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Diciembre 31, 2011

Último post del año

Hablo con mi buena amiga Miakkes. Está al otro lado de internet. ¿Cómo es el otro lado de internet?. Pues no lo sé seguro. Está ahí. A veces cuando cruzas para ver como es el otro lado descubres que la gente cambia. Que su capacidad de comunicarse se queda atrapada en la red. Es como si para llegar al otro lado de internet te dejases algo importante en el viaje. Quizás si cruzases a través de internet podrías llegar del todo a esa persona. Pero nosotros no. Somos seres analógicos asomados a una ventana digital. Nosotros para ir al otro lado hemos de dar un rodeo. El rodeo malo. En el que la gente tiene sólo un porcentaje de su ingenio, de su gracia, de su profundidad. Cuando giramos alrededor de la red para vernos también nos perdemos nosotros. No lo vemos. Pero la otra persona es comprensiva porque nosotros lo somos.

-Qué haces- Escribo a Miakkes por gmail.
- Pintarme las uñas. - leo después de un rato
- Ten cuidado no te pintes un huevo - Respondo
- No tengo huevos.
-Entonces imagina el poco cuidado que has de tener para pintar uno entonces.

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Este podría haber sido un post sobre lo que me queda del 2011. Este podría haber sido uno de esos en los que dependiendo del estado de ánimo, uno hace balance de las cosas buenas, o de las cosas malas.

Uno, de lo bueno, no se suele acordar. Lo bueno, lo agradable, deja en nosotros una huella leve. Como si su recuerdo hiciese con el dedo en la espalda -"Eh, tú" presionando con el índice con cautela para que nos demos la vuelta. Y lo haces. Y reparas en ello. Te alegras. Cuando dejas de mirar olvidas que está ahí. Así somos nosotros. Bienvenido al ser humano. Entra. Tenemos galletas.
Lo malo. Lo desagradable. Las malas noticias. La mala suerte. Los malos gestos. Una contestación desafortunada. Una putada. Una mala casualidad. Todo. Lo que nos jode tiene un filo infinito. Desde llegar a ser el papel que te corta la yema de un dedo y escuece, hasta ser un puñal en unos de nuestros riñones. La mierda de todos es una brillante espada que siempre taja, y siempre duele.

Y esto se debe a una razón muy simple. Autoprotección. Uno no se protege de las cosas buenas que le pasan. Procura que le ocurran tan a menudo como sea posible†*. En cambio las malas están ahí. Dejas que se te cuelen una vez y no lo olvidas. Hay que evitar que todo lo malo que nos pueda pasar vuelva a suceder ✩*
Si no me creéis, haced una prueba ahora mismo. Haced un rápido balance de las cosas que te han pasado este año. ¿Verdad que para las positivas has de decirte "Y también cosas buenas"?. Ahí está la jodida coletilla.
Así que si queréis un buen motivo para el 2012 olvidaos de mierdas de "Reducir mi huella de carbono" y similares. Esto no tiene nada que ver con el karma. Aquí lo malo pesa más. Procurad que la huella negativa que dejéis en los demás sea insignificante. Ya pasan demasiadas cosas como para encima contribuir a crear más carga.

Quizás yo sea una mala puta vengativa y vosotros unos seres maravillosos. No pasa nada. No os envidio. Dejad en los comentarios, que no escribís nunca, la dirección de vuestra casa. Iré a veros con un bate de aluminio a desearos la Navidad. No voy a dejar que me quitéis la razón. Soy un tío majo.

†*.Tú vecino, el Serpiente, ese que te pasa esa mierda tan buena puede estar dentro de este rango. Lo que le compras. No el Serpiente.
✩*Los premios Darwin son casi una honrosa excepción a este caso en el mundo del daño físico. Digo casi, porque un premio Darwin no da segundas oportunidades. En el terreno de los sentimientos y emociones, siempre en expansión, no se rige por estos cánones. Lo siento.

