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Rondando el aleph Archives

Diciembre 7, 2005

¿Especialista en qué?: en filosofía jurídica o defensa personal mental, según gustos...

Lo que es la vida.
Desde que terminé la carrera he dado algún que otro bandazo. Según tengo entendido es de lo más normal. Tras seis años interminables y una eternidad ante los libros el Ministerio de Cultura va a estampar mi nombre en un papelito, donde dirá que soy licenciado en Derecho.
Parecía que era un día que no iba a llegar jamás. Recuerdo que muchas veces, durante las horas ocasionales de cafetería de rigor que todo universitario conoce, preguntaba a una compañera de clase “¿crees que acabaremos la carrera algún día?”.
Pues sí, el día llegó. Y cuando lo hizo pasó algo curioso: luego vino otro, y luego otro, y otro…
Al principio parecía algo casi natural. Después de todo, tras cada período de exámenes uno tenía por costumbre unas vacaciones de duración variable. Pero a medida que se acercaba octubre empecé a sentirme desorientado. Cuando dedicas seis años de tu vida (y llegas a realizar sacrificios en los últimos) a un objetivo, te sientes desnudo cuando lo alcanzas. Es como empujar una puerta. Cuando notas que está a punto de ceder presionas con más fuerza, y cuando por fin se abre, descubres que te la has dado de bruces contra el suelo de la otra habitación.
Algo así es terminar una carrera, o al menos es mi impresión. Las reglas que rigen tu vida no sólo cambian, si no que comprendes con mayor profundidad las miserias del lugar que acabas de abandonar. No es demasiado agradable. Cuando te empiezas a mover en el “mundo real” descubres lo que de verdad piensa la gente de a pie acerca de la ley y la justicia, y es un poco desolador. En los casos de los filósofos juristas es especialmente claro. Su especialidad es la más ingrata dentro del mundo jurídico, en el sentido de que es la menos comprendida. No se dedican a conocer tanto el Derecho vigente, sino a cuestiones sobre qué puede entenderse como justo, correcto, adecuado y en cómo trasladarlo a las leyes. La legislación es concreta, y ellos teóricos de lo abstracto. Lo que pocos saben es que la Filosofía Jurídica es algo así como “el poder tras el poder”, en el sentido de que de ella no emanan los enfoque concretos de las leyes (como cuánto hemos de pagar a Hacienda todos lo meses), sino cuestiones más abstractas, que no menos complejas (quién tiene que pagar, por qué tiene que hacerlo, a quien va destinado ese dinero y especialmente por qué unos tienen que pagar más que otros…). Toda especialización académica deja un cierto grado de deformación. Ésta no es diferente. He conocido filósofos jurídicos excepcionales que no tenían nada que decir sobre cuestiones concretas (cual es el plazo para interponer un recurso, qué indemnización por despido corresponde a alguien…) que sin embargo eran capaces de analizar y descuartizar el mundo con una facilidad pasmosa. ¿Quieres hablar de cómo afectan las creencias, la fe, o la esperanza de la gente a la sociedad? ¿Deseas escuchar puntos de vista afinados acerca de cómo convivir con los extraños, de cuáles son los problemas del mundo? ¿O acaso prefieres intentar responder a cuestiones como quiénes somos, a dónde vamos, y con quién podemos emprender nuestro viaje conjunto? Y lo que es más importante, ¿cómo organizamos todo eso?
Ese es el papel del filósofo jurídico. Hacer brecha, romper el frente, llamar la atención sobre a lo que nadie importa pero a todos afecta. Estudiar el poder y cómo se encarna en la ley, en como el pueblo puede realmente ser soberano, el volver la vista a la realidad como hace el vigía de un barco y saber anticipar los problemas.
¿Qué les diferencia de todos los demás? ¿Acaso no puede hacer eso cualquiera?
Sí, seguramente. Sin embargo, los que se han especializado en filosofía jurídica tienen un proceder diferente de hacer las cosas. Ni mejor ni peor, tan sólo diferente. Los que se dedican a estas cosas comprenden que todo está relacionado, que no hay acción sin consecuencia. Por tanto, todo cambio implica una posible reacción discordante en elementos de la arquitectura social, no siempre benéficos. La información se procesa a raudales. Reconocer a un filósofo del Derecho es sencillo en una Facultad. Suelen ser los que van callados, con la mirada perdida. Cuando la gente les pregunta ¿en qué piensas?, normalmente dicen “en nada”, por la sencilla razón de que es complejo explicar en palabras lo que a uno le pasa por la cabeza cuando tiene cinco cosas en mente al mismo tiempo.
Algo de todo esto puede recordar, sin duda lo hace, a otras ramas académicas. Especialmente si nos acercamos a la Sociología o la Politología. No es de extrañar. Los filósofos juristas se especializan en tres campos diferentes. A saber: Sociología Jurídica, Filosofía Jurídica y Teoría Jurídica (el término filósofo jurídico se emplea tanto para referirse al especialista en una materia concreta, como al “filósofo generalista”; en puridad, es una distinción un tanto artificial, por la sencilla razón de que uno no puede defenderse en este campo sin ser competente en las tres especialidades). La Sociología se dedica al estudio de las relaciones mutuas que sociedad y ley mantienen, los filósofos se preocupan por qué es correcto y por qué lo es, y los teóricos se centran en los nexos y la coherencia lógica de las leyes. Todo está relacionado, la legislación es una respuesta a las demandas de la sociedad, que a su vez vive de conformidad a unos valores, que a su vez requiere de un nivel de elaboración técnico-lógica.
La gente no suele comprender la importancia de este trabajo. Las respuestas que desde este campo pueden ofrecerse van más allá de las cuestiones concretas por las que solemos preocuparnos. Así, la impresión generalizada es que un jurista que no sabe contestar a tales preguntas es un jurista inútil.
La inutilidad, como siempre, es relativa. Existe la creencia de que los licenciados en Derecho sólo saben de leyes. Sin embargo, no sería correcto afirmar algo así. Un licenciado en Derecho sabe, precisamente, de Derecho, de las normas que regulan y arquitecturan los entramados sociales. De por qué el mundo social es como es, cuáles son sus principios rectores.
Es por ello que tras abandonar la facultad uno se siente frustrado. La labor del filósofo jurista, al menos de los que tienen la suerte de poder desempeñarla con los medios adecuados, no suele ser reconocida por la sencilla razón de que no se entiende ni se comprende. Cuando se vierten las opiniones ante un público extraño suelen ser recibidas con ceños fruncidos o con desaires, normalmente acompañados de comentarios como “eso sólo es verdad en tus libros”, o “eso es la teoría, pero la realidad es muy distinta”. No deja de ser sorprendente que “la realidad” de la que tanta gente habla suele basarse en verdades a medias, datos incompletos e inconexos, e inferencias más que discutibles. Por otra parte, no es para nada infrecuente que muchas personas con nociones más que elementales en alguna cuestión legal se consideren autoridades en la materia. Conocen el dato concreto, pero no son capaces de comprender su papel en el árbol del Derecho. Los juicios suelen ser erróneos (jurídicamente hablando), y lo que es peor, puesto que dicha opinión se basa en conceptos legales, suele tenerse por particularmente “autorizada”. Un ejemplo claro es el suicidio, una gran cantidad de personas creen que es delito. De ser así, los muertos serían presos ideales: no darían molestias ni habría que darles de comer. Del mismo modo, está a todas luces claro que meter entre rejas a un suicida potencial junto a atracadores o ladrones es la socución a sus problemas...
Es fácil sentirse sólo cuando muchas cosas en las que pones tu fe son, a veces, tomadas con condescendencia o simplemente ridiculizadas. Es difícil penetrar en las opiniones formadas, no importa lo poco densos que puedan ser sus pilares. Es terriblemente desalentador escuchar pocas opiniones, en muchas bocas distintas. Es síntoma de que son pocos los que interpretan la realidad, que a su vez exportan su visión a los demás sin que exista barrera alguna contra las medias verdades.
Y esa es otra diferencia de los filósofos con respecto a los demás colegas juristas. Muchos tienen miedo. No es un juicio que dure unos años. Es un pleito que dura una vida entera, y que seguramente no se podrá ganar jamás.

Saludos,

Angellus.

Paz, amor y dvd´s para todos.

Diciembre 9, 2005

¿Por qué no funcionó la Constitución europea?

No coments.

Saludos,

Angellus.

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Diciembre 27, 2005

Ética de la responsabilidad: asignatura obligatoria evaluable para nuestra conciencia

Ahora que tanto se habla de la religión como asignatura evaluable, creo que a colación de ciertas noticias es necesario reflexionar sobre muchos valores, no sólo de corte religioso.

En 2004 se practicaron 85.000 abortos, un 6,5% más que en el año anterior, tal y como se puede leer en el link anterior. Y antes de que nadie se me tire al cuello, dejemos claras las cosas. No es mi intención comentar si estoy a favor o en contra del aborto. Es un tema demasiado complejo y demasiado serio como para frivolizar con el mismo. Cada uno tiene sus opiniones al respecto, y las mías en este punto son un tanto personales, de modo que me las guardo.
Sin embargo, creo que ciertas cifras sí deben hacernos pararnos a reflexionar un poco. Según los datos, el porcentaje más elevado de mujeres (o parejas, que esto es cosa de dos en muchos casos; aunque por desgracia son ellas las que se suelen llevar la mayor carga por motivos más que evidentes) que optan por interrumpir su gestación oscila entre edades comprendidas entre 25-29 años (un 11, 43 %). Seguidas por las menores de 19 (10,57 %), para continuar con las que tienen más de 30 años (en porcentajes variables según la muestra estadística). Dichos datos se complementan con que más de la mitad de estas mujeres eran solteras, al igual que en aproximadamente la misma proporción, trabajadoras.

¿Qué revelan estos datos? Por sí sólo, y con tan poco detalle, poca cosa. Es necesario acercarse a la cuestión con mayor detenimiento, por lo que no seré taxativo en mi opinión (ya sabéis que quiero decir al ponerlo en cursiva).
Vivimos en un entorno plagado de sexo (por plagado no quiero decir que me parezca mal, ojo...). Sencillamente, está al alcance de cualquiera en múltiples formas y maneras. Vivimos, básicamente, en una cultura sexual. Si deseamos consumir porno, sólo hay que buscarlo en internet. La juventud es infinitamente más liberal hoy en día (hablando siempre en términos generales) que en época de nuestros padres. Sencillamente, y a menos que alguien me indique lo contrario, creo que el número de parejas sexuales que la población ha mantenido de unos años a esta parte se ha visto incrementado. El aspecto positivo del sexo, entendido como placer y satisfacción, se ha extendido sin problemas (y bien que me parece oiga...) sobre nuestra sociedad. De igual modo tenemos un acceso privilegiado, en comparación al que tuvieron nuestros padres, a métodos anticonceptivos. Los medios, y la información están ahí. El momento y la oportunidad los ponemos cada uno.
Sin embargo, las tasas de abortos no han dejado de crecer. Según estas cifras (que tal vez hago mal en valorar sin conocer bien), no ha dejado de aumentar. El principal motivo para intervenir la gestación es el riesgo para la salud de la madre. Motivo, que conste, me parece más que justificado, y aquí lo voy a dejar. Lo que me escama es la cruel sospecha de que (en parte por que la mayoría se realizan en centro privados, y a lo mejor me equivoco y a nadie quiero faltar el respeto, pero en ocasiones la pasta silencia las preguntas de rigor legal) más de una de estas interrupciones por dicho motivo se interpreta de manera laxa. Y digo esto con la mayor de las cautelas y sin señalar a nadie. No digo que así sean las cosas, si no que me limito a expresar un temor.

