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El 15M, nuestra revuelta del gueto de Varsovia

Publicado originalmente el 3 de abril de 2013 en Cronica Popular

En su imprescindible obra “Modernidad y Holocausto” el sociólogo Zygmunt Bauman dedica un capítulo completo a la colaboración de las víctimas, los judíos, en su propio exterminio. Durante toda ese capítulo desgrana y explica algunas afirmaciones terriblemente lúcidas entre las que destaca la siguiente “La cooperación con sus enemigos jurados y futuros asesinos tenía su grado de racionalidad. Los judíos, en consecuencia, se acostumbraron a las condiciones de sus opresores, les facilitaron la tarea y acarrearon su propia perdición aunque su actuación la guiara el propósito, racionalmente interpretado, de sobrevivir”.

La obra de Bauman, aun tratando sobre el horrible crimen que supone el Holocausto, intenta constantemente ofrecer conclusiones aplicables por completo a las sociedades modernas y así nos encontramos con reflexiones tan necesarias como que se debe cuestionar la racionalidad como medida única de la competencia organizativa. Esta conclusión es tan importante porque debemos tener en cuenta una cosa: esta crisis y su forma de gestión son totalmente racionales analizados bajo el paradigma burocrático creado durante los últimos 30 años. Un paradigma capitalista y, en concreto, neoliberal.

El propio Bauman plantea que se desconoce lo que habría podido suceder con el Holocausto si la desobediencia y la negativa a colaborar de los judíos hubiera sido generalizada, si la revuelta del Gueto de Varsovia no hubiera sido casi una excepción, algo tardía, a la regla.

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Lección en el caso Talegón: La confianza se construye desde abajo

Publicado originalmente en Crónica Popular el 25 de Febrero de 2013

Tú decir que si te votan…”

Javier Krahe – Cuervo ingenuo

Yo difundí el vídeo de Talegón sin conocer al personaje, debido al contexto en el que se produjo. Me parecieron interesantes algunas ideas que lanzaba, y no sólo en el marco de unos partidos “socialdemócratas” a la deriva, sino en el contexto de unas organizaciones políticas que tienden a ningunear a sus militantes más jóvenes, reservándonos papeles secundarios, ignorando nuestra capacidad de análisis, nuestras posibilidades de adaptarnos a un contexto  convulso y, en definitiva, sin valorar el potencial que tenemos como motores de la acción política y la transformación social.

Después de que su vídeo corriera como la pólvora vino la polémica sobre el personaje, y su posterior expulsión, junto al ex ministro Juan Fernando Lopez Aguilar, de la manifestación de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. No voy a entrar a la polémica completamente estéril sobre si estuvo bien o mal, otros ya han escrito, y mucho, sobre el tema, tanto a favor como en contra. Lo que me interesa es cómo este hecho puso de manifiesto la absoluta falta de confianza y de credibilidad.

El principal problema del PSOE hoy no son sus posicionamientos, sino su completa  ausencia  de credibilidad entre los ciudadanos. Este problema, no obstante, no es patrimonio exclusivo del PSOE. Si así fuera, Izquierda Unida y otras fuerzas a la izquierda del PSOE habríamos recogido una mayor porción de voto en vez de que muchos votantes defraudados se dirigieran hacia la abstención o hacia la indecisión.