Posted by Entrari at 6:19 PM

Diciembre 30, 2011

Skyrim

Tenía ganas de recuperar este texto. Lo escribí hace tiempo en una colaboración de un blog, así que a fin de acompañar la tira de hoy, aquí lo pongo.

De noche. La poca luna que quedaba en los cielos había sido engullida por las nubes de lluvia que ahora caía sobre los tejados de Avernarium. El constante repicar de las gotas ocultaba los pasos de una figura solitaria corriendo por los tejados.
Gabriel se aferró para mirar a lo lejos desde una cornisa. La Torre del Reloj quedaba a un salto de quince metros a partir el punto más cercano. La inconfundible figura de su aya ya estaba arriba esperándole. Existían más de cinco metros de subida por una lisa pared de mármol desde la escalera. Las losas mojadas añadían un grado más de incredulidad a las notables capacidades de su anciana mentora.
- Le he encontrado – Gabriel empezó a recoger los arpeos con los que había escalado. – El herrero que me dijisteis. No a él, pero si quizás a alguien quién sabe dónde puede estar,
- No es lo mismo.- La vieja aya se despojó de su capucha dejando libres sus largos cabellos blancos. Sus ojos miraban al infinito. - ¿Aún así crees que te valdrá?
Gabriel buscó bajo su ropa. Esta estaba aumentando de peso por el agua. Tendría que tenerlo en cuenta cuando bajase de allí. El equilibrio es muy delicado bajo condiciones tan tercas. Cuando encontró lo que buscaba se lo extendió a su mentora. – Es ella.
La nodriza miró la imagen del objeto. Sus ojos parecieron abrirse con incredulidad por un instante, pero dicha emoción fue corregida de inmediato. Entonces, sin mediar palabra rió sonoramente de forma cruel y amarga.
- Sin duda tu linaje está maldito -, siguió riendo. - ¿Sabéis quién es verdad?
- Lo sé. – Respondió de forma seca.
Cerró la mano alrededor del objeto sopesando su peso - ¿Y habéis decidido como acercaros a ella?
- Aunque sea un bastardo, sigo siendo el hijo de mi padre. Hay puertas que ni a mi pueden cerrarme. – Mientras hablaba, su aya arrojó contra la noche el retrato que Gabriel le había entregado. – Yo he hecho mi parte. La espada de mi padre, decidme, ¿ya sabéis dónde está?
- Te he hecho venir hasta aquí y te preguntas si lo sé. Cada cosa a su momento. Tu aya está vieja y sus pobres huesos duelen con el frío de este tiempo. Deberías ser más considerado.
- Lo sé, lo siento.
La aya recogió su cabello mojado y lo ató con una cuerda. La negra capucha volvió a su lugar dejando ver solo sus ojos grises y su notable nariz. Mientras, se ajustaba las muñecas con movimientos circulares revelando el sonido de algún ingenio mecánico a los que era tan aficionada.
- No puedo cuidar continuamente de ti Gabriel. Un maestro no debería preocuparse por estas cosas, pero cuando te hirieron en el cuello temí mucho. Si no puedes seguirme no correrás riesgo. Y si puedes, quizás puedas estar preparado para lo que se avecina.
El joven miró hacia abajo imaginándose el siguiente movimiento. La rueda de la venganza llevaba ya años girando y engullendo las vidas de todos aquellos que se ponían a su alcance. – Estoy listo.
La nodriza saltó de cabeza desde la torre más alta de Avernarium mientras reía de forma salvaje. Gabriel aún necesitaría tiempo para abandonar la torre por sus medios, pero sabía a dónde se dirigía su maestra.

