La importancia de tener una mesa

El Gremio de los Artesanos lleva años fabricando mesas para nuestros hogares. Dichas mesas han dado un valioso servicio en diversos lugares de la casa. Ya sea comedor, cocina o habitaciones. Los más afortunados incluso en el jardín.

Una mesa no es barata. El Gremio de los Artesanos insiste en ello. Una mesa es el producto de una gran cantidad de profesionales. Desde el leñador que selecciona el árbol.  El aserradero al cual llega el mismo. El conductor que trasporta la materia prima o el artesano que convertirá toda esa madera en una mesa. No olvidemos al profesional que la pone a la venta. Una gran cadena que ha de obtener su justo y pequeño margen de beneficio. Todo a su disposición para que puedan gozar de una mesa de calidad.

Una mesa no es barata, pero es qué todo el mundo necesita una mesa.  Sería injusto que hubiese gente que pudiese gozar de una mesa solo porque un vecino haya comprado una nueva y la regale porque ya no la utiliza. Más injusto aún es que se la encontrase en la calle. El Gremio de Artesanos tiene que regular este tipo de situaciones. El usuario final de la mesa podría percibir que el producto vale menos que lo que cuesta. O peor, evitar que vaya a disfrutar de un producto de menos calidad que una mesa nueva.

Algunos acusan injustamente al Gremio de Artesanos de estar haciendo grandes cantidades de dinero a costa de todo esto. Lo que no se entiende es que en el pasado, la artesanía no estaba reconocida como la profesión que es ahora. El gremio existe para que se protejan los derechos de aquellos que fabrican mesas. Sus derechos. Todo ello sin dejar de vigilar el peligroso uso que se está dando a las mesas en las bibliotecas o restaurantes. Lugares en los que montones de personas usan las mismas mesas para diversas actividades.

Hace poco el Gremio de Artesanos ha empezado a dar un importante apoyo económico a grupos políticos. Es normal que lo hagan, ya que estos han reconocido la importancia de la mesa en la sociedad moderna. Un derecho. Esto ha permitido que se empiece a legislar paralelamente en función de ciertas incidencias observadas por el Gremio de Artesanos. Por ejemplo, en algunos hogares existen superficies planas que potencialmente podrían usarse como mesa. De ahí es de dónde viene el canon por compra y posesión de casa. Este mismo se aplica, por si acaso, a las tiendas de campaña.

Recientemente se han venido observando cómo grandes superficies, tales como Ikea, ofrecían mesas de bajo coste, o incluso las regalaban si los compradores se llevaban las sillas. No solo eso. Promovían incluso el trueque de las mismas, o su reparación. Prácticas que vulneraban del todo los principios que defendía el Gremio de Artesanos. Si todo el mundo ahora puede tener una mesa, ¿cómo van a apreciar entonces su valor?

Esta mañana el Gremio de Artesanos ha anunciado que retira su cuantioso apoyo monetario a los principales partidos políticos del país. Curiosamente de ideologías opuestas.

Esta tarde se han intervenido y cerrado de forma fulminante todos lo Ikeas. Quizás eso haga pensar a quien menoscaba el valor de una mesa. Y que sirva de aviso. Menaje del Hogar, es un mensaje.

 

Exámenes y Google +

Es increíble la cantidad de mierda que se puede hacer en fechas próximas a exámenes. Por no hablar de que dicha cantidad aumenta exponencialmente EN exámenes.

Hoy ha sido uno de esos días mágicos en donde no solamente descubres por enésima vez que tu compañero de laboratorio es un tanto inútil o que esa práctica que funcionaba perfectamente se va a hacer gárgaras delante del profesor mientras la entrega gracias a la Máxima Universal de Murphy (M. U. M.), sino que procastinas de una forma tan profesional que no solo acabas teniendo una conversación profunda contigo mismo y un par de personas más a través de una red social y ello te lleva a idear, dibujar y entintar DOS tiras. Lo cual se merece doble café de victoria, como ya comentamos anteriormente.

