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Hay trabajos que haría gratis...


Seguramente, dentro de no demasiado poco tiempo (si todo va bien) cambiaré de idea y exigiré mi sueldo a final de mes. Que la vida está muy cara, oiga...

Bien, como ha sido publicado en varios medios de comunicación, cien kilos de cocaína fueron sustraídos de una comisaría de Sevilla. Concretamente, de la Jefatura Superior... ahí es nada.

Os dejo los enlaces:

Enlace deprimente número 1.

Enlace deprimente número 2.

Lo cahondo de todo, es que se supone que este material estaba vigilado, en su mayoría, por agentes de la UDYCO ( la Unidad de Drogas Y Crimen Organizado), que son para entendernos una especie de cuerpo de "elite" (aunque por lo que veo, en este país parece que usamos esa palabra demasiado a la ligera desde hace un tiempo...) de funcionarios especializados en lidiar con lo más chungo de entre lo chungo ( terrorismo aparte).

Es decir: narcotraficantes, mafiosos profesionales y demás gentuza. De todos los policías que hay, esta unidad está entre las que más respeto. Incluso, en mis sueños de post-adolescente calenturiento, se cuela bastante a menudo la idea de tratar de ingresar en la misma algún día. ¿Por qué? Porque de todos los criminales que hay para perseguir, estos señores y señoras tienen como objetivo poner las esposas a muchos de los peores. Son, en muchas ocasiones, personas poderosas (muy poderosas), que han escogido reiteradamente el crimen como forma de vida y que en muchas ocasiones tratan la vida de las personas como obstáculos a remover con tal de obtener un márgen de beneficios aceptable. Son los que organizan caravanas de mujeres que acaban siendo traídas para ser esclavas sexuales, que mueven toneladas de cocaína, y que piden un sicario que venga de quién sabe dónde a cargarse a fulanito o menganito igual que quien pide una pizza.

Bueno...

Desde hace una temporada más o menos larga tengo más que asumido que el mundo no es justo, y que desdde luego no soy quien para quejarme. Para la gran mayoría de la población mundial, la vida es básicamente una mierda. Pero siendo narcisista, y centrándome en mi pequeño y egoista mundo de las oposiciones, hay cosas que no pueden dejar de escocerme.

Es decir... cada vez que salgo a la pista a correr los puñeteros 2000 metros casi hecho el bofe. No se me da bien correr, qué voy a hacerle. Entiendo que es una prueba a superar y punto, pero hay veces que simplemente me alucina pensar que dos miserables kilómetros marcan la diferencia entre alcanzar una vocación de toda una vida o no hacerlo. Siempre he querido ser policía, o al menos desde que fui lo suficientemente mayorcito para plantearme qué quería ser de mayor. Más o menos desde los quince años...

Así que aquí estoy, noche tras noche mirándo la página de la Dirección General de la Policía por si hay alguna novedad. Apretando los dientes cada vez que subo la barra de las dominadas y sintiendo cómo me arden los pulmones en la última maldita serie de 400 metros antes de llegar a la meta.

Y mientras, hay mamones que entran en comisarías y, delante de todo el mundo, roban drogas por valor de cuatro millones de euros. ¡Tócate los cojones!

Mañana volveré a entrenar y seguramente volveré a escuchar bromas con este tema. Como si fuera una cosa para tomarse a coña. O seguramente volveré a escuchar a auténticos pringaos hacer comentarios sutiles del tipo "llego a ser ya madero y le arreo una hostia al moro con toa la palma, ¿tú mantiendes?".

Y yo mientras correré, y sufriré mientras que otros que no tienen dos dedos de frente se quitan la camiseta para presumir de lo cahitas que están mientras corren sus 2000 metros con la misma facilidad que quien se hace una paja. Y les veré ser felices mientras se imaginan ya con el uniforme puesto, repartiendo leña y "mandando a los patutas a su casa".

Sé que suena mezquino, pero les deseo de corazón que palmen. Que suspendan los psicotécnicos y que se los carguen en la entrevista personal. Y en cuanto al resto de cabrones que se ponen un uniforme de policía sin ser dignos de ello... rezo por que me esperen. Porque hay muchos días en los que juro por Dios que creo que mi vocación está en Asuntos Internos.

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Saludos,

Angellus.

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