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Posted by Entrari at 11:03 PM

Diciembre 24, 2011

Marketing, vértigo, paracaidismo y lotería

El marketing consiste en maquillar a la tía más fea y decir que es una bellísima persona mientras se alimenta de bebés. Todo ello sin que te tiemble la voz, o te mueras de risa. Depende de la cualidad humana de cada uno. Cada oficio tiene unas características propias y por ello no todo el mundo vale para desempeñar cualquier trabajo. Por ejemplo, todos los abogados tienen su propia risa malévola, un inconfundible crepitar de las llamas a su alrededor y el maldito olor a azufre. Ese que nunca se les va de encima. Si de serie encima eres rojo y tienes cuernos, auguro que serás un gran abogado.

Agallas. He ahí un bien que escasea. Una circunstancia desfavorable en manos de alguien con suficiente cara como para venderlo bien se llama Oportunidad. Pensad en Jackass. Ese programa vive de dos cosas que nos gustan. El dolor ajeno, y que haya gente que esté dispuesta a que les den patadas en las pelotas. Para las que no lo sepáis, eso duele mucho. Más que parir.

La gente tiene una noción de la estadística muy pobre. Eso ocurre porque están influenciados por el marketing. El marketing regala caramelos y llaveros. La estadística, solo problemas y una visión de la realidad libre de azúcar. Es el tipo malvado que dice que el color azul es azul. El marketing es quien matiza diciendo celeste, cian o de Prusia. También las mujeres. Pero esa discusión sobre los colores y sexos ya se tendrá otro día en este blog.

Pongamos el ejemplo de la lotería y del paracaidismo.

La lotería consiste en comprar un número. Dicho número tiene unas posibilidades de aparecer ganador, pero ojo, muy pequeñas. Uno da su dinero. Participa, y si todo va como se supone pierde ese dinero, repartido entre diversas partes entre los afortunados ganadores, Loterías del Estado y el Estado en sí.

El paracaidismo supone en pagar por saltar de un avión. En dicho salto tienes posibilidades de estrellarte contra el suelo, pero ojo, son muy pequeñas. Uno da su dinero, salta, y si todo va como se supone aterriza sano y salvo sin que sus partes queden divididas entre distintos ganadores, tierra, mar y aire.*†

Dependiendo de cómo se maquille una estadística absolutamente ínfima puede venderse o no. Pero lo que nos interesa es gente que pague por ella.

Estos son los días en los que la gente participa en la lotería por motivos varios. Yo no lo hago porque se me ocurren montones de formas más constructivas de tirar mi dinero. Quemarlo para quitarme el frio es uno de ellos. Cuando llegue el sorteo y no le toque nada a nadie (soy así de gafe) todo el mundo tendrá el mismo nivel de felicidad por la simpleza de que todos son igual de ricos. Yo soy de los que me quedaré en mi sitio y aplaudiré sea cual sea el resultado. Siempre es más impopular hacerlo cuando nadie resulta beneficiado. Más aún si rio sardónicamente mientras grito "Idiotas, ya os lo dije" señalando con el dedo.

Volvamos al paracaidismo. Yo tengo vértigo. Por ello me quedo en tierra mientras los demás deciden participar en ese gran sorteo que consiste en saltar. ¿El premio? Que tu paracaídas forme parte de ese ínfimo porcentaje de defectuosos que no se abren pese a las obligatorias revisiones.

No se vosotros, pero yo me siento seguro en el suelo. Como mucho si queréis os ayudo disparando desde abajo.

Dad gracias a que mi puntería es una mierda. Perras.

*¹ Excepto en el mar, ahí tenerlas es ser del montón, y pese a ellos los peces no se van retando los unos a otros a hacer cosas estúpidas
*². Menos esa vez que un pez le dijo a otro en el Paleozoico "A ver si te atreves a respirar fuera del agua". Eso daría lugar a los dinosaurios, los monos, el Homo Sapiens, Esperanza Aguirre y a Fraga. No en ese orden exactamente
*³. Los colores son 7, y como hombre admito a lo sumo que se diga “claro” u “oscuro” para matizar
*†. Que casualmente son las mismas salidas para los científicos de este país.


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Posted by Entrari at 11:50 PM | Comments (1)