Archive for Febrero, 2012

Todo está conectado

Dos tazas en una mesa del café Acuarela en Chueca. En su interior las conversaciones fluyen sordas. Difíciles. Secretas. Pequeños universos. Islas de madera con cuatro patas cuyo censo es de dos personas. Miro sus pequeñas vidas a través del prisma de mi imaginación. “A esta la están dejando”. “A este se le ha muerto el padre”. “Esos se acaban de conocer”. Miro desde lejos los problemas de sus países mientras ignoro el mío. Mi mesa limita con la del padre y con la que acaban de dejar.

– Todo está conectado – pienso.

Miro a mi mesa cuando el chico que nos trae los cafés pregunta si leche fría o caliente.

Caliente – digo. – Siempre caliente.

La leche caliente contiene dentro de sí misma la posibilidad de ser templada y fría. Caliente. Poder ser todo lo que uno quiera.  Si te arrepientes de ser templado sólo podrás aspirar a frio. Si ya eres frio, las cosas son mucho más difíciles desde ahí.

– Todo está conectado – pienso.

En mi isla hay dos cafés. Tú sentada enfrente. Dos cafés marcando nuestras fronteras. Nuestro pequeño atolón partido en dos. Yo me doy cuenta. Veo esa tierra de nadie que hay entre nuestras tazas. Que nos separa. Pero veo más allá.  Miro debajo. Miro a la madera sobre la que descansan los platos de nuestras tazas de loza. Miro al suelo que sujeta la mesa. El suelo sobre el que descansa mi silla y tu banco. El suelo que sostiene el resto de ínsulas de la cafetería. Todas con sus vidas tan similares o diferentes a las nuestras. Lejos y cerca. Todos sobre el mismo suelo.

– Todo está conectado – pienso.

Me hablas de la vida. De cómo las cosas cambian. De nosotros siento tú y yo ahora . En tu boca la frontera de nuestras tazas. Nuestra afinidad en fracciones idénticas individuales.

Yo hablo de la mesa. Yo hablo del suelo. Tú, de pagar a medias. De los libros que aún tienes que son míos y que no pienso pedirte. De tu ropa perdida en mis cajones que no quieres que te devuelva. Repartes recuerdos, pero yo no sé con qué mitad quedarme, con la mía, o con la que me dejas.

– Todo está conectado – pienso.

Entre nuestras tazas una cuenta. Dos veinte más la propina. Miro a “Esos se acaban de conocer“. Me pregunto cómo de lejos les quedamos. Cuántos cafés es la distancia que hay de su mesa a la nuestra. Perdón. La mía. Mía. Mi media mesa. Con sus dos patas sobre su medio suelo. En la mitad de esta cafetería. Partiendo Chueca. Madrid en dos fracciones.

Porque esa cuenta es lo último de los dos. Y cuando pagamos, lo último de cada uno.

– Todo está conectado.

 

Intolerancia

Informático. Cómo no.

Los departamentos de IT, Sistemas, de cualquier empresa tienen la labor social de aunar gran parte del frikismo de la sociedad. Es una verdad como un templo. Una verdad peyorativa. Gente que está ahí lo mismo resolviéndote problemas como haber cambiado la fuente de Word a tamaño “Tengo un problema de pene pequeño” hasta del tipo “La sede norte de tu compañía está en llamas y los trabajadores bailan desnudos a su alrededor y no te invitan a participar

Decir que toda la gente rara está en Informática es como decir que todas las tías de Recursos Humanos están tremendas o que las de Facturación no sabe cerrar las piernas. Verdades parciales. Y todo lo parcial es triste. Inacabado. Si al final dejamos que nuestra percepción social se guie por un consenso de mínimos, nos quedamos con los alegres chascarrillos de siempre. Los andaluces son graciosos. Los catalanes agarrats (no sé si existe, pero me lo invento para que suene a catalán). Los vascos se llaman Patxi. La gente de Extremadura es de Extremadura. A la gente de Madrid dejadnos en paz. Demasiado tenemos con albergar la Moncloa, el Constitucional, el Supremo, Telecinco y un lema titulado “De Madrid al Cielo” pero descubrir que no te dejan hacer que nada salte por los aires. Qué es un lema si no puedes glorificarlo: un tópico. Os lo dije.