Cuando volvemos lo ojos a nuestra vida cotidiana, sencillamente, no encontramos ambas dimensiones del sexo (positiva: placer/ negativa: consecuencias) igualmente presentes en nuestro entorno y cultura popular.
El aspecto meramente lúdico es omnipresente, no siéndolo su contrapartida. El sexo se trivializa, o al menos me lo parece. No, no soy un monje que proclame la abstinencia (ni de coña, vamos...). Si no me equivoco, parece que tenemos más miedo a las enfermedades de transmisión sexual que a los embarazos. Y creo que esto se debe en la medida en que para los segundos existen "arreglos" en caso de falta de cuidado: píldora del día después o el aborto propiamente dicho. La gestación se contempla, creo, como una posibilidad desagradable pero igualmente atajable. Es decir, los métodos abortivos parecen consolidarse (una vez más: cautela; esto es un temor no una aserción indiscutible) como procedimientos anticonceptivos.

Algo falla. Algo no me cuadra. No deseo deslizarme a cuestiones éticas. El debate es fácil, pero también vulgar en muchos casos, y con demasiada frecuencia, poco serio (dadle un repaso a los comentarios del 20 minutos si os place). No es mi intención entablar una discusión entre qué ha de primar, el parecer de los que han de conducirse en su vida o el bienestar y la protección por los que han de llegar.
Tan sólo quiero expresar una preocupación.

El sector poblacional que más acude a la solución abortiva es la juventud, según las cifras. No sólo muchachas jóvenes, 19 años o menos, sino con algo más de experiencia en ciertas lides de la vida, 25 a 29 años.
No, no quiero decir que seamos unos viciosos, ni sugerir que en el sexo lúdico existe algo inmoral o perverso. No es mi opinión.
Sencillamente me pregunto en voz alta si de verdad no nos encontramos ante un fracaso social y cultural, que se extiende más allá de las meras fronteras de la ética. Todo acto sexual (bueno, todos, todos no... jo ya estamos igual que siempre) implica un riesgo: la concepción. Pero no dejo de pensar que tal posibilidad se parece demasiado a los accidentes de tráfico: son algo nebuloso, ajeno, improbable... no existe una verdadera conciencia de la eventual materialización de dicha posibilidad.
Alejándonos de variable coste humano (variable digo, por el espectro que aleja a los detractores como defensores de esta práctica) que cada uno pueda atribuir a la misma, creo que no contemplamos plenamente el alcance de nuestras acciones. Con independencia de nuestros juicios morales al respecto, una mujer joven que se enfrenta a semejante dilema no se encuentra ante una situación fácil, ni desde luego agradable (es que hay cada animal suelto por ahí...). Una muchacha, en los tiempos que corren, con una edad comprendida entre 19- 27 años que ha de ponderar abortar o no se las ha de ver con una de las decisiones más importantes de su vida. Tener un niño no es moco de pavo. No tenerlo, para mucha gente defensora del aborto, seguramente tampoco. Ser pro-abortista no convierte a alguien en un ogro que come niños. Esta opción puede ser tan dura, o más según los casos, para alguien que la apoye, ya que después de todo, hablar de los futuros hijos de los demás es una cosa. Hablar de la vida o no vida (que no diré muerte) del propio, una muy bien distinta.
Esta situación, esta dicotomía cruel, va más allá de juicios morales. Es una situación de hecho prevenible, que sin embargo y a la luz de las cifras, se da con más frecuencia cada día.

¿No da la impresión de que algo falla? ¿De que no nos hacemos cargo de la responsabilidad (no ya para el futuro niño, si por tal lo tenemos que si bien es protagonista principal, no es el único actor implicado) que tal libertad implica? Responsabilidad para con nosotros, nuestra vida, la de nuestras familias, la de la familia de nuestra pareja y la de nuestra pareja en sí. Y responsabilidad, desde luego, para el que está por venir.

Opino que puesto que el sexo es una faceta de la cultura del placer, y por qué no del consumismo, la solución a dicha cuestión no puede ser sólo familiar. Asistimos a una situación paradójica: jóvenes que creen saberlo todo sobre el sexo no hablan del mismo con sus padres, que irónicamente disponen menos información que sus hijos sobre prácticas sexuales pero que están mucho más al corriente de sus consecuencias.
Una educación sexual seria, alejada de apriorismos éticos sesgados, funcional, exhaustiva, de calidad y por supuesto pública es, sencillamente, improrrogable. Sólo así podremos tomar libremente nuestras decisiones. Para decidir libremente, hemos de conocer correctamente las eventuales consecuencias de nuestros actos.

Sólo así podremos ser verdaderamente adultos y maduros. Educar en los valores de la fe, la que queramos profesar, ha de ser un derecho indiscutible y desde aquí lo defiendo, aunque mis relaciones con Dios sean peculiares. Pero formar en valores no debe ser lo único. La cultura que cimente dichos, u otros, valores me parece imperativamente tan, o incluso más urgente, que los mismos. Sólo así podremos dar argumentos a la voz de nuestra conciencia. Sólo así podremos disfrutar de una asignatura obligatoria evaluable para nuestra vida cotidiana, que no es otra que nuestro buen juicio.

Felices fiestas a todos, y usad gomita.

Saludos,

Angellus.

Paz, amor y dvd´s para todos.

Enero 27, 2006

Europa, desde el otro lado del charco

El otro día estuve en la presentación de un libro de una antigua profesora mía de la Facultad. El mismo consiste en un análisis de los derechos fundamentales en la UE, desde sus inicios hasta la actualidad y ofrece, al menos por lo que han dicho pues no lo he leído, un análisis crítico de los mecanismos procesales que amparan su tutela. A mí, por lo menos, me parece un tema fascinante, especialmente hoy en día cuando Europa pasa por un nuevo ejercicio de autocomprensión de su identidad, de autoreflexión.
El acto fue bastante agradable, aunque tuvo una ausencia notable: Diego López Garrido, constitucionalista eminente y también un verdadero entendido en derechos fundamentales, además de miembro del PSOE. No pudo asistir pues el debate acerca del nuevo estatuto catalán se extendió en el Congreso más allá de lo previsto.
Aún así su ausencia, comprensible desde luego, no restó interés al resto de asistentes, un catedrático de Baleares y un profesor de Ciudad de México. Entre ambos se dio un contraste agradable. El primero era más serio y reposado. El segundo parecía un torbellino lleno de energía. Reconozco que me impresionó, tanto por la pasión de su oratoria como por lo interesante de sus palabras. No recuerdo su nombre, pero no tardaré mucho en conseguirlo. Siento verdadera curiosidad por saber quién es y a qué se dedica. Al parecer en su país es, no sé si una eminencia, pero desde luego es respetado (uno tiene que serlo para dar clase en cinco universidades al mismo tiempo).
Y fue en este caballero, además desde luego de la presentación que hizo la profesora de la obra y de los motivos que le impulsaron a la misma, donde residió lo llamativo de la celebración. La audiencia, sencillamente, se quedó maravillada ante la sapiencia de este hombre. Al menos yo. Mi contacto con la cultura mejicana es, lo reconozco, nulo. ¿Qué sé de ellos? Bueno, son gente agradable que anda por allí, allende los mares, con los que forzosamente tenemos que tener relaciones históricas, culturales, de amistad o incluso fraternidad, pero poco más. Algo que, tras escuchar a este hombre, voy a tratar de solventar.
Si intervención fue, como he dicho, brillante. Y lo fue principalmente por un motivo: aportó una perspectiva externa a la cuestión europea.
Cuando uno forma parte de algo, o al menos está inmerso en algún proceso, su posición tan cercana a la cuestión a veces impide un análisis más relajado de la misma. Hoy por hoy, Europa es uno de esos procesos. Uno titánico. Y precisamente por su dimensión casi monstruosa y amedrentadora, su complejidad inherente es fácil perder la perspectiva y centrarse en detalles sencillos, en pinceladas brillantes que ocultan el sentido de la pintura en su totalidad: atlantismo sí/ atlantismo no; cuna e impulso de la razón ilustrada/ modelo caduco y etnocéntrico que barre las tendencias postmodernas; tierra de paz arrasada en el pasado por guerras inútiles y horribles/ limpieza étnica en los Balcanes: Sarajevo, Mostar, Scebrenica (por Dios... Scebrenica).
Este profesor mejicano, desde la perspectiva privilegiada de la distancia y su formación eminente, realizó en media hora algo impresionante: tomó estas pinceladas y en vez de reducirse a ellas en su exposición las conectó con un contexto más amplio. Ofreció una panorámica general, que al menos para un español como yo, no pudo ser más que refrescante. Y es que, como decía Mafalda, Argentina puede ser el país número uno en producción de pesimistas, pero desde luego el nuestro no le debe ir muy a la zaga. Somos un pueblo, además de pesimista, cainita. ¿Por qué? Quién sabe... tal vez la historia de nuestros dos últimos siglos sea tan triste que nos deje poco para más. Naturalmente, extrapolamos esa actitud al exterior, y el proceso de génesis (digo génesis por que en términos constitucionales nos encontramos en fase larvaria; no hablo de Derecho, que de eso hay mucho, sino de la identidad jurídica de una metanación europea) de la UE se contempla con cierto pesimismo y desdén. Tal vez no sea una mala actitud, siempre y cuando no carguemos las tintas.
Pues bien, este señor puso un par de puntos sobre un par de “ies”. ¿Sobre qué?
Bien, para empezar presentó su admiración y su interés en el proceso de integración que se lleva a cabo en el viejo continente desde hace décadas. Llamó la atención sobre cuestiones evidentes, pero que precisamente por su manifiesta presentación parecen irrelevantes. Pronto seremos veinticinco Estados trabajando conjuntamente por un futuro común. Muchas naciones se han beneficiado del proyecto europeo (la nuestra entre ellas, en gran medida nuestro desarrollo se ha basado en las ayudas de la UE durante mucho, mucho tiempo). Ello, necesariamente, repercute en la defensa de los derechos humanos y las libertades civiles. Una vez más, y en mi opinión, nuestro país es un ejemplo de ello. No podemos dejar de olvidar que abandonamos hace no más de veinticinco años una dictadura terrible e injusta y nos convertimos en una democracia occidental moderna. Y por mucho que se me critique, no siempre sin razón, por ver nuestra historia reciente con optimismo, no dejo de pensar que estamos mejor que antes, aunque quede trecho por recorrer para alcanzar una sociedad plenamente justa. Y es que, hablando en plata, la defensa de los derechos humanos parece ligada (según estudios de la ONU, que no es una opinión personal mía y que lamento no poder reseñar ahora) inextricablemente con la democracia, y a su vez, la misma se basa en una economía potente que la sostenga. En definitiva, la redistribución paritaria de una participación justa y equitativa en un modelo de vida respetuoso con las libertades fundamentales requiere como condición necesaria, que no suficiente, de una estructura social o Estado (en el modelo occidental al menos) que tutele aquellas necesidades básicas indisponibles para la consecución de nuestros planes de vida. Esto es, se apoya en instituciones con fuerza coactiva y legitimidad/legitimación suficiente como para ejercer ese carácter tuitivo.
La UE es un ejemplo de todo ello. Y sin embargo tales logros suelen permanecer en segundo plano. ¿Por qué?
La razón es, relativamente, sencilla. El proyecto “ilustrado” (y nótense las comillas) que la UE encarna se cimenta no sólo en una historia y unos valores comunes de tipo etnológico o cultural, pues entre los mismos siempre existen fricciones, sino también en la laboriosa tarea que el Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas ha venido realizando mediante una jurisprudencia casuística y meticulosa. La gran baza de la misma, fue la incorporación de los derechos humanos dentro de su núcleo interpretativo. Es decir, que los mismos son considerados como principios del Derecho Comunitario vinculante para los Estados firmantes del tratado de ingreso en la UE. Esto ha tenido un efecto de retroalimentación de lo más saludable, en el sentido de que el TJCE ha incorporado a su doctrina las sentencias de los tribunales constitucionales nacionales (particularmente claro en el caso alemán) y estos a su vez, han tomado como referencia las sentencias del primero para orientar y/o fundamentar sus fallos.
Sin embargo, y por desgracia (y dejando de lado que los méritos de los tribunales suelen pasar desapercibidos al contrario que sus fracasos), la UE al encontrarse en su actual fase larvaria se enfrenta a paradojas sangrantes a las que es imperativo poner remedio. El caso más evidente fue la maldita guerra de Bosnia, a las puertas de nuestro complaciente templo de mercaderes. Allí donde el comercio no llegó, tampoco lo hizo la justicia. Los militares servios masacraron ante los ojos de Europa a miles de personas sin que ésta supiese reaccionar ni posicionarse claramente a favor de los refugiados. El espectro de Rusia era demasiado fuerte y se le temía, y mucha gente inocente pagó el precio de nuestra duda.
El reto al que se enfrenta la UE es grande, muy grande. No se trata sólo de aprobar unos presupuestos, es un proyecto mucho más importante: configurar una identidad europea conjunta, basada en un ideal de igualdad estructurado en torno al respeto por la dignidad del hombre. Cada día que pasa, tal desafío se hace más y más grande. La voz de lo diferente clama cada vez con más fuerza, como no puede ser de otro modo: distintos pueblos, distintos conceptos de dignidad. Por eso es tan importante abolir las barreras que nublan nuestra autocomprensión: barreras idiomáticas, económicas, laborales… Una vez se disfruten de niveles de vida equivalentes en términos de garantías de esta especie podremos empezar a trabajar de verdad en la tan ansiada República kantiana. Por eso es tan importante ofrecer nuestro apoyo a aquellas naciones que se suben al carro europeo (el caso turco es un ejemplo particular, pues aunque estemos lejos de alcanzar la meta propuesta al menos se han realizado pasos en la dirección adecuada). La UE no puede ser un monedero del que conseguir fondos de cohesión, o al menos no únicamente. Ha de ser algo más, una apuesta por un mundo más justo.
Es por ello que hemos de reflexionar muy seriamente en torno a lo que nos jugamos en el proyecto europeo y por qué iniciativas como el tratado constitucional propuesto hasta la fecha ha de ser descartado o, cuanto menos, remodelado por no encontrarse en la órbita más que de los mercados financieros. El tiempo de la economía no ha pasado, nunca pasará. Sin economía no tenemos nada. Pero ha llegado ya la hora de abrir las puertas a la Europa de los ciudadanos, de la iniciativa social, del mestizaje que destierra miedos y ofrece manos tendidas. Ese es el verdadero proyecto que debe encarnar la UE y que en estos días de noticias confusas, donde los tecnicismos económicos y la política ininteligible parecen primar.
Admiro mucho, mucho a ese hombre. Hacía tiempo que nadie me recordaba algo tan importante.