Para aquel que le gusten los retos de verdad (o el sadomasoquismo con sierras mecánicas y grapadoras neumáticas) y no las mariconadas de preguntas de Saber y Ganar, ¿Quieres ser millonario? o La ruleta de la fortuna cualquier concurso con un mínimo de cultura necesario para llevarte cuatro perras si no te las quita Hacienda, os invito a matricularos en Informática de la UCM. Claro que ahora está un tanto más light la cosa entre los grados y todo eso, pero si conseguís plaza en una asignatura de “las grandes” como EDI o MTP, apuntaros. Veréis lo que es llorar y sacrificar a vuestro primogénito nonato por conseguir llegar al… 4. También vale matricularse por profesores para seguir disfrutando: la recomendación del chef de esta semana es Palomino.

Y una vez finalizado el tocho, os dejo con Entrari. Porque os pensabais que era él, ¿verdad? ¡JÁ!

PS de Entrari: Gracias Dave y a todos los que han colaborado en la tira. Voy a empezar a contratar monos esclavos que escriban por mi!

 

Quién eres

– Bueno, ¿y bien? – una chica me miraba expectante. Como si tuviese que decir algo.

– ¿Y bien qué? Perdone señorita, no entiendo…

– ¿No entiendes qué? Joder. No me mires así. Que qué has pedido.

Los extraños me ponen nervioso. Los extraños que me tratan con naturalidad, cómo si me conociesen de toda la vida. Esa gente que en el autobús o el tren te cuentan de improviso que van a ver a su hijo. Que se les ha muerto el perro. Que Dios tiene un plan especial para tu vida. Nunca me he encontrado con una extraña del tipo “Hola, nunca he tenido sexo en los baños de un aeropuerto”. Supongo que si se diese el caso, arruinaría la oportunidad saludando a todas las cámaras diciendo “No he caído”. Solo por si acaso.

– Yo he pedido que nunca nos falte de nada. ¿He sido lista verdad?. No es como pedir ser ricos, esto es mucho mejor. Desde pequeña siempre he pensado en ello y qué pedir si se me presentaba una oportunidad como esta. No podremos darnos a excesos, pero lo esencial siempre va a estar ahí. Incluso si nos vamos de viaje. Es como pedir un montón de cosas insignificantes.

La chica gesticulaba emocionada. Demasiado cerca de mí. Ignorando esa burbuja que tenemos todos y que yo procuro pulir a diario. Estoy orgulloso de las dimensiones de mi burbuja. Cuando muera pediré un ataúd grande para que los dos reposemos eternamente. Mi burbuja y yo.  Si me incineran procuraré dejar claro que quiero un jarrón tan grande como un paragüero. Me da agobio solo de pensar estar en esos minúsculos recipientes azules que la familia porta como diciendo “Aquí está lo que queda de nuestro ser querido. No son las cenizas de una barbacoa de la que queremos conservar un bonito recuerdo”

– ¿En qué estás pensando? Conozco esa mirada. Estás con la mente en otro sitio.

– Perdone, pero usted y yo no nos conocemos de nada. Mi nombre es…

– Fran. Tú nombre es Fran. Dime, Fran. ¿Qué has pedido?

Pensó que estaba jugando con ella. No me creía. Me explicó lo de las paredes azules. Lo de la la Chīsana hitobito. Lo de los dos deseos que nos concedían. Hubiese salido corriendo si no estuviese paralizado por la tensión. Quizás hubiera sido mejor porque me enseñó mi móvil y ahí estaba todo. Lleno de mensajes de las dos últimas semanas con referencias a esta locura. ¿Lo peor?. Parecían hechos por mí. ¿Quién si no dice ajonjolí estos días en lugar de sésamo?.

-Fran. Por favor. Estarás en shock. No me asustes. Dímelo. ¿Qué has pedido?

-Perdone. Pero no sé de qué va esto. No sé cómo ha puesto eso en mi teléfono. Está claro que se lo han currado mucho y…

Ella debió de reconocer en ese instante mi cara de buscar las cámaras. La cara que dije que pondría en el aeropuerto. Primero se llevo la mano a la boca con un “No, no, no, no” absolutamente blanca. Nívea por la impresión. Después la sangre volvió de inmediato a su rostro. Roja totalmente. Una transformación por un razonamiento que aún desconocía. Totalmente llena de ira.

-Maldito hijo de puta. ¡Has pedido olvidarme! Hijo de puta. ¡Hijo de la gran puta!

Yo quería desaparecer de allí . Ya. En ese momento. La gente nos miraba mientras ella seguía gritando contra la pureza de mi madre, una y otra vez. Avanzando hacía mi furiosa. Fue la persecución más corta del mundo. Dos metros de acera hasta el pavimento.