 

En sistemas podemos parecer gente sin alma. Lo somos. El alma es un absurdo. El alma ocupa un espacio donde puedes almacenar 32GB de nuestra serie favorita, videos de gatos y cosas que no sabes ni como han llegado ahí (Discografía de el Fary, ¿Hola?, ¿en qué parte del proceso préstamo del USB has llegado ahí?).

Hablando con un compañero sobre estos clichés nos dimos cuenta de algo. Sistemas no es tan diferente de otros departamentos. Nuestras sensibilidades son diferentes. Pero somos iguales Dejadme ilustraros con este ejemplo:

 

Corro de mujeres (y algún macho gamma) agazapados en la segunda planta alrededor de alguien.

– Oh que mono.

– Oh que cosa.

– Oh que pequeñito es.

– Os tengo que traer el mío para que lo veáis.

En medio de la pequeña multitud, un orgulloso progenitor enseña fotos de su hijo, posiblemente de pocos meses de edad. Aún a catorce años de distancia de apuntarse a Tuenti y ser el generador de un desenfreno de decepciones en cascada que se remontan a una sencilla frase “Tengamos un hijo tan listo como yo y tan guapo como su madre

 

Corro de varones (y algún mujer) agazapados en la primera planta alrededor de alguien.

– Oh que mono.

– Oh que cosa.

– Oh que pequeñito es.

– Os tengo que traer el mío para que lo veáis.

En medio de la pequeña multitud, un orgulloso propietario enseña su nuevo gadget. Comprado en alguna web de nombre impronunciable. Aún a meses de distancia de empezar a dar problemas con la batería y ser relegado al mercado de Segunda Mano por la compra de algo más pequeño, más rápido. Mejor

Quizás os haga gracia. Pero un asunto muy serio. Yo lo tendría en cuenta. Una vez me dijeron aquello de “Cuando te preguntes  cual es el órgano más importante, y tú digas “El cerebro” pregúntate quién está elaborando esa respuesta“. Bien. Cuando te rías de los informáticos piensa desde dónde estás leyendo este texto. Estamos en todos los sitios.

 

Pero sí a que traigas marsmallows o nubes para acompañar. Pagafantismo, un superpoder o una supermaldición (sé la respuesta, dejadme crear duda inútil)

Tipo de varón aún más bajo que el macho alfa, por debajo del beta y del macho recela. Por encima del Forever Alone y el Pagafantismo. Tenía la necesidad de matizarlo su ubicación dentro de la cadena reproductiva. Más a menos a altura de “Oh dios mio, ¿eso es tu hijo? ¡Mátalo, mátalo!”

Ya está el puto gracioso que respondió “El hígado“.

 

Smartphones y dormir

 

San Valentín. El santo de los valientes de poca estatura.

Soy un caos para las fechas. Para todas. No existe una fecha tan importante en esta vida como para que yo la recuerde. Esto tiene sus ventajas y desventajas. Con alguna de mis parejas este hecho ha estado a punto de costarme la vida. Pero se ve que entre los beneficios debe estar desconocer el día que voy a morir. Por tanto, dicho día no llega nunca, pese a merecerlo. Cómo morir si no estoy preparado. Quizás todos vosotros digáis que tampoco sabéis cuando la parca irá a visitaros. Seguro de que retenéis una o dos fechas importantes. Yo no. Os gano. Mi enorme desventaja en onomásticas al final es una ventaja y sigo vivo. Injustamente, pero vivo.