Saludos,

Angellus.

Paz, amor y dvd´s para todos.

Marzo 19, 2006

La inversión de la carga de la prueba o la estrategia de la infamia

Existe en derecho una máxima procesal que proviene de los principios democráticos, que se enraíza en el sistema judicial y permite mantener un mínimo de estabilidad democrática. Dicho principio se conoce generalmente como de “aportación de parte” y viene a decir, de forma simplificada que quien afirma algo ha de demostrarlo. Esto se aprecia principalmente en el proceso penal mediante la máxima de “todo el mundo es inocente hasta que se demuestra lo contrario” también conocido como presunción de inocencia.
Este proceder no es una mera forma de hacer las cosas basadas en la lógica jurídica, si bien es cierto que se apoya en la misma. Su génesis proteica se encuentra en la misma idea de la democracia y el Estado de Derecho, un sistema de gobierno y un modelo de organización política tuitivos con respecto al ciudadano. Mediante estas organizaciones la sociedad trata de proteger a los eslabones más débiles de la cadena: los agentes individuales, los sujetos o personas que con su voto mantienen unido todo el entramado.
El Estado de Derecho es una estructura compleja y versátil. Al mismo tiempo cristaliza en un millón divergente de facetas contradictorias. Para algunos representa un modelo de contención del poder, el más evolucionado, que mediante la fuerza coercitiva de la ley hace que los poderosos no se extralimiten en el ejercicio de sus potestades. Para otros es una farsa existencial, una telaraña de corrupción legal que legitima con la estampa del Derecho las mayores inmoralidades, el abuso de poder y la miseria humana. Otros, dicen, es el reflejo de una cultura complaciente etno-europea y anglosajona.
Desde mi punto de vista todos tienen razón.
El Estado de Derecho es un modelo de organización social que funciona como un espejo de nuestra alma. Y al igual que nuestra alma, es voluble y quimérico. Nos representa mejor de lo que somos capaces de admitir en ocasiones. Recoge la esencia de nuestras contradicciones. En su seno podemos asistir a la lucha inmoral por el poder, eso sí legalmente desarrollada y por tanto en cierto forma legítima. Es un patio de juegos tan amplio y en ocasiones con normas tan difusas que permiten su aplicación divergente. En él caben lo mejor y lo peor de nuestra especie.
El principio de aportación de parte es una de esas máximas amables y luminosas que por haber cristalizado en nuestro ordenamiento constitucional creemos garantizadas. En los tribunales impera, por la misma lógica y estructura de los procesos judiciales. Pero tal es su fuerza que las puestas de las Audiencias no pueden detenerlo, y de cuando en cuando, sale al exterior, a la vida pública. Es un principio, que al igual que la conciencia, viene a buscarnos cuando caemos bajo. Ni siquiera los políticos están libres de él, y todo ello por la sencilla razón de que ellos son engranajes fundamentales de la democracia. No se puede faltar al mismo sin atentar contra el corazón y la esencia de nuestro modelo de vida. Cuando nos despeñamos y caemos en el abismo, cuando tocamos fondo y encontramos que en nuestra caída, descarnado, traicionado y moribundo, nos acompaña este principio en representación de muchos valores no podemos dejar de lado la reflexión fundamental de avergonzarnos debido a en lo que nos hemos convertido. Es entonces cuando podemos escuchar las carcajadas del Diablo, que nos ha vencido no por que nos haya derrotado, sino porque le hemos dejado ganar.
Así, cuando quebramos estas máximas, cuando dejamos de lado el principio de aportación de parte quedamos a la deriva de nuestro odio, nuestra emoción, nuestra ignorancia o nuestra soberbia. Nos apartamos de la luz por la que tanto y tantos han tenido que dar y sufrir. Traicionamos la memoria y la herencia de quien nos dejó para hacer de este mundo un lugar mejor que el que nos encontramos. Nos rebajamos, nos arrodillamos y abjuramos de nuestro potencial siempre presente para ser mejores de lo que somos. Nos volvemos cobardes y miserables. Nos volvemos niños que patalean furibundos el suelo cuando las cosas no son lo que nuestras tripas y entrañas, manipulables e irracionales, nos piden. Es entonces cuando sentimos vergüenza.

Lo sé, porque yo, ahora, me avergüenzo de mi mismo.

Los ideales y la ingenuidad a menudo van de la mano. Ese ha sido mi caso en cierta medida. Lo complicado para a gente como yo que no han de realizar grandes sacrificios personales por las causas que creen defender es mantener una apariencia personal, para nosotros mismos, de honestidad. Cuando traicionamos todo aquello por lo que aparentemente luchamos nos damos cuenta de que son otros los que, de verdad, se la juegan o asumen riesgos. Nosotros sólo hablamos, y ya que sólo le damos a la lengua, cuando vemos que todo lo que decimos no cuadra con las acciones que realizamos se nos cae el mundo a los pies. Es entonces cuando nos damos cuenta que no somos nuestros ideales, ni nuestros sueños, no porque los traicionemos, sino porque no estamos a su altura. Las ideas y los principios, me dijo anoche un buen amigo, no son chaquetas ni pancartas que vayan a juego con nuestro carácter. No son elementos de moda o de auto-expresión. Son, casi, como seres vivos de cuya salud dependen demasiadas cosas como para tomárselos tan a la ligera. Son pilares de un mundo más justo y nosotros su cemento. Si no los tomamos en serio los dañamos, los socavamos por capricho e indolencia pueril. Y con ellos llevamos el sufrimiento de forma indirecta a quienes nos rodean, a veces a nuestra familia y otras a desconocidos de los que nunca hemos oído hablar.
Me avergüenzo de mi mismo por haber sido un niño crédulo. Me avergüenzo por considerarme tan importante como para pensar que todo aquello en lo que creía no era cierto. Los principios y valores estaban allí, enarbolados por personas mucho más valientes que yo, mucho mejores que yo. Esos ideales nunca han sido cenizas, yo sí. Cuando ardí el Diablo sonrió y sopló sobre los restos.

He reflexionado mucho durante una temporada. No me ha quedado más remedio. Nada de lo que nadie me haya dicho ha sido de ayuda ni me ha servido de consuelo, en parte por que así lo he querido. En este tiempo he abierto los ojos al mundo una vez más, pero esta vez en lugar de mirar he intentado prestar atención. Al principio pensé que lo que veía era el reflejo de la miseria que todos somos y encarnamos, una prueba fehaciente de que lo más sensato es dejar de lado todo y que cada uno se las apañe como pueda. Durante todo ese tiempo mi conciencia, engrilletada desde lo más hondo, me repetía una y otra vez una palabra: “cobarde”.

Son fechas señaladas, por motivos evidentes. La mirada a la actualidad y las noticias nos ofrece un panorama desolador. El Diablo va ganando y el principio de aportación de parte, junto con otros elementos estructurales nucleares del Estado de Derecho está siendo desmantelado. Nosotros, el pueblo, somos inexpertos y las entretelas del poder nos resultan incómodas y desconocidas. Llevamos demasiado tiempo acostumbrados dejar que los políticos luche entre ellos mientras nos dejen al margen. Es un error, y lo es porque nuestra clase política en su conjunto no ha estado a la altura de la ciudadanía durantes estos tres años. Y lo que es aún peor, porque el principal partido de la oposición se está dejando llevar por la rabia, el radicalismo, se deslizan hacia el abismo donde la Justicia se sacrifica en los altares negros del poder y la infamia. Cuando un antiguo Ministro de Justicia como Zaplana afirma que “con los terroristas es mejor pasarse que no llegar”; cuando se afirma que los propios policías, dirigidos entonces por quien afirma que existió una conspiración para echar al gobierno del PP, han fabricado pruebas falsas para enturbiar y encubrir la verdad; cuando las detenciones de presuntos islamistas entre los días 11 y 14 de marzo del 2004 fueron en su día elementos y evidencias de que el Gobierno no mentía ni encubría hechos y hoy se consideran ingredientes de un teatro encaminado a influir en la opinión pública en contra de quien, entonces, dirigía a dicha policía; cuando el poder judicial ha de levantar el secreto de sumario (que me estoy leyendo en mis ratos libres a fin de hacerme una idea de qué se dice sobre qué cosa…) a fin de reforzar una instrucción que se pone en duda desde el mismo partido que estaba al mando de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y que fracasó en su gestión a fin de impedir el atentado que tantas vidas costó; cuando el principio de aportación de parte se quiebra cuando Mariano Rajoy afirma en relación a la mochila de Vallecas “…esto es muy grave, y Jose Luis Rodríguez Zapatero a de demostrar que estos hecho no son ciertos”, es que no vamos en buena dirección. Quien afirma, quien acusa, ha de demostrar la fuerza de los hechos y el poder de sus argumentos pues de lo contrario desde la fantasía y la mentira podemos atacar a quien queramos. Si quien defiende ha de demostrar su inocencia o la verdad de algo, siempre se podrá acusar sin fundamento igual que hace el Diablo.

