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De qué hablo yo cuando hablo de correr

Yo nunca he sido una persona deportista. No en la forma en la cual en este país se entiende serlo. Ya sabéis. Un sofá, una cerveza, unas pizzas, una televisión. El 50% de esa breve lista ya podrían matarme (es mentira, pero como celiaco me encanta el drama). Estoy seguro que el 50% restante, televisión y sofá, desde cierta altura también. Veo el epitafio: “Muerte por sofá. Murió descansado“.

La gente que corre huye de algo. Está demostrado que huir de las cosas alarga la vida. Tested on people que ha salido por pies de algo. Los valientes son los que juegan con más números al concurso de morir heroicamente. ¿Habéis oído a un cobarde laureado por huir heroicamente?. De cara al público puede quedar fatal que se declare un incendio y tú salgas por piernas. Existe la opción de no ser un miedoso completo. Basta que alguien dé el primer grito de “Iros. Yo salvaré al pequeño Timmy” para que puedas decir “Yo lo he intentado, no quiero estorbar“. Un cheque en blanco para tu conciencia. Desgraciadamente si lo que quieres es del tipo de admiración que te puede proporcionar sexo con gente, los “100 metros cagazas” no son tu modalidad.

Mucha gente no corre porque no sabe. Yo pensaba que eso es imposible. Hay gente cuyo concepto de carrera consiste en andar a la misma velocidad pero dando pasos mucho más pequeños. Si no sabéis a qué me refiero, simplemente esperad cerca de cualquier paso de cebra. No os llevará más de dos cambios a rojo hasta que aparezcan con sus bolsas de la compra (los daltónicos ya sabéis de que luz del semáforo hablo)

Mucha gente no corre porque no tiene equipación. ¡Mentira! La gente que no tiene unas zapatillas de deporte y un pantalón de chándal están muertos por dentro. ¿Por qué? Porque el chandal es, en una escala de comodidad, lo más cercano al pantalón de pijama que existe. Y permite que bajes a comprar el pan en domingo. ¡Todo en uno! (menos si eres celiaco). Las zapatillas están ahí, porque crecen en los zapateros. Y no me neguéis que todos tenéis al menos una camiseta de talleres Paco. Evitad el táctel. Esa es una tela que quedará rara si no eres un politoxicómano, un borracho o un padre de familia  (o mezcla)

Al final mucha gente no corre porque cansa. Follar también, pero tiene mejor prensa.

Os contaré un secreto. Soy un tío que corre. No me gusta darle prensa por eso de que te estigmatiza de inmediato. Probarlo. Decid “Yo salgo a correr“. Todo el mundo es un crítico en potencia: “Pues no se nota“, “Oh vaya, estás empezando“, “Pues no será mucho“, “¿Cuánto corres? Yo media hora más que tú  aunque no me hayas dicho cuánto “. Correr es un estado de tensión constante que, para ser algo individual, tiene un calado muy tribal. ¿Por qué? Porque tenemos un código secreto entre corredores. Los no corréis lo ignoráis. Consiste básicamente en una caída de ojos cuando ves a otros en dirección contraria a la tuya. Su etimología es compleja pero proviene de “No me juzgues, llevo sin salir a correr un mes“.  Significa “Buenos días noble deportista” en mil idiomas. Si no corres a menudo a veces pronuncias mal y suena a “Coño, ya no cojo el bus

Haced deporte. Y extended la voz. Con suerte se enteran de que ha sido por leerlo aquí y me cae una beca ADO y una estatua que rechazar como Marta Domínguez.

 

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