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WALL-E, o cómo Charlot se reencarnó gracias a Pixar

¿Cuánto tiempo hace que no vais al cine y salís con un regustillo como ese que sentíais hace años? ¿Cuál fue la última vez que abandonasteis una sala de proyección suspirando y levándoos la mano al pecho mientras pensabais "uf, menos mal, no he tirado a la basura siete euros"?

Pues bien, si vais a ver WALL-E, disfrutaréis de esa sensación.

Teniendo en cuenta el alto coste de la vida (jo, recuerdo cuando el cine valía seiscientas pesetas y ya me parecía una pasta) es normal que uno se baje las películas de internet. Sí, sí... mucha piratería y mucha leche, mucho decir que el cine es cultura y que es cruel robar ideas, pero seamos serios. La gran mayoría de la audiencia no se deja más de seis euros en la taquilla por la sencilla razón de que es plenamente consciente de que la gran mayoría de las propuestas de los estudios es una simple y llana basura. Así de claro. Es normal que la gente se rebele y se busque la vida, por mucho que se gasten millonadas en propaganda diciendo que si te descargas una peli eres un delincuente, que atentas contra la cultura y prostituyes la creatividad de los artistas.

Jo, me encanta... lo de la oferta y la demanda no vale para todos igual, por lo que veo (sí, vale, es un comentario de trazo grueso, pero me da lo mismo). Que alguien me explique seriamente, por favor, que contribución a la humanidad realizan bodrios manifiestos como Wanted (la última película de Angelina Jolie... es que ni saliendo ella, oiga) o quien ha puesto el culete primero en pompa para parir a la existencia semejante morralla.

Pero bueno, dejemos un lado la bilis contra la industria del cine (esa que explota a mi padre como si fuera un miserable esclavo) y recreémonos en la nueva perlita de PIXAR.

WALL-E es, sin duda alguna, la mejor película de animación de los últimos años y lo es por muchos motivos.

Es para empezar una propuesta muy, muy valiente. Dar el protagonismo de un largometraje tan costoso a un personaje mudo ha sido una todo un órdago. El trabajo de animación y diseño del bicho (un pequeño robot a medio camino entre ET y Nº 5) es, sencillamente magistral. Sin pronunciar palabra, el trasto se mete a la audiencia en el bolsillo en los primeros cuarenta minutos de película: solo y aislado en un planeta estercolero lleno de basura hasta reventar, coleccionando los objetos que le llaman la atención, sin llegar a saber para qué sirven en realidad. A medio camino de la mascota ideal y el mejor amigo que todos hemos querido tener de niños, WALL-E pasa sus días compactando basura mientras limpia su casita y se deprime viendo una vieja cinta de "Hello Dolly". Imposible que no te caiga bien nada más verlo. El torrente de empatía que el robotito genera es abrumador, y seguro que es bestial para un niño pequeño.

Segundo, la animación digital que PIXAR ha logrado en este filme es, simplemente, una obra maestra. Las iluminaciones, la física de los objetos, los planos... todo ello aderezado con una banda sonora plenamente estudiada, propia de una propuesta del cine mudo que engarza con el estado de ánimo que busca transmitir la secuencia de manera impecable.
La puesta en escena es de sobresaliente, como poco.

Tercero, y seguro que aún más importante, WALL-E no es, tan solo una película deslumbrante en términos visuales: es una historia sencilla, pero honesta, rica en matices y con moraleja previsible pero tan bien llevada que no queda más remedio que pensar "ole, ole, ole... si tuviese hijos les habría traído al cine". La propuesta mezcla varios mensajes de una forma coherente y sencilla: ecologismo, amistad, amor, aislamiento y sacrificio. El romance del pequeñín con EVA, un robot setecientos años más avanzado que él recuerda a los enamoramientos de Charlot y sirve de contrapunto a las relaciones personales de los terráqueos que aparecen en la película, frías y desatendidas. La máquina llena de circuitos tiene más corazón que las personas con las que se encuentra, reflexión recurrente en el cine, pero no por ello manida en este caso. Y ese es otro punto fuerte de la película, una crítica nada velada contra el consumismo, y por extensión contra el sistema capitalista rampante, que reina hoy día en el mundo. Muchos podrán acusar a Pixar de cinismo, pues no deja de ser un estudio de cine que cuenta con los billetitos de Disney para realizar sus proyectos, pero tampoco serán pocos los que salgan en su defensa. Esta película es una prueba palpable de que el dinero sirve para contar grandes (o pequeñas y remachadas historias), sencillas, honestas y con alma.

En serio, id a ver WALL-E. Gastaos la pasta, disfrutad. Pixar se lo merece.

Saludos,

Angellus.

Comments (2)

Angellus:

¿Sí? me quedé hasta el finald e los títulos de crédito y no recuerdo haber visto el anuncio de ningún videojuego.

Sí, bueno... supongo que puede parecer un tanto contradictorio que una vez lanzado el mensaje principal de la película, Pixar explote la mercadotecnia pertinente, pero seamos honestos: sigue siendo una empresa. Podríamos entrar en el debate de toda la vida acerca de que las empresar invierten muchos millones de dólares en sacar adelante un proyecto así y que merecen recuperar su inversión y blablablabla...

A mí no me parece mal, si te soy sincero. Lo que sí me parece aberrante es la empresa que antepone sus beneficios al bienestar social o que conscientemente daña al segundo para aumentar los márgenes del primero.

No sé... puede que hable sin conocimeinto de causa, porque no sé gran cosa de todo lo que está detrás de Pixar, pero de momento prefiero ser bienpensado.

No obstante, todo puede cambiar, claro.

Saludos,

Angellus.

Muy buena, la verdad, aunque me quedó mal sabor de boca cuando te tratan de vender el videojuego de la película cuando esta acaba.

Me dejó confuso.

Saludos!

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