Hace cuatro años a alguien se le ocurrió una idea brillante. No era novedosa, realmente. Ya se había hecho con anterioridad. La premisa era sencilla: llegamos, invadimos, tomamos lo que queremos y decimos a todos que somos los buenos. Liberadores, justicieros, cruzados y sabios ilustrados con espadas de equidad que castigan a los tiranos.
Precioso.
Aquella decisión se tomó sin apoyo popular de ninguna clase, poco tiempo después hubo quien gritó en una noche lluviosa de marzo "vuestra guerra, nuestros muertos".
Pero nada de eso importa ya. Es como cuando cuentas un cuento a un niño pequeño, hay que renovar el repertorio. Ahora tocan las historias de miedo: la España que se rompe, la familia que se va a pique por permitir a los homosexuales casarse y amar a sus hijos, el gobierno terrorista que asesinó a doscientas personas, el gobierno que negocia con terroristas y sacrifica niños en la hoguera... Esas son las historias de hoy, sobre las que interesa llamar la atención.
Me pregunto si el día de mañana, los niños de hoy echarán la vista atrás y pensarán lo mentecatos que fueron sus padres. Cada vez que pongo las noticias y escucho a quienes rigen el destino de este país siento vergüenza. Nunca he creído en ese refrán que dice "cada país tiene el gobierno que se merece".
Últimamente me pregunto si no será cierto, después de todo nosotros los hemos puesto ahí.
Y mientras tanto, hay quien vive historias de terror todos los días.

Saludos,
Angellus.