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Vamos a transformar madrid

El pasado 1 y 2 de diciembre se celebró la Asamblea Regional de Izquierda Unida de la Comunidad de Madrid, las opciónes que luchábamos por el cambio sufrimos la peor de las derrotas, la que se produce por la mínima (el continuísmo obtuvo el 51% de los votos, frente al 37% y al 12% de las otras dos candidaturas, tan solo 17 votos de diferencia) y deja a uno repasando obsesivamente todo lo que hizo o pudo haber hecho durante esos días de asamblea, buscando el fallo que impidió que las opciones de cambio vencieran en dicha votación.
La verdad es que ese ejercicio de autoflagelación es absolutamente inutil, no va a cambiar nada del pasado y no va a mejorar el futuro, es mucho mejor ver el camino que hemos recorrido hasta aquí y recuperar lo que nos sirva para avanzar:
Fuimos muchos militantes quienes hacía ya más de un año ante la deriva que estaba tomando la organización tanto en cuestiones internas, como en algunas cuestiones políticas ,como nuestro papel en Caja Madrid y Bankia, decidimos que debíamos construir una alternativa para nuestra federación. Poco a poco fuimos poniéndonos de acuerdo, redactamos documentos con nuestras posturas, fuimos involucrando a cada vez más compañeros y compañeras. y sentado las bases de esta alternativa a la que llamamos Cambiar IUCM.
La máxima escenificación de ese proyecto muy difrente del que venía manteniendo el anterior nucleo dirigente fue el de elaborar y presentar un documento político organizativo propio, que muchos y muchas hemos defendido en las asambleas de base. Ese documento con sus aciertos y con sus carencias mostraba que existía un proyecto político diferente para nuestra organización y lo más importante, permitió a muchos compañeros y compañeras debatir sobre política e ilusionarse con la posibilidad de un cambio real, en definitiva se les dio la opción de elegir entre dos concepciones distintas del momento político que vivimos, las estrategias a seguir y el modelo de organización que necesitamos. Solo eso es ya un éxito que ninguna votación puede quitarnos.
No ganamos la votación del documento, pero gracias al debate que generó sí que logramos introducir cambios en el documento oficial que lo hacen radicalmente distinto: La censura sobre la actuación en Bankia, la recuperación de la Asamblea de Madrid Ciudad (fundamental para poder controlar a muchos de nuestros cargos públicos y para que las asambleas de Madrid tengan los mismos derechos que el resto), o la defensa del papel de las áreas de elaboración colectiva.
Aun así hay una cosa mucho más importante, hemos convencido a una gran parte de la militancia de base y también a una gran parte de quienes desde fuera tienen sus ojos puestos en IU de que el cambio es posible. Les hemos convencido de que es posible una Izquierda Unida en la calle pegada a los movimientos sociales, que sea siempre combativa y nunca esté en connivencia con quienes nos agreden y nos roban el futuro, y por encima de todo, una IUCM que no solo se cree, sino que considera su obligación formar parte de un bloque político y social que ejerza el poder para transformar nuestra realidad y dar respuesta a los problemas de la gran mayoría.
Ninguna votación ganada o perdida nos libra de la responsabilidad que implica haber generado esa convicción; al día siguiente de la Asamblea se han seguido produciendo desahucios, se ha continuado destruyendo empleos y se prepara el siguiente golpe a nuestros derechos por parte de este régimen. Si abandonamos desmoralizados por no haber obtenido la victoria total a la que aspirábamos y que tanto desean quienes nos apoyan, cuando queramos volver a dar la batalla nadie nos creerá.
Yo lo tengo claro, ahora no podemos fallar, no sólo tenemos que cambiar IUCM, tenemos que transformar Madrid y vamos a hacerlo, porque la gente no puede esperar más, porque estamos sobrádamente preparados y legitimados , y porque ese siempre ha sido nuestro objetivo.