 

Twitter me ha recordado que mañana es San Valentín. Esto no cuenta como conocer una fecha. Al menos no cuenta porque lo sé después de haber leído a un montón de gente genial hacer coñas sobre el por culo que les da dicha celebración. Dicho sea de paso, más de la mitad de ellos seguro que ya han comprado el regalo. Ser ocurrente por un lado y agachar la cabeza por otro es una característica propia de este país. Me imagino esa situación que se repite cada año.

 

– Cariño, sabes que soy super rebelde.

– Si amor.

– Pero este año te he hecho un regalo porque no lo esperabas..

– Te quiero mi cosita..

(cosita se unta la cosa en nocilla porque no tiene para bombones y es el llorar y el crujir de dientes en los cuarteles de Nutella)

 

Yo ni me acordaba. Veréis. Estaba dibujando otra tira. Y es cierto. De repente caes y recuerdas que tenías un guión que le va que ni pintado. Pues nada. Dos tiras. Por eso de la continuidad. Y el mundo sigue girando.

 

San Valentín. No tengo ni puta idea de dónde viene. No voy a investigarlo. Pensemos en esos tres grupos característicos de esta fecha. Grupos que se odian entre sí.

  • Los que regalan.
  • Los que dicen que no regalan porque están por encima de ello.
  • Los que dicen que no regalan pero se van unos días antes o después a celebrar un anacrónico San Valentín.

No os engañéis. Cualquier cena que incluya algún corazón o plato acabado en “de los enamorados” es una cena de San Valentín. Eso afecta también a la semana antes y la de después de la fecha. Y el rosa. Ese color maléfico. Si hay color rosa es San Valentín. Si te atropella una apisonadora de color rosa en ese rango de fechas cuenta como apisonadora de San Valentín. El juez pondrá “Aplastamiento por amor” como causa probable y te lo grabaran en la lápida para vergüenza en el más acá. Avisados quedáis.

 

Me pregunto hasta cuánto asciende el armisticio de San Valentín en la vida de pareja. Lo digo para esas ocasiones en las que le pillan a uno con otra persona en la cama.

 

– Cariño. No es lo que parece

– Bien, ¿y qué parece?

– Bueno, a tu prima le duelen los brazos y por eso me abraza con las piernas.

 

No sé lo que os depara el día de mañana. Pero que os pille con los pantalones subidos. Un rato cuanto al menos. Conocer lo que le depara la noche a uno le estropea cualquier sorpresa.

Otra cosa, , ¿los pagafantas cuándo lo van a celebrar? Vamos. Un día llamado “The Friend Zone Day” iba a petarlo. Apuntadlo. Decid que aquí lo vimos llegar antes que nadie.

 

Romanticismo

Vuelta a Final Fantasy 11

Kenka es mi amigo desde hace años. Un amigo de esos a los que debo dinero. Hay gente que cree que la morosidad es un mal hábito. Al contrario. Deber dinero crea lazos fuertes. Cualquiera puede tener una amistad basada en la confianza, las buenas experiencias y la comprensión. Pero ahora pensad. Cuando todo eso se vaya a la mierda, ¿qué queda?. A Kenka y a mí siempre nos quedarán mis deudas. Amigos, las deudas sólo se van si las pagas. Yo jamás le haría a eso a nuestra amistad. Es nuestro pilar de emergencia.

– Entrari. Voy a volver a Final.

– Ni me lo mentes.

Final Fantasy 11 fue un juego que se comió cinco años de nuestras vidas. Se dice pronto. Cinco años. No es tan malo. Durante esos cinco años el juego monopoliza tus conversaciones. Usas nombres insólitos (Karababa). Hablas de estrategias (DOT). De equipaciones (Full Relic). De lugares aún más extravagantes (Aht Urgan). Después del segundo año sin follar,  te das cuenta de que sólo a el fúbol se le permite todo eso sin ser tachado de friki en este país.

– ¿Sabes? Cuando dejamos el juego, no nos despedimos de nuestros personajes.