– ¡Hijo de puta!. Eres un hijo de puta. ¿Lo oyes?

Subí a un taxi que ya estaba esperándome. No sé por qué, pero sabía que era para mí. Me lo dijo mi instinto de supervivencia. Él jamás se equivoca. No miré atrás pero seguí oyendo los restos amortiguados de su voz. Los últimos “hijoputas” muriendo a manos del efecto doppler de un taxi a la velocidad de la vergüenza.

Cuando pagué ya tenía el dinero justo en mi bolsillo. Esperándome. Desde entonces, no recuerdo que me haya faltado nada jamás.

 

Lomografia

Tu tira es un nabo. Sin ofender

Tengo la mano rota. Por eso a mí me gusta que me la pelen. La fruta. No soporto la fruta con piel excepto honrosas excepciones.
Hay un tipo de ser humano que siempre está ahí para llenarnos con su conocimiento no solicitado. “- Todas las vitaminas de la fruta están en la piel”. ¿Y qué?. A mí me gustaría verlos comerse sin mondar una naranja, una piña, una sandía o un melón. Dejaré los plátanos en paz porque que hay algunos que se los comen enteros. Es una fruta que ha vivido y sufrido mucho. ¿No me creéis? Haced la prueba de comeros uno en sus vuestros puestos de trabajo. Y por dios, sed rápidos.
Yo no me fio de las vitaminas. Son malvadas. Ahí están, con su grupo prostético mirándote a los ojos. La prueba es que poco a poco se han hecho con el mercado alimenticio. Ahora hay vitaminas en sitios en los que uno se sentía seguro. Los zumos son un terreno con el que podemos ver por dónde van a ir los tiros. “Ahora con A,B,C y un 90% de las letras del abecedario” todo en Comic Sans a 72pixels de tamaño. En pequeño “Ah, y sabor naranja”. Ya he empezado a ver pollos enriquecidos, y no me refiero a los tíos de la banca.
Y he de añadir. A todos vosotros, amantes de las vitaminas. A vosotros que las tomáis en pastillas “A,C, grupo B, E, K y su puta madre en bicicleta” felicitaros. Sois propietarios de una orina más cara que los demás, como dijo Sheldon
Yo por mi parte siempre pelada, o como ahora, que me la pelen. Tengo la mano rota.
¿Os he dicho que se me ha roto la mano?

 

Como mi amigo Dave es una mala puta, y clasifica de nabo la tira anterior me siento obligado a resarciros. Espero que rulen los cafés al menos, que esto es por amor al arte (uno retorcido al menos). Eso sí, el próximo texto será de lo que me venga en nada. Por mantener el cosmos unido y a vosotros llorando. Se acerca además una tira de Patata con Ojos.

Mano Rota

Esta es una pequeña porción de una lista sobre canciones. Como me he roto la mano, apenas puedo hacer mucho más que poner ojos del gato de Shrerk y recuperar material perdido. Ahí va una tira de esas cero punto, las llaman. A ver quién es el primer cafre que dice que me la he roto a pajas. Os odio.

14. Ese momento en el que has echado arsénico en la copa de vino de otra persona, mientras brindas con ella, tiene una canción exacta:

Stuttgart Piano Trio – Piano Trio No. 2 In E Flat Major, Op. 100, D. 929: II. Andante Con Moto

– No sé qué sabor tiene el arsénico – digo mientras con la punta de una servilleta limpio de mis labios el sabor de un Martin Codax.
-¿Por qué lo dices?. El arsénico no sabe. Huele a almendras. – Respondes. Sigues bebiendo después de nuestro brindis. Me miras extrañada porque huelo mi copa. Hueles la tuya.
– Hijo de puta – Dices. Y dudas. Jamás fuiste una experta en vino. Ni tampoco en entender mis bromas. Es lo que tiene el interés. A veces es tarde para recuperarlo.

