CRÓNICA DE UN ÉXITO AUNCIADO. #15O

Esta es la historia de un éxito mundial. Esta es la historia de un día que muchas batallas aisladas se convirtieron en una guerra global. Esta es la historia del primer movimiento que hicimos los de abajo para hacer caer a los de arriba. Esta es una historia contada por el 99% de nosotros.

 En Arganda del Rey comenzamos nuestro día con una asamblea propia. Nos alegramos mucho al ver que la semana de trabajo de difusión había dado sus frutos. No fueron pocos los que se acercaron para enterarse de los horarios de las marchas, algunos incluso se quedaron con nosotros durante toda nuestra jornada. Una jornada que nos dejó exhaustos y sin fuerzas el domingo. Pero con una gran, grandísima sonrisa.

Nuestra asamblea fue relajada y algo más corta de lo normal. Empezamos a las doce con una exposición (y posterior minidebate) sobre Autoridad y Obediencia, para luego pasar a tratar todos los puntos de trabajo que habíamos tocado durante la semana. Finalmente acabamos la asamblea sobre las dos y aprovechamos el tiempo que teníamos para comer juntos y hacer unas pancartas en la plaza. El hermanamiento asambleario se consigue con estas acciones.

Finalmente media hora más tarde partimos para comenzar, junto con nuestros compañeros vallecanos, la marcha de la Columna Este Desde Sierra de Guadalupe hacia Cibeles. Fueron muy emocionantes esos ocho kilómetros, a paso de manifestación, que tardamos en recorrer tres horas. Como poco a poco, casi de manera imperceptible, íbamos aumentando el número. Como se nos iban juntando asambleas. Y como finalmente, en el Puente de Vallecas, comenzamos a hacer el tramo final de nuestro recorrido una columna de miles. Si sólo nosotros éramos tantos ¿Cuánto nos esperaría en Cibeles?

La respuesta no tiene palabras. No podríamos expresar un sentimiento con coherencia. El simple hecho de tardar dos horas y media para hacer escasos ochocientos metros para entrar en Sol, porque la plaza estaba abarrotada y no entrabamos en ella, fue el colofón de nuestra noche. Muchos nos hemos acostumbrado a odiar las esperas. Nos hacen esperar en los bancos, los ayuntamientos, al teléfono cuando tratamos de hablar con nuestras compañías de agua o de otros servicios. Incluso cuando vamos a divertirnos tenemos que esperar previamente un largo tiempo de espera. Sin embargo, esas dos horas solo tenían para nosotros un significado; había sido un éxito. Todas nuestras previsiones se habían desbordado. Cada segundo fuera de Sol por no poder entrar era algo a festejar y celebrar. Y lo hacíamos.

Una vez dentro de Sol la emoción no fue menor. Habíamos entrado en casa. Una casa que estaba más llena que nunca, más viva, más compartida. Y no solo porque muchas personas, muchas hermanas y hermanos estuvieran allí. Sino porque pronto empezamos a saber que el éxito también había sido mundial. Reino Unido, Francia, Italia, Estados Unidos, Honduras, Chile, Alemania, Australia, Rusia. Siria, Grecia…. así hasta ochenta países. Ochenta países estábamos en Sol. Ochenta países fuimos hermanos.

No éramos de izquierdas pro Rubalcaba ni de derechas anti Zapatero. No éramos jóvenes ninis ni jubilados sin nada que hacer. Éramos padres, hijos, abuelos y nietos. Éramos tú que nos lees ahora y él que no lo hace. Éramos los que hemos sido pisoteados por una crisis que otros han causado. Éramos los que tenemos que “arrimar el hombro porque son tiempos difíciles” pero de los que nadie se acordó a la hora de arrimar los beneficios en tiempos de bonanza. Éramos el pueblo que cargaba contra los poderosos.

El 15 de Octubre éramos el 99% de las personas que estamos debajo, y cargamos contra los de arriba.

 

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