En estos tristes días, en los cuales quien en parte nos representa se convierte en lacayo de su propia vileza, hemos de dar un paso al frente por todos aquellos que no pueden hacerlo. Aquellos que sólo hablamos y decimos hemos de ver la verdad de las cosas: que de nuestras acciones y palabras dependen muchas consecuencias, que nuestro desánimo e indiferencia acarrea sufrimiento, que los que disfrutamos de pan, agua caliente, lecho y una cama, tenemos una responsabilidad para con quien no puede disfrutar de los mismos, que no murieron 197 personas y más de 1500 resultaran heridas hace dos años para que sobre sus tumbas y cicatrices se instalaran los cómodos sillones y agradables moquetas de los poderosos.

Porque no podemos permitírnoslo ni pretender que no puede hacerse, especialmente si no somos nosotros los que tenemos que pagar el peor precio. Porque tenemos una deuda con los que nos precedieron y una responsabilidad para con los que han de llegar, hemos de rescatar el aleph de las manos del Diablo y llevarlo a las alturas de nuestra vida cotidiana, allí donde podamos mirarlo y recordar que siempre podremos ser mejores de lo que somos, que incluso podemos llegar a estar a la altura de los que nos dejaron. Allí donde su luz ilumine nuestra conciencia y nos haga afrontar nuestros pecados y nuestras faltas. Allí, donde todos podamos verlo.

Vuelvo hoy con la mente vacía y las manos abiertas a iniciar su búsqueda, lamentando haber perdido la fe y no haber estado a la altura de tantas cosas, arrepintiéndome de haber sido un niño. Y consciente de ello, regreso también con miedo de pronunciar palabras vacías, pero como con todo temor, rezo por encontrar el valor de ser fiel a lo que es justo.

Saludos,

Angellus.

Paz, amor y dvd´s para todos.

Marzo 23, 2006

Por la libertad, la democracia, la paz y el fin del terrorismo: primeras reflexiones del alto el fuego permanente de ETA

Ayer, día 22 de marzo de 2006, nos encontramos ante un día histórico. Como suele ocurrir con muchos otros de la misma especie, empezó como uno normal, hasta que alcanzamos las 12:30 de la mañana. Fue entonces cuando ETA declaraba un alto el fuego permanente.
Ya han pasado las primeras horas en las que la prudencia era una necesidad capital. Los políticos se han andado con pies de plomo, el Gobierno y la oposición han esperado hasta comprobar el contenido del texto, y desde luego, a ver cómo se posicionaban las demás fuerzas políticas. Es lógico, muchas miradas estaban puestas en Mariano Rajoy y Jose Luis Rodríguez Zapatero. Mi gran miedo, durante las pasadas horas, se centraba en la reacción del primero, pues ha estado desde hace muchos meses al frente (no puedo decir si por convicción o por debilidad política dentro de su propio partido). Los posicionamientos del Gobierno y la oposición se han producido, y he de decir, que siento alivio.
Las declaraciones en el Congreso de los Diputados han sido comedidas, y hasta cierto punto, como ha ocurrido en el seno del PP, se ha empleado un tono más suave que el que se ha usado en un comunicado previo. A grandes rasgos, y hasta que encuentre un enlace con las declaraciones concretas, os la resumo:

- El PP apoyará al Gobierno en el marco del Pacto Antiterrorista, a fin de que no sea necesario pagar un precio político en el hipotético proceso de paz.
- El Estado de Derecho no puede dejar de funcionar y de cumplir con sus obligaciones, entendiendo por tal, que los jueces y tribunales no abandonen la presión contra el entorno terrorista y se mantengan los procesos que aún permanecen pendientes.
- El único comunicado verdaderamente importante es la declaración por parte de ETA de abandono de las armas, disolución de la misma y disposición de sus integrantes ante la Justicia.

He de decir que suscribo, con detalles, la postura del PP. Forma parte de lo que se debe esperar de un partido democrático y recoge reivindicaciones justas de muchos ciudadanos. Pero no voy a entrar en detalles ahora.

La posición de Zapatero se resume en estas líneas:

“Estamos ante una cuestión de Estado, y el Gobierno va a hacer todo lo posible para que la abordemos entre todos, y muy especialmente con usted”, ha dicho, dirigiéndose directamente a Rajoy. “Lo necesita la democracia. Nos han separado muchas cosas en los últimos tiempos. Pero tengo confianza en todos ustedes. Desde aquí le expreso que mi actitud será de máxima información y de máxima colaboración para que podamos ver ese horizonte que nos une de esperanza”, ha añadido Zapatero. “Son esenciales para que este proceso concluya como todos deseamos. Tengo confianza en ustedes, que han luchado mucho por el fin del terrorismo”, ha dicho el presidente del Gobierno a Rajoy y sus compañeros del Partido Popular.

¿Qué ha sucedido en el Parlamento?

A mi modo de ver las cosas, esta tregua ha resultado ser demoledora, en un sentido favorable, para con los discursos enconados y barriobajeros que se han dado en nuestros foros políticos en los últimos meses. Los representantes del PP no han vociferado, ni crispado el ambiente hoy en el hemiciclo. Evidentemente no se lo podían permitir. El PP se ha quedado, en apenas unas horas, sin discurso. O mejor dicho, el discurso que hasta hace poco, demagogo, populista, reaccionario mantenía ha quedado herido de muerte. El escenario es radicalmente diferente. Declarada una tregua, en un marco político en el que la enervación de la violencia es una posibilidad fáctica materializada y no un mero futurible susceptible de réditos electorales, la estrategia de “oposición dura” o de “acoso y derribo” carece de base estratégica o de responsabilidad institucional de todo punto. El PP no puede, en resumen, electoralmente ser recordado o pasar a identificarse con el partido político que, con un tono duro y poco responsable, eche por tierra una oportunidad histórica como la actual.

Sin embargo nada de esto importa ahora, o al menos, no nos debe importar. En el marco en el que nos encontramos escasa relevancia tiene si Mariano Rajoy ha metido en cintura a Zaplana o Aceves o si la cúpula del PP ha entrado en razón, mientras su actuación entre dentro de unos cauces sensatos de racionalidad. Zapatero ha sido, me parece, muy inteligente al entender esto y, textualmente, reconocer que el PP es el depositario de un gran sector de la voluntad popular al que ha de darse una silla la mesa en la que nos encontramos. Sencillamente, y hablando claro, el fin de la violencia, la derrota del terrorismo y la interdicción de la barbarie no debe sustentarse en una arquitectura de política unipartidista. Más bien al contrario, debe ser una consecución derivada de la mezcolanza de las diferentes aportaciones de los diferentes espectros con representación parlamentaria. En otras palabras, ha de ser un éxito de todos, pero una medalla de nadie.
A mi juicio PP y PSOE han dado los primeros pasos esta tarde, especialmente el primero, al abandonar ciertas posiciones apriorísticas que nada aportan a la resolución del conflicto. A todas luces es evidente que nos encontramos ante afirmaciones diferentes cuando comparamos ciertas expresiones como las de que Zapatero “está más cerca de los verdugos que de las víctimas” con los tres puntos que el PP ha expresado hoy en sede parlamentaria. Hemos asistido a una “suavización” y esperemos abandono de una estrategia política retrógrada. Y justo es de reconocer por encima de todo. El movimiento del PP es digno de aplauso, a mi entender, aunque debería haber llegado algo más lejos.
Nada podemos (o puedo) objetar al deseo o digna reivindicación de que la Justicia y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad sigan desarrollando sus labores. Pero igual de sensato, me parece, habría sido que el Partido Popular reconociera la importancia de esta tregua y así se hubiera pronunciado, en vez de decir que el único comunicado válido de ETA es aquel en el que anuncia su disolución y el abandono de las armas. Bajo mi modo de ver las cosas el PP, hasta cierto punto, ha quedado un tanto supeditado a esa “oposición dura” que tantos meses ha mantenido. Simplemente, no podía pasar de un extremo reaccionario a otro tan conciliador y optimista sin perder toda credibilidad. No obstante, es todo un avance en tanto que pueda cristalizar en el abandono de esta posición que les alejaba de la realidad de las necesidades nacionales. De otro lado, he de decir, que considero que es en este punto, en la deriva a posiciones más moderadas (si se encarnan en un plexo efectivo coadyuvante para con las necesidades de la política antiterrorista del gobierno) donde hemos de poner al acento. El argumento en el que me baso es, a todas luces, evidente: si ETA no ha declarado apriorísticamente un fin definitivo de la violencia, el abandono de la lucha armada y el cese total de la brutalidad y el terror, tampoco es justo pedir que el PP lance las campanas al vuelo. Recordemos: ETA, hoy por hoy, sigue siendo una organización terrorista.

¿Dónde nos deja esto?
En los próximos días vamos a asistir a una lluvia de declaraciones, que esperemos sean prudentes. Esperemos que, independientemente de las posiciones subjetivas, pueda construirse un marco común conjunto que permita asentar la paz.

¿En qué dirección hemos de trabajar?

La calma debe, por encima de todas las cosas, ser la piedra de toque de la bóveda del proceso de paz. Sin duda todos, ciudadanos incluidos, hemos de andarnos con pies de plomo a la hora de proferir nuestras expresiones, ideas y preocupaciones. Pero igualmente, hemos de ser generosos y “abrir un poco la mano” en el sentido de mostrarnos comedidos en nuestras reacciones para con las expresiones que los demás puedan proferir en momentos de nerviosismo, pues sin duda nos encontramos en un escenario excepcional que nos haga propensos a la emotividad y a dejar entrever nuestros miedos más profundos tanto como nuestras más brillantes esperanzas. Hoy, más que nunca, hemos de recordar aquella máxima capital de la democracia, que dice que todas (o casi) las ideas, en ausencia de violencia son susceptibles de defensa. Nadie debe rasgarse las vestiduras si alguien presenta su deseo de un Euskadi independiente, tanto como tampoco ha de hacerse cuando desde el espectro contrario se enarbola la preocupación de que la igualdad entre los españoles pueda verse mellada. La autoexpresión de nuestras inquietudes ha de ser honesta, y en la misma medida en que lo sea, hemos de aceptar con calma lo que, al tiempo que es una presentación no dramatúrgica sino sincera reflejo de identidades ajenas puede ser también una composición definitoria de ego distinta a la nuestra, e incluso incompatibles en esencia. Traducido: vascos (entendiendo por tal los vascos nacionalistas que tan sólo quieren ser vascos) y españoles han de atemperar sus discursos y estar dispuestos a aceptar la legitimidad de ambas posiciones. Igual que hemos de estar dispuestos a aceptar que pueda encontrarse personas con un fuerte e innegable deseo independentista, también ha de aceptarse que la realidad vasca es facetadamente compleja y que no todo ser humano que se siente vasco ha de por ello no considerarse necesariamente español.

En este marco complejo, farragoso y áspero hemos de tener las cosas claras en la mente, pero también un corazón valiente. Un corazón que llore y recuerde en su dignidad a quienes han de ser los verdaderos héroes y vencedores en el proceso de paz que, esperemos, se abre ante nosotros: las víctimas. Nunca debemos perderlas de vista, nunca dejar de lado la sangre, las lagrimas y la nefanda ausencia. Mi propuesta y mi esperanza en este sentido es, y lo digo conscientemente de que a muchos no puede gustarle, sencilla: hemos de dejar claro en los próximos días, más que nunca, que el asesinato y las mutilaciones, el brutal y nefasto chantaje del miedo no han (ni nunca deben) triunfado (triunfar). La paz ha de ser el epitafio triste, como todas las verdades que llegan a posteriori y revisten la de dignidad a quien muere en nombre de las grandes causas, pero luminoso de quien ya no está aquí con nosotros para compartir nuestra esperanza por un futuro mejor, sin pistolas, ni zulos, ni tiros en la nuca. Ha de ser el tributo a la memoria. Esto es algo que ha de entenderse desde el nacionalismo radical abertzale con meridiana claridad. El reconocimiento de la dignidad y el recuerdo de las víctimas de ETA es una posición sine qua no de un hipotético proceso de paz.
Pero también hemos de aceptar en España que esa dignidad se encuentra en el mismo rango, o que incluso, conecta con la dignidad de los ciudadanos a decidir su propio destino (ciudadanos, que no pueblos pue slos pueblos pueden ser entelequias difusas en comparación con una ciudadanía encarnada y envuelta en derechos fundamentales reconocidos) por sí mismos. Hemos de estar dispuestos a aceptar que un sector de la ciudadanía vasca no desea ser española, y hemos de asumir, que en la medida en que dicho principio no va acompañado de violencia, es legítimo. Pero no podemos por ello perder de vista tampoco que la ausencia de violencia ha de ser un prerrequisito necesario y fundamental. Y todo esto que digo, de ponerse en práctica, necesariamente tiene una serie de consecuencias de diferente especie.