 

Último post del año

Hablo con mi buena amiga Miakkes. Está al otro lado de internet. ¿Cómo es el otro lado de internet?. Pues no lo sé seguro. Está ahí. A veces cuando cruzas para ver como es el otro lado descubres que la gente cambia. Que su capacidad de comunicarse se queda atrapada en la red. Es como si para llegar al otro lado de internet te dejases algo importante en el viaje. Quizás si cruzases a través de internet podrías llegar del todo a esa persona. Pero nosotros no. Somos seres analógicos asomados a una ventana digital. Nosotros para ir al otro lado hemos de dar un rodeo. El rodeo malo. En el que la gente tiene sólo un porcentaje de su ingenio, de su gracia, de su profundidad. Cuando giramos alrededor de la red para vernos también nos perdemos nosotros. No lo vemos. Pero la otra persona es comprensiva porque nosotros lo somos.

Qué haces– Escribo a Miakkes por gmail.
– Pintarme las uñas. – leo después de un rato
– Ten cuidado no te pintes un huevo – Respondo
– No tengo huevos.
Entonces imagina el poco cuidado que has de tener para pintar uno entonces.

 

Poderes zoodiaco

Este podría haber sido un post sobre lo que me queda del 2011. Este podría haber sido uno de esos en los que dependiendo del estado de ánimo, uno hace balance de las cosas buenas, o de las cosas malas.

Uno, de lo bueno, no se suele acordar. Lo bueno, lo agradable, deja en nosotros una huella leve. Como si su recuerdo hiciese con el dedo en la espalda -“Eh, tú” presionando con el índice con cautela para que nos demos la vuelta. Y lo haces. Y reparas en ello. Te alegras. Cuando dejas de mirar olvidas que está ahí. Así somos nosotros. Bienvenido al ser humano. Entra. Tenemos galletas.
Lo malo. Lo desagradable. Las malas noticias. La mala suerte. Los malos gestos. Una contestación desafortunada. Una putada. Una mala casualidad. Todo. Lo que nos jode tiene un filo infinito. Desde llegar a ser el papel que te corta la yema de un dedo y escuece, hasta ser un puñal en unos de nuestros riñones. La mierda de todos es una brillante espada que siempre taja, y siempre duele.

Y esto se debe a una razón muy simple. Autoprotección. Uno no se protege de las cosas buenas que le pasan. Procura que le ocurran tan a menudo como sea posible†*. En cambio las malas están ahí. Dejas que se te cuelen una vez y no lo olvidas. Hay que evitar que todo lo malo que nos pueda pasar vuelva a suceder ✩*
Si no me creéis, haced una prueba ahora mismo. Haced un rápido balance de las cosas que te han pasado este año. ¿Verdad que para las positivas has de decirte “Y también cosas buenas”?. Ahí está la jodida coletilla.
Así que si queréis un buen motivo para el 2012 olvidaos de mierdas de “Reducir mi huella de carbono” y similares. Esto no tiene nada que ver con el karma. Aquí lo malo pesa más. Procurad que la huella negativa que dejéis en los demás sea insignificante. Ya pasan demasiadas cosas como para encima contribuir a crear más carga.

Quizás yo sea una mala puta vengativa y vosotros unos seres maravillosos. No pasa nada. No os envidio. Dejad en los comentarios, que no escribís nunca, la dirección de vuestra casa. Iré a veros con un bate de aluminio a desearos la Navidad. No voy a dejar que me quitéis la razón. Soy un tío majo.

†*.Tú vecino, el Serpiente, ese que te pasa esa mierda tan buena puede estar dentro de este rango. Lo que le compras. No el Serpiente.
✩*Los premios Darwin son casi una honrosa excepción a este caso en el mundo del daño físico. Digo casi, porque un premio Darwin no da segundas oportunidades. En el terreno de los sentimientos y emociones, siempre en expansión, no se rige por estos cánones. Lo siento

Skyrim


Tenía ganas de recuperar este texto. Lo escribí hace tiempo en una colaboración de un blog, así que a fin de acompañar la tira de hoy, aquí lo pongo.

