla y al antetítulo por enésima vez, bastante ufano y con algún kilillo de más de lo orgulloso que está el pobre hombre, nos ha dicho que es la primera vez, y supone que la última, que es profesor de una reina. Después nos ha enseñado la ficha de clase de esta chica y a todos nos ha salido la vena rosa. Casi nos cargamos la ficha de marras para enterarnos de que la princesita, con veinte años, tenía el pelo castaño y flequillo; estaba paliducha y sonreía como ahora, con la boca cerrada; usaba jerséis polares con dibujitos de copos de nieve; vivía en Rivas Vaciamadrid (esto ya lo sabrá mucha gente, lo sé, pero venía la dirección completa y el teléfono, que es lo que le da morbillo al asunto, y yo me lo he aprendido, pero no lo voy a poner aquí, no vaya a ser que sea delito); tenía conocimientos de mecanografía y unas notas bastante buenas, a saber: 7'5, 7'8, 8, 9 y 8.
Ha sido diver la clase de Redacción de hoy, porque este profesor nos ha vuelto a traer una de las fichas de clase que él guarda (horror: caigo en la cuenta de que guarda ya dos fichas mías) para cuando sus ex-alumnos se mueren en la guerra o se hacen herederos de la corona de un país. Que es una cosa, señores, que en mi Facultad también ocurre.
¿O qué pensaban? ¿Que la gente ahí dentro solo se hacía homosexual?
Posted by Irene at Noviembre 3, 2003 5:27 PM
Comments
Así que no le gustaba eso de ser un florero ¿eh? jojojojojo... pues pobrecilla, lo que le espera... Del mal viajará lo suyo también (Que le programen viajes semanales de una punta a otra de "La Casa Del Príncipe")
Posted by: Ish at Noviembre 3, 2003 7:43 PM
Eso de "La casa del príncipe" suena a la casa de Hansel y Gretel o a nombre de Pub irlandés o a burdel de alto standing, verdad?
Posted by: Irene at Noviembre 3, 2003 11:44 PM
Suerte que no soy de la Agencia de Proteccion de Datos, porque le iba a caer un puro a tu profesor de los de cagate lorito.
Posted by: fatalidad at Noviembre 4, 2003 10:43 AM
Pues imagina la conversación:
- Cariño. ¿de verdad hace falta que traigas esa lámpara TAN fea?
- Es el regalo de bodas de mi madre, no te atrevas a decir que es fea. Y se quedá justo aquí.
- Pero.. pero.. Querida... ¿tú sabes el dinero que se han gastado todos los españoles decorando esto? No irás a ponerla justo ahí delante de...
- He dicho que se queda aquí, si yo pude soportar tu despedida de soltero en el Why not? tu apechugas con la lámpara de Mamá.
- Cari...
- Y esta tarde llegan las figuritas de Lladró de la tía Carmen, a ver dónde las coloco...
J.
Que no estuvo allí pero tampoco duda mucho.
Posted by: J. at Noviembre 5, 2003 5:40 PM