Nos encontramos en una fase embrionaria en el que los primeros pasos son imprescindibles, y en la que no se pueden exigir compromisos más profundos si no queremos dejar de ser pragmáticos.
Las fuerzas políticas han dado, o están dando, el primer paso y es demostrar su disposición al diálogo y el reconocimiento de la complejidad vasca, el peldaño siguiente debe ir precedido de un reconocimiento de que el nacionalismo vasco democrático e incluso independentista, es legítimo.
Pero por otra parte este reconocimiento no puede ir de la mano, o cuanto menos se compagina de forma caníbal, con la posición que ETA presenta hasta ahora. Ellos han dado un paso mayúsculo, pero han de ir más allá. Ruego que se me perdone por mi, seguramente, ingenuidad, pero opino que estos canallas y asesinos no pueden ser válidos interlocutores en un proceso de paz. ETA, como tal, sigue siendo un obstáculo en el largo camino de la paz. Estos sujetos, por llamarlos de alguna manera, que tan dispuestos están a hacer por Euskadi el sacrificio de quitar vidas inocentes han de dar un nuevo paso al frente y reconocer su culpabilidad, pedir perdón a las víctimas e incluso, llegar a entregarse a las autoridades para responder por sus crímenes. Sólo así, o por lo menos no veo otro escenario, podrá establecerse el vínculo de dignidad necesario entre el reconocimiento de las víctimas y el derecho de los vascos y vascas a regir su propio destino. Si ETA diese este paso definitivo daría carta de naturaleza indiscutible a la legitimidad del nacionalismo y a su capacidad de exponer sus demandas, incluso independentistas, en una tribuna en la que todos puedan ser escuchados. Es por ello que no tiene sentido ni es legítima la pretensión de que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y los Tribunales no continúen con su labor, tal y como han hecho hasta ahora. Lo contrario no se encarna bien con una expresión sincera de la búsqueda de la paz.
Sin embargo, sí tiene todo el sentido del mundo que se reconozca desde Moncloa (en representación del Estado) el reconocimiento de los vascos a elegir su propio destino, al igual que también lo tendría la legalización inmediata y determinante de Herri Batasuna en tanto que condene la violencia.
Conciente de que éste es un paso complejo de dar, ha de entenderse en el Gobierno español que la dispersión de presos, no sólo es inconstitucional y que carece de todo fundamento legal alguno, sino que también atenta contra el principio de proporcionalidad que en Derecho Penal ha de mantenerse vigente a cualquier precio, en pro de la democracia y la libertad. Y también, en dicho marco de “reconocimiento de faltas” ha de respetarse, cuanto menos, la legislación penal vigente en tanto reducción de penas de conformidad a todos los delitos cometidos bajo el espectro del antiguo Código Penal de 1973, declarando a todas luces que la actual sentencia del Tribunal Supremo en el polémico "caso Patot" es abiertamente inconstitucional en tanto que despliega un efecto contra reo evidente, intolerablemente retroactivo en cuanto disposición sancionadora no favorable o limitadora de derechos fundamentales tal y como dejan claros los artículos 9.3 CE y 25.2 CE, amén de nuestras más que nutrida jurisprudencia constitucional al respecto. Y estas acciones han de darse de forma simultánea con respecto a la declaración del abandono definitivo y total de la lucha armada, porque tan lesivo es para los derechos fundamentales la violencia terrorista como también que el mismo Estado que ha jurado defenderlos retuerza el espíritu de las leyes en su contra.

Mañana ETA volverá hablar en un segundo comunicado. Roguemos por que, al fin, la racionalidad haga callar a las armas y luchemos, todos desde el papel que a cada uno nos corresponde, por que así sea.

Saludos,

Angellus.

Paz, amor y dvd´s para todos.

Agosto 7, 2006

Fascismo y terrorismo

Estaba yo leyendo los post de los últimos días de Red Proguesista cuando me encontré con esta perla en el blog de uno de nuestros compañeros de RP.

Pasad por su blog: esperando el viento.

El caso es que, tras un par de meses desconectado de la actualidad, he empezado a repasar vídeos acerca de la tan traída y mentada negociación con ETA, de cómo el PP menciona constantemente y sin cuartel que se trata de una quiebra del Estado de Derecho, una burla a la libertad y la decencia. Afirman continuamente que toda reunión de la izquierda abertzale es una burla para con las víctimas del terrorismo.

Para muestra, un botón. O mejor dos.

O por qué no. Tres.

La simpleza de los planteamientos es tan burda que asusta. Y asusta precisamente porque por su sencillez machacona y constante parece tornarse creible por mera reiteración.

Vaya por delante que, como liberal que soy (de izquierdas, eso sí) creo firmemente que las leyes han de ser cumplidas. Que el Estado de Derecho no puede pagar precios políticos si esto conlleva enervar la fuerza de la ley. Que las víctimas siempre son víctimas y que su recuerdo ha de ser mantenido.

Podría analizar si la reunión de representantes socialistas con Otegui y compañía es delito de colaboración con banda armada como algunos dicen (no lo es, y quien quiera y cuando desee se lo demuestro Código Penal en mano).

Nada se puede objetar cuando una familia pide justicia para un hijo asesinado, o por lo menos yo nunca lo haré. Sin embargo, la actitud del PP de un tiempo a esta parte hace dudar de la nobleza de esas intenciones. Toman el nombre y la voz de quien desea apoyar a las víctimas, y hacen de esa voz un coro discordante de odio con el cual sacar un rendimiento político. Yo caminé junto a miles de personas cuando España clamaba por la libertad y la vida de Miguel Ángel. Estuve en esa manifestación, pero ello no implica ni mucho menos que les haya dado un cleque en blanco para hablar por mí. Como si los ciudadanos no pensaran por sí mismos, como si las víctimas no tuvieran criterio propio.

Así pues, si todas las víctimas del horror y el terror son iguales. Si todas merecen el mismo respeto, si los vivas a los asesinos son delito. ¿Por qué no se aplica el mismo rasero en todos los casos?

A esto me refiero. Es espeluznante:

Por que, ¿ésto no es delito? ¿Por qué no se oye una sóla voz de un miembro del PP en contra de estos homenajes? ¿Acaso son legales?

No, no lo son. Vamos a decir por qué. Para empezar:

Artículo 515 Código penal.

Son punibles las asociaciones ilícitas, teniendo tal consideración:

...

Las que promuevan la discriminación, el odio o la violencia contra personas, grupos o asociaciones por razón de su ideología, religión o creencias, la pertenencia de sus miembros o de alguno de ellos a una etnia, raza o nación, su sexo, orientación sexual, situación familiar, enfermedad o minusvalía, o inciten a ello.

Todos conocemos el ideario de esta gente. Todos sabemos cómo alcanzó Franco el poder. Fue un dictador, un asesino y un monstruo. Asesinó a miles de personas inocentes.

Ensalzar a un dictador y un genocida, tal vez no sea exactamente promover la discriminación, pero algo se acerca. El caso es que una reunión como la que cada año se celebra el 20N, ¿no debería estar prohibida? No sería, digo yo, muy complicado demostrar que estos grupos promueven la discriminación, el odio o la violencia. Luego entonces, de conformidad con este artículo, esta reunión debería ser prohibida ya que es convocada por una asociación ilícita.

Pero ¿acaso no son ilegales estas reuniones de por sí? Bueno, depende de lo que se vaya a hacer en ella. Una manifestación es ilícita cuando se celebran para realizar algún delito.

Artículo 513.

Son punibles las reuniones o manifestaciones ilícitas, y tienen tal consideración:

Las que se celebren con el fin de cometer algún delito.

Y, ¿es de suponer que se ha cometido algún delito en esta reunión?

La respuesta, en puridad es que no lo sabemos. Es necesario aportar pruebas judicialmente. Pero especulando un poco, ¿no estaríamos de acuerdo en afirmar que en estas reuniones se justifica un alzamiento militar que se llevó por delante miles de vidas? ¿Que se incita al odio contra lo diferente? Eso, ¿no es delito? O al menos, ¿no lo sería en caso de que se probara que así fuera?

Sí, sí lo sería.

Artículo 518.

Los que con su cooperación económica o de cualquier otra clase, en todo caso relevante, favorezcan la fundación, organización o actividad de las asociaciones comprendidas en los números 1 y 3 al 6 del artículo 515, incurrirán en la pena de prisión de uno a tres años, multa de doce a veinticuatro meses, e inhabilitación para empleo o cargo público por tiempo de uno a cuatro años.

O sí, por decirlo de forma más clara, ¿que pasaría si se abogara abiertamente por la vuelta de una dictadura genocida? Acaso, ¿eso no sería también punible?

Mmmmmmm... curioso:

Artículo 607.

2. La difusión por cualquier medio de ideas o doctrinas que nieguen o justifiquen los delitos tipificados en el apartado anterior de este artículo (de genocidio), o pretendan la rehabilitación de regímenes o instituciones que amparen prácticas generadoras de los mismos, se castigará con la pena de prisión de uno a dos años.

Gracioso, ¿verdad?

Estamos de acuerdo en que la ley debe aplicarse siempre, ¿no? Estamos de acuerdo en que las víctimas de la injusticia, víctimas son ¿verdad?

O a lo mejor me equivoco. Y sólo lo son cuando conviene.

Saludos,

Angellus.

Agosto 11, 2006

James Nachtwey, o los ojos de la conciencia

Hace unos meses, de madrugaba, mientras estudiaba alguno de esos interminables exámenes o mientras escribía alguno de esos trabajos que me hacían de cuando en cuando meditar acerca de si estaba desperdiciando mi juventud entre libros, encontré por casualidad un documental de fotografía en la televisión.

Al principio no le presté mucha atención. Estaba tumbado en el suelo, estirando las cervicales (por eso de que tengo problemas de espalda) mientras pensaba que, prácticamente sin ninguna duda, si no tuviera pareja nada más terminar la carrera habría contactado con alguna ONG y me habría marchado fuera un tiempo, tal vez muy prolongado. Por aquel entonces aún no había podido inscribirme en Amnistía Internacional y miraba con tristeza las declaraciones o los testimonios de voluntarios de algunas entidades. Me sentía pequeño, quieto, parado, paralizado... el mundo es tan grande, hay tantas cosas por hacer, tantas cosas por las que merece la pena luchar. Y yo estaba allí, tirado en el suelo, mirando los libros sobre la mesa del salón con el corazón en un puño. Repasaba mi vida, y aunque llegué a la conclusión de tener pocos motivos para quedarme me sentía contento de tenerlos. Ortega decía aquello de "yo soy yo y mis circunstancias". Las mías, en aquel momento triste y de bajón a consecuencia de la presión leonina, eran (y son) hermosas y me retenían allí a pesar de que durante años deseé desaparecer del mapa.

Mi memoria volvía una y otra vez a esos comentarios que leía en la red. Comentarios de gente que hacía cosas importantes, que sólo con su valor marcaban una diferencia y en cierta medida, sentí envidia. Pocas maneras más nobles de vivir debe de haber que la de dar tanto por los demás, no por dinero ni por interés, sino por convicción. Por mero deber moral. Tal vez si mi vida no hubiera discurrido por los derroteros que tomó habría sido uno de ellos.