De noche. La poca luna que quedaba en los cielos había sido engullida por las nubes de lluvia que ahora caía sobre los tejados de Avernarium. El constante repicar de las gotas ocultaba los pasos de una figura solitaria corriendo por los tejados.
Gabriel se aferró para mirar a lo lejos desde una cornisa. La Torre del Reloj quedaba a un salto de quince metros a partir el punto más cercano. La inconfundible figura de su aya ya estaba arriba esperándole. Existían más de cinco metros de subida por una lisa pared de mármol desde la escalera. Las losas mojadas añadían un grado más de incredulidad a las notables capacidades de su anciana mentora.
– Le he encontrado – Gabriel empezó a recoger los arpeos con los que había escalado. – El herrero que me dijisteis. No a él, pero si quizás a alguien quién sabe dónde puede estar,
– No es lo mismo.- La vieja aya se despojó de su capucha dejando libres sus largos cabellos blancos. Sus ojos miraban al infinito. – ¿Aún así crees que te valdrá?
Gabriel buscó bajo su ropa. Esta estaba aumentando de peso por el agua. Tendría que tenerlo en cuenta cuando bajase de allí. El equilibrio es muy delicado bajo condiciones tan tercas. Cuando encontró lo que buscaba se lo extendió a su mentora. – Es ella.
La nodriza miró la imagen del objeto. Sus ojos parecieron abrirse con incredulidad por un instante, pero dicha emoción fue corregida de inmediato. Entonces, sin mediar palabra rió sonoramente de forma cruel y amarga.
– Sin duda tu linaje está maldito -, siguió riendo. – ¿Sabéis quién es verdad?
– Lo sé. – Respondió de forma seca.
Cerró la mano alrededor del objeto sopesando su peso – ¿Y habéis decidido como acercaros a ella?
– Aunque sea un bastardo, sigo siendo el hijo de mi padre. Hay puertas que ni a mi pueden cerrarme. – Mientras hablaba, su aya arrojó contra la noche el retrato que Gabriel le había entregado. – Yo he hecho mi parte. La espada de mi padre, decidme, ¿ya sabéis dónde está?
– Te he hecho venir hasta aquí y te preguntas si lo sé. Cada cosa a su momento. Tu aya está vieja y sus pobres huesos duelen con el frío de este tiempo. Deberías ser más considerado.
– Lo sé, lo siento.
La aya recogió su cabello mojado y lo ató con una cuerda. La negra capucha volvió a su lugar dejando ver solo sus ojos grises y su notable nariz. Mientras, se ajustaba las muñecas con movimientos circulares revelando el sonido de algún ingenio mecánico a los que era tan aficionada.
– No puedo cuidar continuamente de ti Gabriel. Un maestro no debería preocuparse por estas cosas, pero cuando te hirieron en el cuello temí mucho. Si no puedes seguirme no correrás riesgo. Y si puedes, quizás puedas estar preparado para lo que se avecina.
El joven miró hacia abajo imaginándose el siguiente movimiento. La rueda de la venganza llevaba ya años girando y engullendo las vidas de todos aquellos que se ponían a su alcance. – Estoy listo.
La nodriza saltó de cabeza desde la torre más alta de Avernarium mientras reía de forma salvaje. Gabriel aún necesitaría tiempo para abandonar la torre por sus medios, pero sabía a dónde se dirigía su maestra.

 

skyrim

 

Marketing, vértigo, paracaidismo y lotería

El marketing consiste en maquillar a la tía más fea y decir que es una bellísima persona mientras se alimenta de bebés. Todo ello sin que te tiemble la voz, o te mueras de risa. Depende de la cualidad humana de cada uno. Cada oficio tiene unas características propias y por ello no todo el mundo vale para desempeñar cualquier trabajo. Por ejemplo, todos los abogados tienen su propia risa malévola, un inconfundible crepitar de las llamas a su alrededor y el maldito olor a azufre. Ese que nunca se les va de encima. Si de serie encima eres rojo y tienes cuernos, auguro que serás un gran abogado.

Agallas. He ahí un bien que escasea. Una circunstancia desfavorable en manos de alguien con suficiente cara como para venderlo bien se llama Oportunidad. Pensad en Jackass. Ese programa vive de dos cosas que nos gustan. El dolor ajeno, y que haya gente que esté dispuesta a que les den patadas en las pelotas. Para las que no lo sepáis, eso duele mucho. Más que parir.

La gente tiene una noción de la estadística muy pobre. Eso ocurre porque están influenciados por el marketing. El marketing regala caramelos y llaveros. La estadística, solo problemas y una visión de la realidad libre de azúcar. Es el tipo malvado que dice que el color azul es azul. El marketing es quien matiza diciendo celeste, cian o de Prusia. También las mujeres. Pero esa discusión sobre los colores y sexos ya se tendrá otro día en este blog.

Pongamos el ejemplo de la lotería y del paracaidismo.