Paz positiva, Paz negativa y ¿Adivinan? Sánchez Gordillo

Ayer analizaba la acción del SAT desde una perspectiva eminentemente liberal, la verdad no me causa grandes preocupaciones manejarme con esa teoría, porque aunque parte de algunos presupuestos completamente erróneos, como el de no cuestionar las desigualdades de poder o la desigualdad (y sus causas) de la distribución de la propiedad previa a ese mítico contrato social, es una teoría que pone el acento en algo que desde la izquierda no debemos olvidar y es la libertad del individuo: Nuestro objetivo no es eliminar la contradicción capital-trabajo, nuestro objetivo, y lo compartimos desde premisas diferentes con aquellos liberales progresistas honestos, es lograr la emancipación del ser humano.
Hoy voy a analizar la cuestión de la desobediencia civil desde perspectivas un poco más marxianas o por lo menos, desde perspectivas un poco más estructuralistas, y para ello me voy a volver a servir de los conceptos paz negativa y paz positiva, como ya hiciera hace justo un año para lanzar algunas pinceladas sobre las “london riots”.
Para quien no quiera leerse el post de hace un año paso definir brévemente ambos conceptos:
La paz negativa es la forma más obvia de conceptualizar la paz, se entiende como la ausencia de violencia explícita. Es decir, si no hay ostias, hay paz. Este concepto está muy arraigado en el mundo anglosajón, donde la perspectiva cuantitativista arrasó durante la época de la guerra fría, y donde su modelo para mantener la paz se basó en la mutua destrucción asegurada
La paz positiva por el contrario, es un concepto acuñado por el sociólogo Johan Galthung, con el que tuve la ocasión de intercambiar ideas una vez y la verdad me pareció un pensador treméndamente práctico y muy lúcido. Para Galthung la paz positiva no es solo la ausencia de violencia explícita, sino también la ausencia de violencia estructural. Claro pero aquí hablamos de la estructura, y todavía ni las Ciencias Sociales se han puesto del todo de acuerdo en su definición. Para ser operativos, intentemos entenderlo de manera muy sucinta como lo siguiente:

“La estructura social es el conjunto de relaciones humanas y la manera jerárquica en la que estas se organizan . No todos los sujetos en la sociedad ocupan la misma posición, ni cumplen el mismo papel , ni tienen la misma capacidad de afectar a la propia estructura y por tanto tampoco la misma de afectar a otros miembros de la estructura”.

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Bien, ahora una vez tenemos nuestra definición de estructura, veamos que es eso de la violencia estructural:
La violencia estructural sería aquellas situaciones donde un individuo o más concrétamente un conjunto de individuos que comparten características comunes, sufren agresiones y agravios que se producen y se fundamentan debido a la posición que ocupan dentro de una determinada estructura social. El desempleo de larga duración, la pobreza, la segregación, el apartheid, el machismo, todo eso son ejemplos de violencia estructural. Voy a hacer honor a dos comentarios que se me han hecho a escritos anteriores:
Por un lado al que me hizo hace un año el Psicólogo Social Ricardo Zúñiga, alertando que querer eliminar la violencia estructural totalmente podía llevar a pensamientos totalitarios. Por supuesto si entendemos la violencia estructural como algo que solo puede tomar dos valores 0 o 1 donde 0 significa que existe violencia estructural y 1 que no existe ese riesgo existe, no obstante en situaciones donde se acepte el pluralismo político y social podríamos entender que es un continium entre 0 y 1 es decir, que existen distintos grados de violencia estructural y que podría tomar valores intermedios entre 0 y 1 (0,1 ó 0,9. Curiosamente en las situaciones donde existe mayor violencia estructural el pluralismo suele desaparecer, produciéndose una tremenda polarización. (Sobre este tema el libro de Zymunt Bauman Modernidad y Holocausto es fundamental).
Por otro, la que me hizo Horacio Diez comentando que ayer me salté el papel de la Socialdemocracia de un plumazo, hablando del contrato social y justo después de Ronald Reagan, los Chicago Boys, Margaret Thatcher y etc. El papel que cumplió la socialdemocracia de la Europa capitalista en la reducción de la violencia estructural en esa Europa fue fundamental. La construcción de ese estado del bienestar permitió una época de paz positiva muy alta para una gran cantidad de la población, posiblemente a costa de algunas capas de la sociedad , a costa de una huella ecológica muy grande, y muy posiblemente a costa de las poblaciones de otros lugares del mundo, pero es un hecho que debemos reconocer.
Bien y todo esto a dónde nos lleva, pues de nuevo a Galthung y sus presupuestos en los que considera que aquellos procesos de resolución de conflictos que no construyen paz positiva sino solo se enfocan en la paz negativa y que no solucionan la cuestión de la violencia estructural en muchos casos están condenados a fracasar, y a que esa paz negativa termine por romperse.
Lo mismo podría aplicarse a situaciones sociales donde la violencia estructural aumenta de manera considerable, pudiéndose convertir esto en un preludio de la ruptura de la paz negativa. La acción del SAT, la paralización de desahucios y otras acciones de desobediencia producen la ruptura de esa paz negativa, pues aun siendo acciones en las que quienes las practican promulgan la no violenta, producen en mayor o menor medida la reacción del aparato que ejerce el monopolio del uso legítimo de la violencia (del estado a través de la policía). En el conflicto minero está claro que la paz negativa se fue a tomar por culo.
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foto de Periodismo Humano
Y ahora ¿Existe una mayor cantidad de violencia estructural en la actualidad que en 2006?, pues miren, en mi opinión sí y aporto algunas cuestiones para ilustrarlo:

  • Se calcula que en 1.400.000 hogares todos los miembros están en paro y que en 500.000 no entra ningún ingreso.
  • Se estima que se producen 159 desahucios diarios, siendo la vivienda un derecho constitucional y un derecho humano.
  • Se pone en cuestión el acceso universal a la salud, con medidas como el repago farmacéutico, las amenazas de más fórmulas de repago, o la negación de acceso a la salud a personas inmigrantes.
  • Se recortan o se eliminan las ayudas a la dependencia
  • La tasa de paro juvenil de 15 a 24 años se encuentra en el 52% más del doble no solo que que la media UE15 sino de la UE27.
  • Esta tasa de desempleo alcanza el 59,7% entre aquellos jóvenes con menores niveles de estudio, muchos de ellos fueron quienes abandonaron los estudios para trabajar en la construcción durante los años de la burbuja.
  • Que a personas algunas ancianas, otras prácticamente analfabetas, y otras radicalmente engañadas les sustrajeran sus ahorros a través del mecanismo de las preferentes. < Y aquí cada uno y cada una de los lectores y lectoras puede añadir muchos agravios, pero nos vamos a las dos páginas de posts y la conclusión se acerca: En esta crisis no estamos perdiendo todos: Hay una élite que por su posición en la estructura sigue obteniendo beneficio o incluso lo aumenta, para que eso sea posible se produce de manera una transferencia de recursos desde la clase trabajadora, y los pequeños capitalistas especialmente aquellos no transnacionales, a los grandes capitalistas y generalmente transnacionales. Esto conlleva el aumento de la violencia estructural, y por tanto la desaparición de la paz positiva y es ese el caldo de cultivo para acciones tan diversas como la del SAT, la resistencia minera, la paralización de desahucios o la negativa al pago del transporte público y los peajes que tanto escandalizan a los sectores más bien pensantes de la sociedad, o lo que es lo mismo a los que siguen apoyando el pensamiento hasta ahora hegemónico.
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  • El contrato social, la desobediencia civil y Sanchez Gordillo

    En los finales del apuntalamiento del estado moderno, los teóricos liberales desarrollaron un concepto metafórico para explicar la legitimidad del estado para ejercer el monopolio del uso legítimo de la violencia y la obligación de todos los ciudadanos de cumplir la ley, a ese concepto se le denominó “el contrato social”.
    El contrato social consistía en que todos los ciudadanos renunciaban a una parte de su libertad positiva (su capacidad de obrar) y reconocían la libertad negativa de sus conciudadanos (la capacidad que no obraran sobre uno contra su voluntad) para así evitar estar en el estado de naturaleza, donde el progreso era imposible pues al no haber obligaciones entre los seres humanos la inseguridad era constante, la cooperación imposible y el conflicto inevitable.