Intenté imaginar cómo debía ser vivir así. Casado con tus ideales hasta el punto de marchar a cualquier rincón del mundo desde donde te llamaran. La verdad, si se piensa friamente, asusta. Me resultó curioso que fuera así, teniendo en cuenta cómo el Diablo extiende el miedo por el mundo.

Recuerdo que miré la pantalla del televisor, sin demasiadas ganas. Y entonces ocurrió algo. Uno de esos momentos que se te quedan grabados para siempre y que se recuerdan durante toda la vida.

Aparecieron una miríada de imágenes escalofriantes. Testimonios del más absoluto horror, un reflejo de la maldad y la perversidad de la especie humana pero presentadas de forma extraña. De alguna forma, que no podía comprender de ninguna manera, las imágenes eran hermonas. Descarnadas, sí. Violentas, sí. Duras como un tiro en las tripas. Pero también reales y acusadoras. Apuntaban al corazón de la conciencia y hacían diana. Puede que me pillaran en un momento vulnerable, pero me hicieron polvo.

Me sentí como un pervertido por encontrar belleza en aquellas monstruosidades. Recuerdo que pensé que la capacidad de la especie humana para la autodestrucción sólo es comparable con su genio para hacer de lo horrible un poema.

La contradicción de la misma esencia del hombre aparecía en aquellas fotos. Aquellas imágenes no incitaban al odio, ni al miedo. Incitaban a la pena y a la culpa, al arrepentimeinto. Era casi como si la conciencia se hubiese presentado si avisar a pedir la cuenta.

Todas habían sido tomadas por un solo hombre, que parecía ser la personificación de todo aquello en lo que meditaba hacía sólo unos segundos. Esa persona en cuestión es James Nachwey, quien seguramente y perdonen mi falta de formación, es uno de los más importantes reporteros gráficos del momento en cuestiones bélicas y humanitarias.

El documental versaba sobre su vida, su trayectoria y su trabajo. Pero más que las fotos, me impresionó la mirada de aquel hombre. No paraba de mencionar que con cada disparo de su cámara no podía evitar pensar si no era más que un carroñero, un monstruo que se alimenta del dolor ajeno. No intervenir y tomar la instantánea. Esa es su labor.

Duro, muy duro el trabajo de este tipo. Siempre yendo de la mano de la miseria, no para paliarla de primera mano, sino para traerla a los diarios occidentales y que la verdad nos dé dos sopapos bien merecidos.

No pude estudiar mucho más aquella noche. Anoté su nombre y me fui a dormir cuando acabó el programa. A los pocos días me concentré en otras cosas y aquello se dejó de lado.

Hasta hoy. He encontrado el papel arrugado donde garabateé aquellas líneas y me he sentido culpable por haberlo olvidado. Por eso escribo esto. Para que mi entorno cercano sepa de este señor y de lo que nos muestra con su talento. Hay lecciones que no deben olvidarse y aunque no las recordemos el sufrimiento puede congelarse eternamente en un instante de pesar, que define muchas cosas, que recuerda muchas otras, y que mantiene en suspenso y para siempre las lágrimas de los que sufren mientras los que gozamos de una mirada brillante y limpia no tengamos el valor de volver la vista a donde nos señala la voz nuestra olvidada conciencia.


Saludos,

Angellus.

"I have been a witness, and these pictures are

my testimony. The events I have recorded should

not be forgotten and must not be repeated."

-James Nachtwey-

Agosto 27, 2006

Dijo el sabio una vez...

Despues de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma, y uno aprende que el amor no significa acostarse y una compañia no significa seguridad y uno empieza a aprender...

Que los besos no son contratos y los regalos no son promesas y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy, porque el terreno de mañana es demasiado inseguro para planes... y los futuros tienen una forma de caerse en la mitad.
Y despues de un tiempo uno aprende que si es demasiado, hasta el calorcito del sol quema.
Asi que uno planta su propio jardin y decora su propia alma, en lugar de esperar a que alguien le traiga flores.
Y uno aprende que realmente puede aguantar, que uno realmente es fuerte, que uno realmente vale, y uno aprende y aprende... y con cada dia uno aprende.
Con el tiempo aprendes que estar con alguien porque te ofrece un buen futuro significa que tarde o temprano querras volver a tu pasado.
Con el tiempo comprendes que solo quien es capaz de amarte con tus defectos, sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad que deseas.
Con el tiempo te das cuenta de que si estas al lado de esa persona solo por acompañar tu soledad, irremediablemente acabaras no deseando volver a verla.
Con el tiempo entiendes que los verdaderos amigos son contados, y que el que no lucha por ellos tarde o temprano se vera rodeado solo de amistades falsas.
Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en un momento de ira pueden seguir lastimando a quien heriste, durante toda la vida.
Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace, pero perdonar es solo de almas grandes.
Con el tiempo comprendes que si has herido a un amigo duramente, muy probablemente la amistad jamas volvera a ser igual.
Con el tiempo te das cuenta que aunque seas feliz con tus amigos, algun dia lloraras por aquellos que dejaste ir.
Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida con cada persona es irrepetible.
Con el tiempo te das cuenta de que el que humilla o desprecia a un ser humano tarde o temprano sufrira las mismas humillaciones o desprecios.
Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas o forzarlas a que pasen ocasionara que al final no sean como esperabas.
Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro, sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante.
Con el tiempo veras que aunque seas feliz con los que estan a tu lado, añoraras terriblemente a los que ayer estaban contigo marchado.
Con el tiempo aprenderas que intentar perdonar o pedir perdon, decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas, decir que quieres ser amigo, ante una tumba ya no tiene ningun sentido.
Pero desafortunadamente, solo con el tiempo...
Recoges lo que siembras...con Amor.

Borges.


He encontrado el texto en internet. Había oído alguna vez hablar de él e incluso había leído algunos párrafos, pero nunca había disfrutado enteramente del mismo.

Sé que debería incluir la referencia de dónde lo he extraído, pero la fuente es algo personal, de modo que lo pasaré por alto esta vez.

Es curioso como las grandes verdades de la vida (los temas que al final importan) son contempladas por todos, pero sólo unos pocos son capaces de plasmarlas en papel y tinta. Por eso Borges era Borges, uno de esos tipos que a veces señalaba lo evidente y hacía de ello una obra magna. Luego todos nos llevamos las manos a la cabeza y pensamos "pues claro...", pero no deja de ser peculiar que sólo la gente como él sea capaz de ver lo hermoso en lo sencillo y de recordánoslo a los que tenemos demasiada prisa a la hora de vivir el día a día.

Saludos,

Angellus.

Agosto 31, 2006

Fascismo, liberalismo e internet

Siempre me he considerado liberal. Sí, sí, liberal aunque sea de izquierdas. Eso es algo que muchas personas no han entendido nunca. Cuando estaba en la Facultad y asociaciones cercanas a entornos fascistas (o integrantes del mismo por ser sinceros) organizaban charlas en la universidad siempre había algún compañero que me preguntaba si me unía a boicotear el evento. Yo siempre respondía que no, que no me parecía adecuado ni democrático. Que la libertad de expresión es algo prácticamente inviolable y que por mucho que despreciara las ideas de estas personas nunca participaría en algo tan bajo como un piquete. Siempre me miraban con desconcierto, algunos con desconfianza y algún militante de asociaciones de izquierdas más durillos hasta con desdén u hostilidad cuando decía estas cosas.

¿Por qué defendía (y defiendo) esto?

Creo profundamente, como liberal, en que las leyes han de ser respetadas y que el imperio de las mismas es una parte esencial del Estado de Derecho y de la misma democracia. Opino que el poder debe encontrarse separado aunque conectado para evitar la corrupción y que la naturaleza humana es débil, susceptible de la tentación cuando se acarician las altas esferas del mando y por encima de todo creo que todo ciudadano debe ser titular de unos derechos inviolables que le permitan pertrecharse contra los ataques externos de terceros (sean del propio Estado o de sus vecinos).

Evidentemente, el tinte izquierdista viene dado tan pronto aceptamos que, al vivir en sociedad hemos de ser responsables de mantenerla. Los derechos no son un cheque en blanco: a ellos se corresponden unos deberes; la libertad se mantiene al precio de hacernos responsables de su mantenimiento. Este planteamiento, que tiene una impronta evidentemente republicana, también forma parte de mis creencias más profundas aunque nunca he asumido completamente o me identificado en su totalidad con el pensamiento republicano.

Una de las bases de esta teoría es la "virtud ciudadana" que se enmarca dentro de un conjunto de valores comunitarios y hasta cierto punto de demarcación patriótica y yo, siempre, he desconfiado de los colectivos. Principalmente por dos motivos: porque las mayorías pueden ser en realidad dictadores nefastos, como apunto Berlin en su día; y porque es tremendamente sencillo secuestrar la voz de los que son muchos para los propios fines. Siempre he pensado que es más adecuado, en un marco de justicia distributiva que permita la igualdad de oportunidades para todos, que cada uno persiga sus propios intereses sin hacer de los demás seres humanos un medio para lograrlos. Ahí es donde el Estado, sometido a la ley, sirve de freno a las ansias predatorias de los miserables y los monstruos.

Sin embargo las cosas cambian. Aunque tras la caída del comunismo el liberalismo parece haberse convertido en la corriente política de más exitosa implantación, no dejo de preguntarme desde hace tiempo si a este modelo tan estricto no le quedan los días contados. Dentro de unos años, la sociedad en red profetizada por Castells puede ser una realidad. Internet nos ofrecerá (si sobrevive a los intentos continuos de regulación y de apropiarse de su potencial) de un medio en el que cada cual podrá, con suerte, expresar sus ideas sin tener que pasar por el control previo de los medios de comunicación, casi siempre sometidos a intereses corporativos. La capacidad de enlace depende de los propios internautas, y en consecuencia, también la posibilidad de ejercer un peso político y encauzar movilizaciones de ideas afines.

Algo maravilloso desde mi punto de vista. Desde hace unos años me posiciono claramente a favor de la democracia deliberativa (junto con Habermas, Apel, o McCarthy; en especial este último): cada voz ha de tener la oportunidad de alzarse para defender aquello en lo que crea. A los demás nos toca rebatirlo si no estamos conforme con ello.

Pero ello tiene un "precio" o, mejor, una consecuencia natural. Y me refiero a cosas como esta:

El fascismo, por desgracia, no es un monstruo al que se desterrara al infierno. Sigue presente en nuestras vidas, oculto a medias en las posturas de algunos dirigentes políticos de derechas supuestamente moderados o en los nuevos cachorros de la infamia, que sacan sus emblemas a la calle con la frente alta. No es un credo "de viejos o nostálgicos", es algo más está ahí y podemos verlo.

Son varios los que desde hace unos años advierten que en un nuevo milenio carente de espiritualidad, el fascismo ofrece un componente casi mesiánico a los sujetos, un elemento de trascendencia unido a la patria (y frecuentemente relacionado con otros valores como los de tipo religioso) que puede tentar a una población cada vez más urbana, sometida a un atomismo ético que flota o sobrevive, según los casos, en un mar que venimos a llamar "economía de mercado" y que no deja de ser el capitalismo de toda la vida pero con otro nombre.

La cuestión, entonces, es la siguiente: ¿puede el liberalismo, una estructura intelectual de fronteras y defensiva de las libertades sobrevivir a un nuevo milenio? ¿O acaso no es necesaria una postura más activa que recimente esas libertades?

Complicado. Cada uno entiende una cosa distinta por libertad y tiene un concepto distinto de virtud, de lo que es bueno. ¿No realizamos los liberales un suicidio intelectual al abogar por una visión concreta de las cosas? Se me podría responder que no, que defender un estadio de igualdad para todos equivalente no implica la ausencia de proyectos propios. Después de todo, la esencia del liberalismo es defender nuestro plan de vida en igualdad que los demás, no sólo un conjunto de reglas generales aplicables para todos.

