Una de contradicciones personales...
Estos días estamos observando escenas en la que activistas pro-derechos humanos tratan ( y a veces consiguen) apagar la famosa llama olímpica en su periplo alrededor del mundo. No es de extrañar. Los ojos del mundo están sobre la persona que la lleva de un lado a otro, y evidentemente, para los activistas es una oportunidad demasiado buena como para dejarla pasar.
Ante imágenes como esta a uno le entra una especie de "nosequé". Hace mucho tiempo que asumí que como policía tendré, tarde o temprano, que hacer daño a la gente. Las detenciones no siempre son pacíficas, incluso cuando la persona no se está resistiendo y simplemente está nerviosa, es posible provocarle dolor al ponerle las esposas. Evidentemente, la profesión implica un cierto ejercicio de la violencia (aunque no nos vamos a poner a discutir acerca de si esto es o no correcto). Todo el que me conoce sabe qué opino al respecto.
El caso es que, si me viese en una situación así tengo claro lo que haría. Evidentemente procedería a la detención. Es una pregunta de libro que se suele dar en la entrevista de selección: ¿Si tiene delante a una multitud protestando por una causa justa... cargarías?
La respuesta, si al menos quieres aprobar, ha de ser un invariable SÍ. Las dudas morales te las dejas en casa.
Son muchas las polémicas que surgen ante la acción de la policía cuando ha de disolver un grupo de manifestantes. Recuerdo la veradera batalla campal que se montó en Madrid durante las protestas contra la guerra de Irak. En aquellos días estuve en la calle, sin uniforme claro... afortunadamente siempre nos mantuvimos lejos de los disturbios. Menos mal, porque hubo palos para parar un tren.
El problema es que en ambos casos no se trata de ultras de un equipo de fútbol, un grupo de extrema derecha o una manifestación de apoyo a presos de ETA. Se trata de personas protestando y pidiendo cosas muy justas. En el caso de la guerra de Irak todos tenemos las cosas más o menos claras, pero es que la situación de los derechos humanos en China no es precisamente para ser optimista.
Amnistía Internacional lleva realizando un seguimiento específico sobre la celebración de los Juegos Olímpicos en territorio del gigante asiático. Campaña que apoyo y que comparto, y que por eso os transmito.
Sin embargo, reconozco que si fueran miembros de Amnistía Internacional (y soy miembro de la organización, ojo) los que encabezaran la protesta y yo estuviera en el lado contrario de la calle no dudaría acerca de qué hacer. Eso sí, con todo el dolor de mi corazón.
Habrá quien me diga que soy un chaquetero o un farsante. Y no me extraña. Si tuviese que repartir leña y proceder a engrilletar (algo que por otra parte, no puedes escoger NO HACER) pasearía cerca de la esquizofrenia, eso sí.
Saludos,
Angellus.
PD: odio... tener... insomnio.