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    Este contrato social original garantizaba esencialmente el derecho a la vida y el derecho a la propiedad privada y posteriormente se añadirían algunos derechos más como la libertad de pensamiento o de expresión. El ejemplo más notable de la cristalización de este pensamiento lo encontramos en la Declaración de Derechos del Hombre y el Ciudadano de 1789
    Este pensamiento es el nucleo central de lo que hoy llamaríamos el estado de derecho.
    Progresivamente, en parte por el surgimiento y fortalecimiento del movimiento obrero nuevas cuestiones fueron sumándose para complementar este contrato social:
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    Por un lado la extensión del sufragio universal, en un primer momento masculino, y la ampliación y extensión de algunos derechos. Esto conformaría el núcleo de lo que hoy conocemos como el estado democrático.
    Por otro lado el estado adquiriría un compromiso en Europa occidental con garantizar un cierto nivel de bienestar a todos los miembros de la sociedad y una cierta redistribución de la riqueza. A esto se le llamaría el estado social y cristalizaría en lo que algunos autores llaman el contrato social de posguerra (De la II Guerra Mundial). No se puede entender la creación del Estado del Bienestar en Europa, sin comprender que sin el miedo a la revuelta obrera y a las revoluciones de signo socialista y comunista, muy especialmente a partir de 1917 y el triunfo de la revolución en la URSS, no se habría dado este. Básicamente el contrato social de posguerra indicaba que el movimiento obrero no cuestionaría violenta y revolucionariamente la distribución de la propiedad y a cambio el estado y la clase burguesa/dirigente se comprometía a garantizar unos niveles razonables de bienestar.
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    Bien, tras la crisis económica de los años 70 el modelo que había funcionado durante casi 30 años empezó a hacer aguas, y este consenso empezó a saltar en mil pedazos. Políticos como Ronald Reagan, Margaret Thatcher y pensadores como Milton Friedman y sus Chicago Boys comenzaron una ofensiva que duraría unos veinte años donde todas las regulaciones al mercado y parte de los contenidos del contrato social de posguerra se irían poniendo en cuestión. Y así llegamos a los 90 donde la última oleada de desregulaciones se produce y comienzan a fraguarse las sucesivas burbujas que nos han llevado hasta la situación actual (pero esto da para otro post).
    La cuestión es que con la última crisis económica, cuyo pistoletazo de salida se da con la crisis financiera de 2008 el contrato social de posguerra está absoluta y totalmente resquebrajado, al menos en los países más afectados por esta, como es el nuestro. A un desempleo brutal (en más de 1.400.000 hogares españoles ninguno de sus miembros trabaja y cerca de 500.000 hogares no ingresa nada ) se le suma el dinamitamiento de pilares básicos como el acceso universal a la salud, a la educación pública, el subsidio de desempleo o las pensiones (aquí todavía no tocadas pero solo tenemos que ver la hoja de ruta Griega). A esto le sumamos una cierta degeneración y también ataque al estado democrático como son la corrupción impune, la escasa circulación de las élites partidarias, o el dinamitamiento de la negociación colectiva.
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    En definitiva podríamos hablar de que al menos el contrato social de posguerra ha quedado suspendido. Podríamos hablar porque los contratos sociales son cuestiones abstractas y metafóricas. Igual que no podemos decidir no firmar ese contrato ni cuando nacemos, ni cuando alcanzamos la mayoría de edad, tampoco se puede decir a ciencia cierta y de manera inequívoca cuando ha quedado suspendido, ni tampoco existe un ente concreto legitimidado para dictaminar cuando queda suspendido, no obstante esta acumulación de hechos parece darnos una ligera idea de en que marco nos movemos.
    Y en todo este contexto, existen colectivos que entienden que la vulneración o la falta de garantías de ciertos derechos como es el derecho a la vivienda , el derecho a la movilidad ,el derecho a que el gobierno cumpla los acuerdos firmados con la representación sindical, el derecho universal a la salud, o el derecho a la alimentación los legitiman para tensar y violentar las normas legales como una manera de construir símbolos y visibilizar sus luchas,y en casi ningún caso se plantea que dichas acciones sean la manera de solucionar el problema. En algunos casos entra dentro del concepto de desobediencia civil, en otros beben más de la tradición de la revuelta obrera. Lo que está claro es que la acción en la que participó Sanchez Gordillo (junto a otros 400 jornaleros) de ayer ni es un saqueo, ni es un pillaje y que bebe mucho de la desobediencia civil, buscando ilustrar que mientras en este país se vuelve a pasar hambre, Amancio Ortega se convierte en el tercer hombre más rico del mundo, y los supermercados tiran comida caducada antes que donarla