Sin embargo, la cosa no es tan sencilla y el interrogante no es nuevo. Si liberalismo y democracia van de la mano, movimientos como el fascismo que se parapetan tras derechos inviolables mientras hacen saltar la estructura social ¿deberían ser tolerados?

La pregunta no tiene una respuesta sencilla y nos remite a cuestiones tam importantes como las leyes penales que tipifican como delito la negación del Holocausto o al viejo interrogante de si en "democracia todo vale" o mejor, si toda idea es defendible dentro del seno de una sociedad democrática, máxime cuando el fascismo se ha comprobado históricamente como un mal endémico que puede llegar a quebrar la salud de la misma.

Yo, personalmente, siempre he temido dar ese salto. Es muy fácil comenzar a tachar de la lista las ideas que no nos son cómodas. Uno sabe como empiezan, pero nunca como acaban estos derroteros. Siempre he considerado que si el Estado es fuerte y es de todos defender que incluso las ideas más nefastas puedan expresarse permite que cada uno tenga su oportunidad de hacer lo mismo.

Sí, reconozco que soy optimista. Históricamente, o al menos hasta la llegada de internet, no todos tenían la misma oportunidad de hacerse con un micrófono. Los medios de comunicación, los grandes partidos y los intereses económicos siempre han formado un equipo bien coordinado. La esfera de opinión pública ha sido (empieza a dejar de serlo) un coto vedado de unos cuantos. Ese es el enorme potencial de la red.

Y ahí está el problema: internet no es un Estado. En la red no hay leyes escritas ni nadie que las haga cumplir de forma análoga a como ocurre en el mundo real. Es un entorno salvaje y virgen donde los límites inviolables de los derechos no están trazados. No es un mero medio de expresión, pues puede terminar por ser la savia que impulse el tronco de la sociedad civil. Un entorno, por ahora, carente de una regulación tan técnica como la que encontramos fuera de ella en otros aspectos de la vida social. En la red tenemos tres límites, las escasas leyes estatales promulgadas acerca de su contenido, los demás internautas y nuestra conciencia.

Hoy por hoy las leyes apenas son cumplidas sin dificultad (el problema de la pornografía infantil es algo que lo evidencia); los demás internautas pueden denegarnos un enlace, pero siempre podemos buscar otro y en cuanto a nuestra conciencia... bueno. El anonimato que ofrece la red de redes a veces la relega a un rincón oscuro sin que tenga mucho que decir.

No existe, en definitiva, una entidad externa que proteja nuestras libertades en internet aunque gocemos de la libertad de su ejercicio. Y en un marco como este, el liberalismo sencillamente salta por los aires.

Así pues, ¿qué posición hemos de adoptar contra fenómenos como el resurgir renovado de movimientos fascistas? Las reglas han cambiado, hoy por hoy no me siento cómodo defendiendo que un fascista pueda esgrimir toda clase de argumentos, por la sencilla razón de que no puedo garantizar de ninguna manera que quien no piense como él podrá hacer lo mismo, cosa que ocurría hasta ahora cuanto menos dentro de un contexto legal aunque no siempre material. Ahora nos encontramos ante la situación inversa, paradojas de la vida. Ahora todos tenemos nuestra voz, pero no una ley que nos proteja de los matones que pueden escuchar nuestro mensaje y que no tengan reparos en tratar de silenciarnos. El fascismo siempre ha sido propenso a la violencia y la extorsión, al chantaje y a cosas aún peores.

Estoy en medio de una crisis de fe. Siempre he asumido que todas las ideas son defendibles aunque no las comparta. Sin embargo, y aunque siento en el fondo que es lo correcto, temo que esta postura me lleve a la apatía o a ser cómplice del triunfo de estas corrientes antidemocráticas.

Así que si alguien tiene algún comentario al respecto, se lo agradeceré a ver si salgo del atasco.

Saludos,

Angellus.

Enero 9, 2007

De injurias al rey y demás cacareos fáciles...

De cuando en cuando en nuestro país surge un debate machacón y constante, que tiene más que ver con la posición que ocupa la institución de la monarquía en la conciencia de la ciudadanía española, que con los hechos que motivan dicho debate.

Recientemente, y como distintos blogs que me he encontrado por la red se han hecho eco de la querella impuesta por la fiscalía de la Audiencia Nacional contra un diario vasco que se encuentra (según parece, que no lo sé) dentro del espectro nacionalista radical, y por tanto sospechoso de connivencia con el terrorismo etarra, decido sumarme a la misma. Tómese esto con cautela, que yo nunca he leído semejante periódico (salvo para realizar este post) y que, desde luego, no es lo mismo desear la independencia de un colectivo de personas y revindicar el terrorismo como instrumento legítimo. Realizo esta puntualización, por la sencilla razón de que en este país (que no se dice este país, se dice España...) tendemos a confundir las churras con las meninas con una facilidad pasmosa y hacemos, con suma facilidad, juicios que asimilan ciertas ideas políticas con actos violentos con la intención de restarles un grado variable de legitimidad democrática.

Es decir que desconozco, por decirlo de una forma más clara, si el mencionado diario es de esos que se denominan coloquialmente como “proetarras”. Diarios por los que, sea dicho de paso, no guardo afecto ni simpatías de ninguna clase.

De esta forma, el gallinero se posiciona de conformidad a la siguiente lógica: lo que se diga está bien o mal dicho, con independencia de lo expresado, atendiendo siempre a la identidad del medio o la persona. Esto me recuerda, un poco de lejos, con algunos comentarios que escuchaba en mi pueblo acerca de las chicas. Algunas que se liaban con todos los tíos que querían eran chicas decididas que tenían claro lo que querían, mientras que otras eran, pura y simplemente, unas putas.

Se ve por donde voy, ¿verdad?

Estas charlas, muchas veces totalmente panfletarias, son en ocasiones meros envoltorios de colorines brillantes que no ofrecen más argumentos para aceptarlas de forma seria que el “a mí me parece que... y si no piensas como yo, pues tú más”.

De modo que vamos, si nos parece bien a todos, a centrar un poco la neurona (cosa que parece que a los españolitos nos da por hacer de cuando en cuando) y a ofrecer un punto de vista alternativo. En vez de tirarnos los trastos a la cabeza como mandriles vamos a sentarnos a pensar un poco y ver que es eso del delito de “injurias al Rey”. No sé. A mí me parece mucho más interesante. El Derecho siempre está abierto a interpretaciones, pero al menos muchas de las afirmaciones que se vierten en su nombre son susceptibles de descrédito si nos paramos a reflexionar un poco. En otras palabras, creo, que las leyes nos ofrecen (no siempre, pero sí habitualmente) un punto de partida mucho más claro para dilucidar ciertas cuestiones que un mero punto de vista impuesto por narices.

Bueno, como sabemos (la noticia ha sido enlazada por tantos blogs que me da pereza buscar una dirección) el Rey presuntamente participó en una cacería en la que la presa era un oso amaestrado y, además, borracho. Personalmente nunca le he encontrado diversión alguna a eso de matar animales por gusto, pero dejo constancia de que andar a tiros con un plantígrado beodo me parece una de las cosas más chuscas y cutres que uno se puede echar a la cara. Pero en fin... ya se sabe, los ricos son ¿cómo era? Ah, sí... excéntricos.

Bueno, pues parece ser que el rotativo de marras se hizo eco de dicha correría y de paso se permitió publicar un fotomontaje (con mala uva a más no poder, desde luego).
Pues nada, querella al canto. Oye, es una forma de arreglar las cosas, ¿no?
La querella en cuestión es presentada por un presunto delito de injurias graves al Rey. Pero, ¿que es eso?

Vamos por partes. Primero vamos a ver que es eso de las injurias. Según los artículos 205 a 208 CP, las injurias se entienden como “la acción realizada o la expresión proferida que lesionan la dignidad de otra persona, menoscabando su fama o atentando contra su propia estimación”.

¿Vale? Más o menos claro... ¿no?

Ahora que sabemos que es eso de lo que se acusa al periódico, podemos explicar que en nuestro CP existe un tipo especial agravado (es decir, con una pena mayor) que protege la dignidad del monarca. Dicho de forma más llana, insultar a alguien ya es malo, pero mentarle la madre al Rey es aún peor ya que ostenta una posición en relación con la Jefatura del Estado y el país mismo, y eso es digno de una protección especial.

La justificación del precepto penal, de por sí, trae cola. Al menos desde mi humilde punto de vista, ya que difumina la línea entre persona e Institución de una manera un tanto peculiar que me recuerda, no sé, a tiempos pasados tal vez... Es lo que tiene eso de que la monarquía no sea un cargo electo, supongo. Parece que olvidamos que el Rey es algo así como un funcionario (algo así, y para entendernos... que ya veo a alguno afilarse las uñas, ¿vale?).

Pero centrándonos en lo que nos ocupa, esto es el tipo penal, podemos afirmar (con independencia de la justificación del precepto, por chusca que nos parezca) que

Artículo 490.
3. El que calumniare o injuriare al Rey o a cualquiera de sus ascendientes o descendientes, a la Reina consorte o al consorte de la Reina, al Regente o a algún miembro de la Regencia, o al Príncipe heredero de la Corona, en el ejercicio de sus funciones o con motivo u ocasión de éstas, será castigado con la pena de prisión de seis meses a dos años si la calumnia o injuria fueran graves, y con la de multa de seis a doce meses si no lo son.

Pongo este artículo por una sencilla razón. Por lo que he leído hasta ahora, la querella se basa en un presunto delito por injurias graves. Y por definición del mismo CP, esta clase de delito sólo es posible cuando se critica a Juan-Carl dentro de las actividades que le son propias como Jefe de Estado. Es decir, que por lo que nos cuenta la fiscalía de la Audiencia Nacional, parece ser que eso de andarse a tiros con el oso Yogui debía de ser algo así como una misión diplomática.

No sé, sobre todo para el oso supongo...
Bueno, pues parece ser que además de la citada foto, se despachaban a gusto contra el Jefe del Estado mediante un artículo en el que:

“El fiscal señala en la querella que el artículo contiene expresiones «vejatorias, humillantes, atentatorias contra la dignidad y el honor del Jefe del Estado, manifiestamente superfluas e innecesarias para el ejercicio de la libertad de expresión».

El texto, en el que es el oso Yogui el que habla en primera persona, se insulta a Don Juan Carlos al llamarle «soberano irresponsable» y «mequetrefe» y se falta al respeto a su familia al referirse a sus nietos como «toda la cuchipanda». También se utilizan juegos de palabras que pretenden trasladar a la opinión pública la imagen del Rey como un alcohólico” (ABC).

Ya que eso de tener como fuente a un diario evidentemente pro-monárquico no me parece de lo más imparcial, prefiero ilustrar al personal con los extractos más señalados del citado artículo:

“El rey de España mata un oso borracho”. ¡He! ¡He! ¡He! ¡Heyyy! Veo la sorpresa en tu gesto Búbú. Yo también he entendido lo mismo. ¡Craso error! Por esta vez, el rey de copas no es quien nosotros pensamos, sino nuestro congénere, el bueno de Mitrofan, otrora alegre y dicharachero colega del osito Misha, a la sazón, mascota oficial de las Olimpiadas de Moscú.
Mientras ande suelto tan soberano irresponsable, tú, yo y todos los de nuestra especie estaremos en peligro... hasta, no estaría de más, que se diera la voz de alarma a los ositos de peluche, incluidos, los de Froilán y toda la cuchipanda, todo sea que el mequetrefe de su abuelo, despechado por no encontrar ejemplares en la fauna, la emprenda a tiro limpio con ellos.
¡Hey! ¡Búbú! No creas que he empleado la expresión «soberano irresponsable» de modo coloquial y arbitrario, ¡muy al contrario!, resulta que este individuo está sancionado por la Constitución española como un auténtico y genuino irresponsable. Es decir, que carece de responsabilidad. Y por consiguiente, haga lo que haga, diga lo que diga, no puede ser juzgado ni llevado ante tribunal alguno, pues Su Majestad, en esto, como en todo lo demás, parece estar por encima de la ley, cuando con idénticos hechos otros ya se encontrarían al margen de ella, o en la cárcel. Y claro está, ¡Bubú! él, sin vergüenza, trapisondista donde los haya, se jacta de sus trofeos obtenidos ora en Tanzania, ora en Tailandia, sin ser tenido por ello como sanguinario turista reincidente.
Sin que sirva de precedente, he perdido el apetito ¡Búbú! Será mejor recogernos e invernar antes de tiempo, dando por finalizada la temporada estival. No deseo acabar mi disoluta y feliz existencia de alfombra en la Zarzuela. Según nos vaya entrando el sueño, hagamos por recordar tiempos más propicios, en los que los reyes acababan sus días de cacería, como el visigodo Fabila, hijo de Pelayo, devorado por un ancestro nuestro y de Mitrofan (GARA).

