Todos empezamos el año con nuevos propósitos e ilusiones. Muchas veces lo único que hacemos es mentirnos a nosotros mismos, en el mejor de los casos, o realizar un abierto ejercicio de cinismo en el peor de ellos.
Yo, por mi parte, este año me he propuesto todo un desafío. El tiempo dirá si se trata de una auto-trola condescendiente o un propósito sincero. El caso es que ya lo he anunciado ante la familia, y para mi sorpresa, se lo han tomado mucho mejor de lo que yo pensaba.
No es nada drástico, no nos asustemos.
He decidido volverme medio vegetariano.
Sí, a mí que me daban carne picada en el biberón. He llegado a la conclusión de que los años no pasan en balde (manda narices que diga esto a mi edad), así que voy a empezar a cuidarme en más de un sentido. El primero de ellos va a ser la dieta.
Adiós woopers y big macks. Adiós al KFK y los chuletones del tamaño de mi esternón. Adiós a digerir enormes e indecentes cantidades de músculos de animales muertos.
Nuevo año, nueva vida.
Inclinémonos ante el dios de la ensalada.
Saludos,
Angellus.