– … – Aterrador silencio de “a mí no me vengas con mierdas de chantaje emocional”

– Además solo será un mes. Recordar todo lo bueno. Ya sabes. La gente, las quest, los sitios. Ahora somos gente respetable con vida. No vamos a dejar el trabajo por llegar a nivel 99

– ¿Y qué pasa con el dolor? ¿Y los gritos? ¿Y las ojeras? ¿Y espera ahí tres horas más a ver si aparece el monstruo? Y respetable tú, bonita.

–  So zorra metrosexual.

Kenka es listo. Pero cinco años de dolor no se borran así como así. Quizás vosotros no sepáis de que estábamos hablando. Suponed que alguien cada mañana te pega una patada en los huevos y después te da una galleta. Es probable que después de cinco años le preguntes al señor por qué te da la patada. Este te responde que por ningún motivo en particular. No tenía nada mejor que hacer, y porque le sobraban galletas en casa. Si se hubiese presentado para dártelas no plantearía un desafío. La patada es el reto.

Tú educadamente le mandas a la mierda. Te jactas de ello durante tres años “Un tío me daba patadas en los huevos para que me supiese bien el conseguir una galleta”.  Un día, sin previo aviso recuerdas que las galletas eran de chocolate. La nostalgia es así. Y llamas de nuevo a ese señor, por los buenos viejos tiempos. Entonces es cuando estás vendido. Síndrome de Estocolmo o algo así.

– Vas a dejarme a mi solo bajar a los infiernos de la nostalgia

– Si. Claro.

–  Y me debes dinero.

– … Por un amigo al que le debo dinero voy a dónde sea.

Y es que las deudas unen mucho más que el honor y esas cosas. Con suerte, espero que a Kenka le den las dos patadas en los huevos mientras me como las dos galletas esta vez.

PS: Kenka me está recordando que soy celiaco y que me joda. Que cabrón más simpático.

 

Final Fantasy 11

Todos los Lunes cumple ocho años

evolucion

Todos los lunes cumple ya ocho años. Eso en tiempo de internet es mucho.

 

Tenemos la necesidad de comparar con referencias. Elevarlo a una nueva magnitud. Medidas como “estadios de fútbol”, “años de perro”, “piscinas”, “cubatas”… Ignoro a cuántos “rusos  blancos” equivaldrá mi blog. Ignoro qué parte es el vodka de dicha bebida. Al menos tengo muy claro la parte que es el café. No me hagáis hablaros de la que es la leche.

 

La gente dice que escribe diarios. Si lo pensáis es un nombre ridículo. Es lo que ocurre con los nombres que buscan algún tipo de consenso. “Diario”. Uno ve esa palabra y le dicen que es algo en lo que uno escribe sus cosas, lo que le pasa, en qué piensa.

 

– Y se llama diario porque escribes ahí todos los días.

– No, no. Yo escribo cuando puedo. Cuando me apetece.

– No me jodas.

 

Entiendo que llamarlo “Cuandomeapetecerario” es confuso. No voy a ponerme a pensar en qué nombre ponerle a algo en lo que escribes dos días a la semana o cuándo te viene en gana. Alguien muy listo debió pensar en esto y creó las Moleskines. Pequeños diarios despojados de su temporalidad. Ahora se está forrando. Yo al menos he contribuido comprándole una.

 

La gente como yo cree que los nombres dan sentido y significado a las cosas. También creo en los impulsos y en buscarle motivos a posteriori a todo. Ambas partes de mi pelean dentro de mi mente por saber quién tiene razón. Es como una disociación. Este blog se llama “Todos los Lunes“. Publico cuando me viene en gana o estoy de ánimo. Adivinad qué parte de mi cabeza ganó esa lucha.

 

Un blog es la pornografía de los diarios. Llevo 8 años escribiendo y dibujando lo primero que se me cruza por mi velada razón. Sin duda son un montón de “Rusos Blancos”. Podría hacer estadísticas y aburriros. De hecho, sé aburriros solo escribiendo sin pretensión de ellos. Imaginad si pusiese ganas. Pero hoy me apetecía celebrarlo de alguna forma. Porque ocho años son un montón de tiempo, y porque esta debe de ser la primera vez que me he acordado de ello.

