Y estonces llegué...
-Hola buenos días, soy Ángellus: esbirro formador de nivel dos y venga a bla, bla, bla, bla...
El "ser" que me recibe sonríe y me mira de arriba a abajo. Está claro lo que hace, vamos si lo está. Yo estoy haciendo lo mismo: catalogando, buscando, etiquetando y midiendo.
-Bien, bien... pero ¿sabes qué? Hay un cambio de planes. Hemos modificado los horarios, tú vas a empezar más tarde - entre líneas: "has madrugado para nada, chavalín; vendrás a dar clase, pero aquí mandamos nosotros". Consciente de que me están tanteando sopeso las opciones. No puedes optar por un enfrentamiento, porque evidentemente es una de los resultados buscados, ni tampoco puedes arugarte o al día siguiente se desayunarán tu hígado acompñado de judias... así que escoges otra opción-. ¿Acaso no te han avisado?
-¿Son los asistentes? -Pregunto mientras pienso que, evidentemente, nadie me ha dicho nada. El ser asiente -.A perfecto pues -y sin más entras en el aula antes de que empiece la clase de la mañana-, voy a presentarme ahora que será mejor.
Cuando entro empleo mi mejor sonrisa, palmas abiertas, miradas a los ojos, un chiste para romper el hielo. Me miran de arriba a abajo y ven que vengo de buenas. Se relajan, pero sólo un poco porque saben que se juegan mucho y aquí todos vamos con el escudo por delante. Y todo sale rodado... porque no centro mi atención en ellos, sino en el "ser" que entra detrás de mí. En cuando la gente siente su presencia las caras cambian, se tornan serias, los ojos no se cruzan... "Miedo", pienso. Vale, ya tengo lo que quería.
- Así que nada, nos vemos luego: estoy a vuestra disposición- una vez fuera intercambio una mirada con el ser-. No hay problema, empiezo más tarde.
-Bien -me responden con cautela, porque evidentemente sabe que tramo algo.
Ter presentas al resto del personal todo vuelve a empezar. Media hora más tarde me veo envuelto en un marrón de proporciones bíblicas... pero eso es otro cantar.
Y llega mi momento. Preparo mis trastes de matar y mis temores se confirman. El "ser" entra en la sala... y se sienta. La gente se pone tensa y de pronto a aparece en las manos de esa persona entrañable una hoja con anotaciones: dudas, preguntas y putadas para dejarme en evidencia. A quién cojones se le ocurrió mandarme aquí, sabiendo cómo estan las cosas.
"Pero qué pedazo de cabrón... ha traido arsenal".
-Bueno, encantado de conoceros. Soy Ángellus, y como os he comentado antes voy estar con vosotros para bla, bla, bla -y entonces sueltas la bomba-: hoy vamos a empezar por la letra "Z" del programa- entre líneas, por el final.
El "ser" me mira, mira la hoja, vuelve a mirarme. Las cosas no cuadran.
-Hoy tocaba la "A".
-Sí, pero lo hemos cambiado. Así las cosas se verán más claras. Además, y como sabes la letra "A" se ha visto modificada recientemente, en ocasiones con un alcance muy importante. Es mejor que afiancemos esto antes de seguir - los asistentes asienten. Es más, tienen curiosidad por las novedades, no puede ser de otra forma.
Lo que por supuesto ellos no saben es que el quien hasta ese momento ha tenido acceso libre a esa información he sido yo, y no el "ser" que está junto a ellos. Que aparenta que conoce y que domina... pero que en realidad no tiene ni puta idea. Y eso no es aceptable. No hay ataque, ni falta de respeto, ni cruce de espadas, pero la advertencia está clara: como me toques los huevos te destripo delante de todo tu equipo, mino tu credibilidad y te aniquilo. La indirecta se caza al vuelo. Ese es el problema de los que se ganan el respeto a base del miedo, cuando haces de ellos un chiste no son nada. Y en el fondo lo saben. Y eso, eso... les acojona, y cuánto.
Cinco minutos más tarde el "ser" se marcha con el móvil entre las manos. No sé si es una escusa. En realidad, me la suda.
Cuando acaba el día dejo que las cosas sigan su curso. Hay que hacer un exámen, yo dejo más tiempo del reglamentario para que la gente lo termine con calma. Así me da tiempo a corregir los de los que terminan primero.
-¿Cómo ha ido todo? -me pregunta el "ser" más tarde, eso sí: de buen rollo.
- Bien, tengo las notas. El promedio está en un notable alto. La verdad es que tienes un grupo de lo más prometedor, si siguen así los informes van a ser muy positivos.
El "ser" abre lo ojos. Eso no se lo espera. En el fondo, no es más que una criaturilla a la que dan palos todos los días.
- ¿Cuándo me los entregas?
-No, no. Esto se lo tengo que dar a tu superior.
-Pero si el curso lo organizo yo...
-Pero los rendimientos se le entregán a Su Impiedad, en la tercera planta de Madrid.
Entonces la cosa cambia. Nos miramos incómodos: eso es algo que él tampoco sabía y en el fondo, también se la han jugado. Normal que el percal esté como esté. No es nada agradable creer que eres el sheriff y descubrir que asuntos internos ha pedido un exámen de la comisaría. Y lo es aún menos enterarse después de empezar el día con un "me cago en tu puta madre, que me estás quitando tiempo y recursos, extraño de mierda".
En fin. Que como dice un buen amigo, los puñetazos duelen. Así que... para qué pegarse.
¿A que llevo razón?
Saludos,
Angellus.
Un par de comentarios intrascendentes y nos despedimos.