La lotería consiste en comprar un número. Dicho número tiene unas posibilidades de aparecer ganador, pero ojo, muy pequeñas. Uno da su dinero. Participa, y si todo va como se supone pierde ese dinero, repartido entre diversas partes entre los afortunados ganadores, Loterías del Estado y el Estado en sí.

El paracaidismo supone en pagar por saltar de un avión. En dicho salto tienes posibilidades de estrellarte contra el suelo, pero ojo, son muy pequeñas. Uno da su dinero, salta, y si todo va como se supone aterriza sano y salvo sin que sus partes queden divididas entre distintos ganadores, tierra, mar y aire.*†

Dependiendo de cómo se maquille una estadística absolutamente ínfima puede venderse o no. Pero lo que nos interesa es gente que pague por ella.

Estos son los días en los que la gente participa en la lotería por motivos varios. Yo no lo hago porque se me ocurren montones de formas más constructivas de tirar mi dinero. Quemarlo para quitarme el frio es uno de ellos. Cuando llegue el sorteo y no le toque nada a nadie (soy así de gafe) todo el mundo tendrá el mismo nivel de felicidad por la simpleza de que todos son igual de ricos. Yo soy de los que me quedaré en mi sitio y aplaudiré sea cual sea el resultado. Siempre es más impopular hacerlo cuando nadie resulta beneficiado. Más aún si rio sardónicamente mientras grito “Idiotas, ya os lo dije” señalando con el dedo.

Volvamos al paracaidismo. Yo tengo vértigo. Por ello me quedo en tierra mientras los demás deciden participar en ese gran sorteo que consiste en saltar. ¿El premio? Que tu paracaídas forme parte de ese ínfimo porcentaje de defectuosos que no se abren pese a las obligatorias revisiones.

No se vosotros, pero yo me siento seguro en el suelo. Como mucho si queréis os ayudo disparando desde abajo.

Dad gracias a que mi puntería es una mierda. Perras.

*¹ Excepto en el mar, ahí tenerlas es ser del montón, y pese a ellos los peces no se van retando los unos a otros a hacer cosas estúpidas
*². Menos esa vez que un pez le dijo a otro en el Paleozoico “A ver si te atreves a respirar fuera del agua”. Eso daría lugar a los dinosaurios, los monos, el Homo Sapiens, Esperanza Aguirre y a Fraga. No en ese orden exactamente
*³. Los colores son 7, y como hombre admito a lo sumo que se diga “claro” u “oscuro” para matizar
*†. Que casualmente son las mismas salidas para los científicos de este país.

 

Espectativas

Máquina del tiempo

En tiempos de crisis todas las empresas se aprietan el cinturón. Es más. No conozco ninguna empresa que ni en tiempo de no crisis diga que no está en tiempo de crisis. El “Tiempo de Crisis” es como un estado perpetuo que cambia la realidad haciendo que todo sea válido. Es el puto joker del todo vale empresaria.
– Necesito un aumento.
– Lo siento, estamos en tiempos de crisis.
-Necesito un nuevo equipo (ordenador en llamas de fondo)
– Usted ya tiene uno, estamos en tiempos de crisis. (mientras te dan un ábaco que aparece de la nada)
– Su mujer y yo tenemos una tórrida aventura.
– Tiempo de crisis. Tiempo de crisis. A la puta calle.
Si algo que escasea en Tiempo de Crisis son las formaciones. Cursos cuyo contenido cuesta dinero y tiempo a la empresa. Comprended mi sorpresa cuando me han enviado hoy a un curso de “Trabajo en Equipo”. Un compañero ha dicho que es una indirecta. Yo le he grapado la mano a la mesa.

Mañana relataré lo que ha pasado. Me muero por subir una tira. Los tíos que me tienen secuestrado dicen que además servirá como prueba de vida. Sé que todos lleváis reuniendo dinero desde hace cuatro meses. Un amigo al que le dejé al cuidado de mi ordenador, las videoconsolas, mi equipo de música, mi coche y mi lujoso apartamento dice que os mantiene al día y me lo cuenta. Pocos amigos quedan así. Si aún siguiese con mi novia hasta se la dejaba. No creo que vuelva a tirársela de nuevo.