Bueno... dejando ya claros los hechos y ya que conocemos el contenido del precepto penal podemos empezar a darle al coco.

Antes de empezar, sería bueno indicar que la Ley no es sólo lo que aparece en los Códigos de turno. Tenemos una jurisprudencia que interpreta los preceptos penales (tanto del Tribunal Supremo como del Tribuna Constitucional, aunque esto último con matices), que nos dice cómo hemos de entender las leyes y cómo se aplican en la práctica.
Para entendernos (que si no nos metemos en unos derroteros de lo más complicados) baste decir que es necesario, para aplicar este tipo penal, la evidencia de que se desea, efectivamente, enjuriar al monarca y no que los gestos o expresiones sólo “nos lo puedan parecer”.

Desde luego, bajo este punto de vista, en mi opinión sí existe una voluntad clara de “tocarle las narices al rey” (lo de mequetrefe es bastante explícito, que queréis que os diga). Ahora bien, esto por sí solo no es suficiente para llegar a una conclusión.

¿Por qué? Porque, por mucho que nos resulte perturbador, los responsables de este artículo trabajan en un medio de comunicación, en el ejercicio de la profesión del periodismo y eso nos obliga a ponderar (valorar) los hechos de conformidad a dos derechos fundamentales básicos: el derecho a la libertad de expresión e información (20 CE), así como la libertad ideológica (16.1 CE).

Dicho de otra forma, vivimos en democracia, y una de las grandezas de la misma es que podemos no sólo pensar lo que deseemos sino que también podemos expresar nuestras impresiones. No se trata sólo de una máxima política, o de un postulado filosófico. Se trata de una realidad que podemos defender ante los tribunales en un sistema imparcial. Y antes de que nadie me tire una piedrecita entre los ojos, y me diga que los tribunales en este país no son imparciales, le recomendaría que echara un vistazo a las múltiples sentencias acerca de esta cuestión en las que se ha absuelto a personas que, dentro del entorno abertzale, han rebuznado de manera similar a la actual. Me viene a la memoria la polémica tras el asesinato de Francisco Tomás y Valiente, sin ir más lejos... profesor en la Facultad en la que me licencié.

Pues bien, cuando nos encontramos ante situaciones como ésta en la que es necesario poner en los dos lados de la balanza los derechos y sus límites hemos de encontrar, caso por caso, un límite. Y según el TC, dicho límite hace referencia al sentido en que dichos derechos fundamentales resulten más eficaces. Y según la misma jurisprudencia del Constitucional, dicha eficacia en cuanto a libertad de expresión se refiere en tanto a su relación con el tipo de injurias no ampara, ni mucho menos, un menosprecio a la persona cuando además también incluye un deseo de destrucción de la misma.

Traigo de nuevo a colación el último párrafo del artículo:

Según nos vaya entrando el sueño, hagamos por recordar tiempos más propicios, en los que los reyes acababan sus días de cacería, como el visigodo Fabila, hijo de Pelayo, devorado por un ancestro nuestro y de Mitrofan.

Así vistas las cosas, creo que puede decirse que es este ultimo párrafo el que marca la diferencia con el resto del artículo, y entendiéndolo en el contexto del mismo, el que nos permite entender que se trata de un abuso de la libertad de expresión.

Me importa un pito si el Rey mató un oso borracho o no. Después de todo el diario sólo se limita a hacerse eco de una información previa. Me importa un huevo que se diga que el Borbón empina el codo más de lo habitual, puesto que una afirmación así entra dentro de las críticas habituales que se hacen a todo tipo de personajes públicos. Y del mismo modo me da lo mismo que, efectivamente, el diario pudiera demostrar que, en efecto, el Rey la emprendió a tiros con un oso indefenso (una de las excepciones al tipo de injurias y calumnias es demostrar que lo que se dice es verídico), pues no es esa la cuestión.

Lo que sí me parece un exceso, y me resulta personalmente evidente, es que desear públicamente la muerte de una persona y entenderlo como “tiempos más propicios” claramente puede atentar contra su fama o su propia estimación.

Derechos fundamentales tenemos todos, el Rey incluido. Igual que yo, e igual que un etarra. El resto de comentarios y estupideces podrían entrar dentro de lo admisible, de no mediar el citado párrafo al final del artículo.

Por lo tanto, y discrepando de mis compañeros izquierdistas, cuya opinión respeto y valoro, creo que en este caso el límite a la libertad de expresión se ha sobrepasado. Y no ha sido por realizar un fotomontaje o por decir que nuestro rey es un mequetrefe o un borracho.

Así que nada, lo dicho.

Ya me podéis hinchar a hostias si os parece...

Saludos,
Angellus.

Mayo 7, 2007

¿Qué es terrorismo?

Digo yo, que lo mejor es empezar por el principio.

Sé que es un tema un poco manido, pero me parece oportuno sacarlo a colación, ya que he mencionado en reiteradas ocasiones el fenómeno terrorista pero creo que nunca he hecho un esfuerzo consciente por definir qué es o en qué consiste. De modo que me parece oportuno comenzar por aquí. La idea me la dio un discusión que Michael (http://www.bloj.net/michael/) tuvo hace no mucho con cierto "estatalista de mierda". ¡Adoro a este chaval!

Bien, creo que podemos enfocar la cuestión de dos maneras. De un lado está el punto de vista jurídico y de otro el aspecto más sociológico de la cuestión. Mi intención es presentar estas dos dimensiones, pero lo haré en post separados ya que los que son más largos y concienzudos simplemente son ignorados por el personal.

Así que, ¿qué podemos entender por terrorismo desde un punto de vista sociológico?

Hablar de terroriso es hablar de violencia, eso es evidente. Sin embargo lo que caracteriza esta interacción social violenta en comparación con otras actividades delictivas asimiladas a otras manifestaciones ilícitas como el crimen organizado es, fundamentalmente, su relación con pretensiones políticas o mejor, en influir en la vida política de una comunidad a través de la violencia.

El fenómeno, por lo tanto no es nuevo. El otro día, mientras discutía con Mich, yo sostenía que es un fenómeno que encuentra su sentido dentro de la estructura estatal mientras que él defendía que es suceptible de interacción con más formas de organización social.

Me parece que su afirmación es correcta, si bien ello no me hace cambiar de idea en cuanto a lo que entendemos como terrorismo, en términos si se quiere más coloquiales, queda mejor encuadrado dentro de las sociedades post-industriales más asimiladas a los esquemas de la modernidad. El ejercicio de la violencia en sociedades menos "estatalizadas" con fines políticos está a la orden del día pero creo que en esas ocasiones hablamos de guerrillas, cuando existe un grupo paramilitar asentado en un territorio concreto y que desafía la hegemonía estatal. Cuando ya hablamos ya de espacios en los que la estructura estatal desaparece nos encontramos ante enfrentamientos que llegan a asimilarse a la guerra civil o a la lucha por el poder de clanes armados al estilo de los distintos señores de la guerra que pupulan alrededor del globo.

Con esto no quiero decir que el terrorismo sea un fenómeno estanco en un territorio determinado. Si algo aprendí en mis cursos de doctorado es que estas acciones traspasan las flonteras internacionales y que zonas con instituciones poco asentadas que velen por la seguridad ciudadana se convierten en "campos de entrenamiento" o en "bases operativas" para estos grupos desde donde se establecen procedimentos para atacar intereses en otros países que sí cuentan con esas fuerzas de seguridad. La razón es sencilla, allí donde la estructura estatal es más débil, estos colectivos se encuentran más libres para actuar y reforzar sus estructuras de reclutamiento. Esto funciona hasta tal punto que no es extraño que grupos terroristas occidentales hayan enviado a alguno de sus miembros a estos terceros países como ocurrió en los 70 y 80 con ETA y Argelia.

Así pues, si bien Michael estaba totalmente en lo cierto en cuento a todo lo que me comentaba, sigo pensando que es un agente natural o protagonista por excelencia en esta clase de circunstancia. Y digo esto consciente de que puede ser la víctima ideal de este tipo de interacción política tanto como perpetrador. El terrorismo no es en exclusiva un fenómeno de corte individual o referente a grupos armados, sino que también es patrimonio de los mismos estados. Éste es, precisamente en mi opinión, la modalidad más triste de todas pues el verdugo y el azote del terror es aquella estructura que precisamente ha de salvaguardar el bienestar de los ciudadanos. Evidentemente digo esto porque mi concepción legítima de Estado es el social y democrático de Derecho, si bien esto no es obtáculo para que existan otro modelos de organización legítimos y perfectamente válidos.

El Estado forma pues un elemento tal vez no necesario si queremos manejar un concepto amplio de esta fenomenología, pero sí es el catalizador o potenciador por excelencia por la sencilla razón de que su estructura y articulación permite que la repercusión de estas acciones violentas alcancen una mayor trascendencia en medios de comunicación consolidados de fácil acceso por parte del público.

Esta es, precisamente una de las diferencias que el terrorismo presenta frente a otras actividades delictivas. Si bien la preparación del delito se anticipa y diseña desde la clandestinidad el rédito de su perpetración es, precisamente, la enorme repercusión meidiática que provoca el impacto sobre los objetivos en la opinión pública. Se seleccionan normalmente blancos que por su simbolismo permiten asimilar la acción violenta como un ataque contra un conjunto de políticas consideradas ilegítimas o contra elementos o instituciones entendidas como opresoras. Una variante más violenta de ataques terroristas tienen como punto de mira a la población civil y no a cargos electos o miembros de las fuerzas de seguridad (como puede ser el terrorismo que ha sufrido la población israelí). El mensaje en estos casos tiene un matiz diferente: al ser cualquier ciudadano una víctima potencial en cualquier momento se pone en entredicho la posibilidad del Estado de ofrecer protección a las personas y por ello su credibilidad y eficiencia.

La versión más drástica de terrorismo es el llamado "mega-terrorismo", que se caracteriza por acciones violentas sumanente elaboradas y que buscan de un sólo golpe provocar el máximo de bajas civiles posibles. El 11S, 11M, 7J o el atentado de Mali son ejemplos paradigmáticos, aunque también se considera recientemente "mega-terrorismo" auquellas acciones que atentan contra objetivos especialmente vulnerables y desprotegidos y que precisamente por ello provocan una sensación de shok mayor. Ejemplos de esta clase son los ataques contra el teatro de Moscú o la escuela de Beslam, en la que murieron más de cien personas muchos de ellos niños.

Bueno, creo que de momento lo voy a dejar aquí pues no quiero que esto se haga demasiado largo. Si alguien quiere en algú momento precisar algo o desarrollarlo nos ponemos a ello.

Saludos,

Angellus.

Mayo 28, 2007

España: blanco actual del terrorismo islámico

Hablar seriamente de terrorismo islámico resulta complicado en un país como el nuestro, que se ha visto golpeado no hace mucho en su mismo seno por un atentado de una magnitud y unas consecuencias que han escapado a muchas previsiones. Teniendo en cuenta cómo se desarrollaron las pasadas elecciones y el actual clima de irresponsabilidad imperante en las c