 

Gracias por venir. Os daría un apretón de manos afable. Distribuiría abrazos, pero entonces tendría que dejar de apuntaros con un arma.

 

A los cinco fans, más el ninja.

 

PS: Os dije que la iba a rehacer para las tazas…

 

Sentido de la Vida

De qué hablo yo cuando hablo de correr

Yo nunca he sido una persona deportista. No en la forma en la cual en este país se entiende serlo. Ya sabéis. Un sofá, una cerveza, unas pizzas, una televisión. El 50% de esa breve lista ya podrían matarme (es mentira, pero como celiaco me encanta el drama). Estoy seguro que el 50% restante, televisión y sofá, desde cierta altura también. Veo el epitafio: “Muerte por sofá. Murió descansado“.

La gente que corre huye de algo. Está demostrado que huir de las cosas alarga la vida. Tested on people que ha salido por pies de algo. Los valientes son los que juegan con más números al concurso de morir heroicamente. ¿Habéis oído a un cobarde laureado por huir heroicamente?. De cara al público puede quedar fatal que se declare un incendio y tú salgas por piernas. Existe la opción de no ser un miedoso completo. Basta que alguien dé el primer grito de “Iros. Yo salvaré al pequeño Timmy” para que puedas decir “Yo lo he intentado, no quiero estorbar“. Un cheque en blanco para tu conciencia. Desgraciadamente si lo que quieres es del tipo de admiración que te puede proporcionar sexo con gente, los “100 metros cagazas” no son tu modalidad.

Mucha gente no corre porque no sabe. Yo pensaba que eso es imposible. Hay gente cuyo concepto de carrera consiste en andar a la misma velocidad pero dando pasos mucho más pequeños. Si no sabéis a qué me refiero, simplemente esperad cerca de cualquier paso de cebra. No os llevará más de dos cambios a rojo hasta que aparezcan con sus bolsas de la compra (los daltónicos ya sabéis de que luz del semáforo hablo)

Mucha gente no corre porque no tiene equipación. ¡Mentira! La gente que no tiene unas zapatillas de deporte y un pantalón de chándal están muertos por dentro. ¿Por qué? Porque el chandal es, en una escala de comodidad, lo más cercano al pantalón de pijama que existe. Y permite que bajes a comprar el pan en domingo. ¡Todo en uno! (menos si eres celiaco). Las zapatillas están ahí, porque crecen en los zapateros. Y no me neguéis que todos tenéis al menos una camiseta de talleres Paco. Evitad el táctel. Esa es una tela que quedará rara si no eres un politoxicómano, un borracho o un padre de familia  (o mezcla)

Al final mucha gente no corre porque cansa. Follar también, pero tiene mejor prensa.

Os contaré un secreto. Soy un tío que corre. No me gusta darle prensa por eso de que te estigmatiza de inmediato. Probarlo. Decid “Yo salgo a correr“. Todo el mundo es un crítico en potencia: “Pues no se nota“, “Oh vaya, estás empezando“, “Pues no será mucho“, “¿Cuánto corres? Yo media hora más que tú  aunque no me hayas dicho cuánto “. Correr es un estado de tensión constante que, para ser algo individual, tiene un calado muy tribal. ¿Por qué? Porque tenemos un código secreto entre corredores. Los no corréis lo ignoráis. Consiste básicamente en una caída de ojos cuando ves a otros en dirección contraria a la tuya. Su etimología es compleja pero proviene de “No me juzgues, llevo sin salir a correr un mes“.  Significa “Buenos días noble deportista” en mil idiomas. Si no corres a menudo a veces pronuncias mal y suena a “Coño, ya no cojo el bus

Haced deporte. Y extended la voz. Con suerte se enteran de que ha sido por leerlo aquí y me cae una beca ADO y una estatua que rechazar como Marta Domínguez.

 

Running