 

Máquina del tiempo

Ojos en el espejo

Un bar. Una mesa de mármol. Un café. Un cigarro que aún se consume en el cenicero. Es uno de esos modernos recipientes para la ceniza que ahora todos los bares tienen. Blanco cerámica, con una abertura que da una cavidad llena de agua. Me entretengo en pensar en ese minúsculo lago de agua y nicotina. En esas colillas ahogadas. Quizás las ahogamos porque el humo que resta a lo que fue cigarro nos recuerda que somos presos de un vicio. Mi cigarro se merece más. No quiero fumar, pero voy a dejar que se apague solo. Sigo leyendo a Murakami.

– ¿Y bien? – Una mujer de cabello azabache y grandes ojos me mira fijamente. Mis entrañas me dicen que nos conocemos. No sé si puedo tutearla. Por el tono con el que me habla creo que puedo arriesgarme. Pero no lo sé. Conozco esa mirada. Esos ojos. Sé que los conozco. Pero hago lo que me dijo el médico

Le explico mi problema. Que ha de contarme de qué estábamos hablando. Que ha de mirarme a los ojos. – Ya lo sé – Responde – Quiero saber por qué ya no dibujas – dice a continuación. Sus ojos están clavados en los míos.

Hace unos meses sufrí un grave accidente de coche. Cuando me miro en el espejo hay una fea cicatriz en el lado derecho de mi cabeza y por eso sé que es verdad. Si me hubieran dicho que un piano se desplomó encima mío les hubiera creído. Pero es poco probable. Si por las carreteras fuesen transitadas por largos pianos de cola en lugar de coches no hubiera sido tan descabellado. Yo no recuerdo nada. Ni mi vida anterior al accidente. Todo son huecos que invento o que creo que a veces reconozco. Sé que me gusta fumar. Ahora sé que me gusta ver como se apaga el cigarro. Y sé que amo como escribe Murakami. Así se llena una memoria.

Un bar. Una mesa de mármol. Un café. Realizo dibujos cuando la cuchara rompe la crema. Líneas que albergan el deseo de ser figuras en manos más hábiles. Pero a mí solo me salen remolinos. Forma parte del ritual del café. Y los sorbos largos. Y la tristeza de saber que cuando un café se acaba puede seguirle otro, pero será diferente.

– Te he traído unos papeles y unos lápices – Unos ojos negros se clavan en los míos. Alrededor de ellos se forma una cara. Un pelo oscuro. Miro a la persona que rodea a los ojos de forma periférica, pero procuro no mirar lo que me deja. Si pierdo esos ojos no sabré que lo que me está dando es para mí.

Le cuento que me perdone pero no puedo recordar. Que si acaba de llegar se sienta libre de pedir un café conmigo. Fuma. – El médico ha dicho que has de hacer cosas que te son familiares – Habla con suavidad. Ha de mirarme fijamente a los ojos. Yo evito mirar sus labios. Me fijo en las formas de su iris. En su pupila. En que usa lentillas. Me fijo muy rápido en el papel y en el lápiz. Es un papel maravilloso. Blanco como la nieve. Un lápiz de madera. Son míos.

Lleno mi vida de objetos y de sentimientos porque en esta nueva vida no cabe la gente. No solo perdí la memoria. La gente solo existe en mi mundo cuando sus ojos se cruzan con los míos. Si no es así, simplemente no están. Puedo caminar por la calle y mi cuerpo les va esquivando sin que yo sepa jamás de esa gente. Si les conozco. Si uno de ellos es mi hermano, padre, madre, amante o amigo. Mi cuerpo les ve pero no mi cabeza. Pero todo cambia cuando sus ojos se cruzan con los míos. Aparecen. Están ahí. Hasta que dejamos de mirarnos. Y entonces les olvido porque dejan de existir. No se busca lo que se olvida. Soy la última persona de un mundo que habita en mi cabeza. A veces me llegan recuerdos nuevos. Por eso sé que me pasa esto. Quizás no me lo dijo un médico, pero he decidido que lo voy a recordar así, es más fácil de explicar.

Un bar. Una mesa de mármol. Un café a la mitad. Y una hoja con un lápiz. No sé por qué me pongo a dibujar. Me gusta. Pienso en las cosas que me son agradables. Cavilo que algunos pensamientos son más grandes que los huecos de ese colador que es mi memoria y que por ello algunos recuerdos se van a quedar conmigo para siempre.

Dibujo, sin saber por qué, unos ojos negros.

 

Juegos de beber

PS: Gracias a Miakkes que ha hecho el montaje de los iconos de la tira. Eres la más mejor